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Don Benito Pérez Galdós, en el centenario de su fallecimiento

domingo 19 de enero de 2020
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Benito Pérez Galdós
Galdós compaginaba su labor de literato con su activismo, que ejercía como diputado de la Unión Republicana y presidente de la Conjunción Republicano-Socialista.

¿Tendría dudas, don Benito, de en qué siglo se encontraba?

¿Quién iba a pensar que cien años después de su fallecimiento (cuatro de enero de 1920) se resucitaría a don Benito Pérez Galdós en el Congreso de los Diputados en la investidura de Pedro Sánchez? Sería el año de 1912 cuando más de medio millar de intelectuales españoles —entre los que se contaban Ramón Pérez de Ayala, Jacinto Benavente, Santiago Ramón y Cajal, Octavio Picón o José Echegaray— apoyaron su candidatura para el premio Nobel de Literatura, un galardón que parecía seguro, pero que acabó en manos de Gerhart Hauptmann por razones más bien lamentables: cainismo político. Galdós compaginaba su labor de literato con su activismo, que ejercía como diputado de la Unión Republicana y presidente de la Conjunción Republicano-Socialista. Nada extraño para quien nunca había ocultado su compromiso ideológico, pero malquisto para conservadores y tradicionales, por lo que en cuanto supieron que su nombre sonaba para el Nobel, se armaría un complot que se llevó por delante todas sus posibilidades: se enviarían miles de cartas y telegramas a la Academia Sueca pidiendo que no se lo concedieran. A la vez, se impulsaría la candidatura alternativa de Marcelino Menéndez Pelayo, gran amigo de Galdós, para crear “una imagen de disenso”. El clima era hostil, un enfrentamiento ideológico, y los académicos suecos decidieron obviarlo. En 1915, tres años después, se barajó de nuevo la posibilidad de distinguir a Galdós con el Nobel, y con ello a su obra y a España. Aquellas cartas y telegramas enviadas a la Academia Sueca tres años atrás, recordando su tendencia liberal y anticlerical, alejaron a la institución sueca de las turbulencias políticas españolas. Su rechazo le introdujo en la ilustre lista de no elegidos: Tolstoi, Rilke, Proust, Unamuno o Borges: el triunfo del conservadurismo frente a los principios liberales.

Don Benito Pérez Galdós llegó a ser miembro de la Real Academia Española. Recogemos un fragmento del texto leído el domingo siete de febrero del año de 1897, ante los señores académicos; contestando el Excmo. Sr. Don Marcelino Menéndez y Pelayo.

La sociedad presente como materia novelable es el punto sobre el cual me propongo aventurar ante vosotros algunas opiniones. En vez de mirar a los libros y a sus autores inmediatos, miro al autor supremo que los inspira, por no decir que los engendra, y que después de la transmutación que la materia creada sufre en nuestras manos, vuelve á recogerla en las suyas para juzgarla; al autor inicial de la obra artística, el público, la grey humana, á quien no vacilo en llamar vulgo, dando á esta palabra la acepción dé muchedumbre alineada en un nivel medio de ideas y sentimientos; ál vulgo, sí, materia primera y última de toda labor artística, porque él, como humanidad, nos recuerda las pasiones, los caracteres, el lenguaje, y después, como público, nos pide cuentas de aquellos elementos que nos ofreció para componer con materiales artísticos su propia imagen: de modo que empezando por ser nuestro modelo, acaba por ser nuestro juez.

Uno, que es avisado por naturaleza, o por necesidad, y por convicción; se pregunta en voz alta: ¿tendría dudas, don Benito, de en qué siglo se encontraba? ¿O si sería un error traer su figura a la Cámara Baja en tan trascendente ocasión, por el simple hecho de celebrarse el centenario de su desaparición?

José Ruiz Guirado
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