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D. Sindulfo de la Barca

domingo 1 de diciembre de 2019
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Magosto
Los ingredientes del Magosto son un buen grupo, una hoguera, castañas, chorizos, vino y queimada. Fotografía: Xoan Carlos Gil • La Voz de Galicia

Sería por la otoñada gallega de 1995. Por aquellas calendas colaboraba un servidor en el Diario de Pontevedra y en El Faro de Vigo, en la delegación de Marín, con artículos de carácter costumbrista. Creo que, en aquella ocasión, uno o los dos delegados de los distintos periódicos se tomaron unos días de vacaciones. Le llevé un artículo, relacionado con el “Magosto”, una fiesta tradicional arraigada en la cultura popular gallega. Se celebra especialmente en la primera quincena de noviembre, entre el Día de Todos los Santos (el 1 de noviembre) y el día de san Martiño (el 11 de noviembre). Aunque la tradición varía dependiendo de la zona de Galicia que lo celebre, es especialmente importante en la provincia de Orense y en el sur de Lugo, las áreas que conservan un mayor número de soutos o castañares. Los ingredientes son bastante comunes: un buen grupo, una hoguera, castañas, chorizos, vino y queimada. Se celebran como antaño, es decir en medio de los soutos, en lareiras (cocinas) o en plazas de pueblos y ciudades. A primeros de noviembre subí a la redacción de la delegación del diario pontevedrés, porque estaba abierto, y el delegado que sustituía al titular me ayudó a transcribir el artículo por su extensión. Se publicaría al día siguiente (12 de noviembre). Él mismo me comentó: “¿Sabes que estos días se cierra el plazo para la presentación de artículos a los Premios Nacionales Julio Camba de Periodismo? Te lo digo porque tu artículo a mí me ha parecido muy interesante”. La verdad es que se presentan artículos de todo el panorama nacional, regional, internacional. “No tienes nada que perder”. Le hice caso y lo presenté. ¿Cuál sería mi sorpresa, cuando el presidente del Jurado, el escritor Gonzalo Torrente Ballester, en la entrega de premios, dijo que me habían premiado, con el tercer puesto, por el tema (el Magosto) y el recuerdo que le trajo mi escrito de su amigo, el escritor Álvaro Cunqueiro? Lo compartí con Miguel Ángel Cuadrado, quien publicó el artículo “Esa calle de la Victoria” (El País, 15 de junio de 1995); Juan Manuel de Prada, “Armando Buscarini: la meta es el olvido” (ABC, 25 de septiembre de 1995), y el accésit en reportaje, “De Salamanca a la India en busca de serenidad”, de Javier Moro (Dunia, noviembre de 1995).

El escritor e historiador gallego Manuel Murguía consideraba el Magosto como un “banquete funerario” en el que la castaña al fuego simbolizaría la muerte y el vino, la nueva vida.

Esta misma mañana, en la fría otoñada escurialense, me he encontrado, rebuscando en mis papeles, con un artículo que publicó Julio Camba, el 26 de abril de 1953 en el ABC, titulado “El muerto de anoche”, de quien el columnista de El Mundo Arcadi Espada comentaba: “Julio Camba es modélico”. Recreaba Julio Camba la figura de don Sindulfo de la Barca: “¡Gran tipo don Sindulfo de la Barca! Alto, huesudo, con el párpado izquierdo caído casi enteramente sobre la pupila y más tieso que un huso”. Seguía Camba, en su glosa: “Yo traté mucho a don Sindulfo, y siempre que lo veía, me acordaba del muerto de anoche”… ¿Que quién era el muerto de anoche? Estaba don Julio Camba en la redacción del periódico, donde se había quedado para arreglar un asunto a primera hora de la mañana. “A la indecisa luz de la mañana —prosigue Camba—, veo que se abre la puerta y aparece un hombre extraño con toda la cabeza envuelta en tupidos vendajes. Era aproximadamente tan alto como don Sindulfo de la Barca y parecía mucho más muerto que él…”. La visita del muerto vivo se produjo para que rectificasen la noticia aparecida la noche anterior en el periódico, en la que tras una reyerta se le dio como muerto. Seguimos con el relato de Camba. “Nada más justo —le contesté yo, después de haberle escuchado—. Su familia puede haber leído en el periódico la noticia de su muerte y me parece muy natural que usted desee tranquilizarla. ‘No es eso precisamente’, repuso el hombre. ‘Lo que pasa es que yo estoy empleado en la compañía del gas, y si ustedes me dan por muerto, no faltaría por ahí quien se eche a buscar influencias para cubrir mi baja…’”.

Tras leerlo, me vino a las mientes el recuerdo de aquella tarde que subí a la delegación del periódico y me atendió el suplente. ¿Se plantearía la dirección del periódico, habiendo ganado un puesto en el Premio Nacional de Periodismo, quedarse con el delegado suplente? La respuesta fue negativa, claro. Como tampoco volvió a ver Julio Camba a don Sindulfo de la Barca. Se murió como un pajarito y, “cuando uno de sus compañeros de tute, ignorante de la noticia, preguntó por él: “¿Don Sindulfo? Esta tarde ha hecho el pobre las diez de últimas”. El escritor e historiador gallego Manuel Murguía consideraba el Magosto como un “banquete funerario” en el que la castaña al fuego simbolizaría la muerte y el vino, la nueva vida.

José Ruiz Guirado
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