
1
Este es el libro del Otro, el que regresa del pasado y se hace presente memorial. Pero también es el libro de quienes se han quedado allá lejos en ese pasado infantil y que son rememorados a través de algunos nombres, lugares o sentimientos. Este es libro de dos protagonistas en una sola persona: el niño que retorna mediante los recuerdos y el hombre que se instala en el hoy gracias a la poesía.
Escribir versos es una forma de juego. Es un juego de palabras que se ahondan con el tiempo, con el crecer de ese niño que ya no está físicamente, que se ha marchado a otro lugar guardado en algún rincón, en alguna caja de sorpresas, en un baúl donde están los juguetes con el polvo de los años. Desde la infancia las palabras se acomodan de tal manera que el juego del pequeño es una manera de crear, de fantasear, de imaginar, de inventar mundos. Es el juego infantil una fórmula para llegar a esa seriedad que en este tiempo es ahora otro tipo de seriedad, es el Otro que se vino con este que escribe y marca en las páginas sus juegos, el encanto de esa magia producto de la inocencia, de esa perversa inocencia infantil convertida después en la perversa poesía, esa inocente criatura que recorre las venas del poeta Florencio Quintero en su poemario La seriedad del niño que juega, publicado por El Taller Blanco Ediciones, en Bogotá, en el año 2022.
La otredad, la alteridad. El otro, ese alter ego que cargamos mientras vivamos, es el yo que se activa para provocar la chispa de la memoria y hacer del juego del pasado voces activas, vivas, en el escritor, en el que ahora con la mirada puesta sobre el hombro del niño sabe que ha jugado, que ha respetado o fallado las reglas del juego, que sabe que ahora, en este presente de su experiencia, se siente niño cuando traza los versos y los convierte en poesía.

2
“Los niños nacieron para ser felices”, escribió un día José Martí. El adulto podría ser la prolongación de esa niñez si se encontrara con ese niño, con el que dejó atrás y en esta poesía se reencuentra. Desde lo más lejano de la historia, desde la más cargada vejez del tiempo, las palabras son también un inicio en ese infante que traslada esas voces al luego, a la aventura lúdica, a la fuerza motora de la imaginación más temprana. La felicidad expresada por el poeta antillano devela la condición sufriente del adulto, es decir, del Otro que se busca incansablemente en los juegos que recuerda, aunque los olvidados se han convertido en versos, en sonidos y ecos que convergen con ambos tiempos: el casi borroso y el que intenta apartar la niebla del pretérito y transformarlo en presente por otras vías. De esta manera, juega el poeta con el lector, su cómplice, el que también alguna vez jugó con la seriedad propia del niño serio que fue feliz, porque seriedad indica concentración, precisión, amago, acción, revelación.
Florencio Quintero juega con nosotros. Posibilita un juego, nos lo entrega, quizás entre mentirillas o verdades a medias, entre aforismos contenidos en los treomas, donde el juego va muy en serio: sus temas: la ciencia, la muerte, la matemática, la desnudez, el suspiro, el vacío, la sepultura, el instante y el tiempo presente. Tres versos que reflexionan muy en serio acerca de esos títulos que seguramente se vienen gestando con todos los juegos desde la niñez hasta el hoy que lo ha convertido en poeta.
La experiencia del juego adulto se observa en algunos de los poemas en medio de una bruma verbal que se verifica en el niño que aún vive en Quintero. O, en todo caso, el juego hecho madurez expresada en una poesía donde la reflexión aforística —en los treomas— y en otros de más largo aliento en los que el niño emerge y se oculta, como si jugara al escondido con él mismo o con los que se aproximan a sus poemas. El lector, ese sujeto atado al asombro o al desdén, se topa con su propia infancia tantas veces calcada hasta en la vejez.
3
Dejo al lector con el poema que le da nombra al libro:
Hubo un momento en que olvidamos
la gravedad que entraña asumirse en juego
lanzar la pelota
corretear por el pasto
sembrar de colores las paredes
Descubrir la mariposa la araña el saltamontes
ser cazador y verlos poblar
un tarro de vidrio
que es un circo ambulante
o a veces una congregación de hechicerosTenemos que recordar
El juego vocación
trayecto y destino
Recuperar la seriedad del niño que juega
Acercarnos a nosotros mismos
Todo lo demás sobra.
Ese “todo lo demás sobra” podría ser parte de otro juego, el que no queremos recordar, el que no queremos practicar, el que ya no jugamos.
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