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El IV centenario de la segunda parte del Quijote, la de Alonso Quijano, el bueno

jueves 8 de octubre de 2015

Segunda parte del Quijote, por Miguel de Cervantes SaavedraNo me cabe duda alguna de que prestigiosos académicos, investigadores, eruditos y cervantistas nos ofrecerán, con este motivo, excelentes aportaciones a propósito de la efeméride. Un servidor, que es de los de a pie, va a recordar, ya no al Hidalgo, sino al Caballero, a Don Alonso Quijano, el Bueno. Que en esta segunda parte deja atrás la llanura manchega y se acercará a las playas barcelonesas. Y en esta segunda salida hará estancia en el “castillo” de Don Diego de Miranda, en la de Basilio, el Pobre, en la de los duques, en Aragón, o en la de don Antonio Moreno, ya en Barcelona. Y en este ir y venir, se dan quizá los episodios más sustanciosos en los que se ve envuelto el Manchego: el encuentro con los comediantes del Auto de la Muerte, la batalla con el Caballero de los Espejos, la de los Leones, la del Titiritero. Así como el descenso a la Cueva de Montesinos, o las aventuras de Clavileño, la del Barco Encantado, la de los bandoleros de Roque Guinart, la de Ricote, la de la Cabeza Encantada, la Historia del Rebuzno. O sucumbirá ante el Caballero de la Blanca Luna. Sin embargo, nos llama la atención el regreso a su pueblo con juicio y pleno de cordura, ya no de Don Quijote de la Mancha; sino de don Alonso Quijano, el Bueno. Esto me lleva a un punto, al que quería referirme casi desde que puse la primera palabra: a Don Miguel de Cervantes Saavedra. A quien me imagino, en los últimos días de su vida, ya “poetón viejo”, como nos documentó el académico, don Francisco Rico, atendiendo a la tumba de su editor; a diferencia del ya Caballero de la Mancha, esperando, hecho ya el camino de su aventura, a buen morir en su tierra, con los suyos y en su cama. Me da exactamente igual toda esta parafernalia organizada con sus posibles restos. Como me es indiferente quienes no tuvieron la decencia de asistir a su sepelio. Si ya estaba todo finiquitado.

Ahora saldrán nuevos datos de las vicisitudes de su vida, de la de su familia. Aparecerán nuevas poblaciones que reclamen aquel lugar de la Mancha, del que no quiso acordarse. O si era manchego, gallego o catalán. Quizá lo que realmente importe sea el que se le lea. Que ese es el problema. Se habla de oídas, de imágenes, de pasajes conocidos. Pero de lo que escribe allí Miguel de Cervantes se dice menos. Puede que con esta conmemoración de la salida de la Segunda Parte se le recupere. Ha habido una aportación de Trapiello, de acercarlo al lector —que no comparto— adaptando el léxico del siglo al actual. Sin embargo, tiene uno la sensación, quizá porque como decía en el inicio, vaya uno a pie, de que lo esencial del Quijote esté por descubrir. Pero eso sólo puede hacerse de una manera: leyéndolo. E igual sucede que con los años se descubra el propósito de don Alonso Quijano al echarse a los caminos manchegos. Es otra buena oportunidad este 2015 para entender la lección implícita de lo español, en esta Segunda Parte. Ya veremos en qué queda esta nueva aventura del más afamado hidalgo que se ha conocido en los anales de la Mancha.

José Ruiz Guirado
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