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Álvaro Mata Guillé:
“Mi país es una ilusión. No somos pasado”

viernes 2 de julio de 2021
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Álvaro Mata Guillé
Álvaro Mata Guillé: “Hemos sido un país censurado por su familiaridad, su formación histórica y su catolicismo corporal”. Fotografía: Marcela Sánchez • Crear en Salamanca

En el año 2004, el escritor costarricense Álvaro Mata Guillé estuvo en Venezuela. Se estrenaba en Caracas su obra Escenas de la tarde, a cargo del grupo Altosf, y como parte de sus actividades visitó Maracay, en el estado Aragua, donde visitó el taller Moradores, del escritor venezolano Manuel Cabesa. En ese marco, el escritor Alberto Hernández tuvo con el centroamericano esta conversación. La entrevista fue publicada el 4 de diciembre de ese año en el suplemento cultural Contenido del diario El Periodiquito.

 

Somos caníbales entre nosotros. La envidia, esa constante latinoamericana.

Costa Rica es un pequeño país dotado de tranquilidad tropical y selvática. Porción de tierra de un poco más de 50 mil kilómetros cuadrados, limita por todos lados con los problemas ajenos. Mientras el mar Caribe resuelve sus asuntos a tiros y hambre, Costa Rica es testigo inmóvil de lo que acontece más allá de sus orillas y fronteras terrestres.

Álvaro Mata Guillé, poeta de esa centroamericana región, nos visita en Maracay y nos cuenta de aquellas y otras cosas que nos tocan de cerca y de lejos, por lo que sentimos por Costa Rica y por los que no sabemos de ella.

—Es complejo hablar de mi país, mucho más complejo hablar de su literatura. Se trata de un país donde la imprenta llegó muy tarde, en 1834.

—Siempre hemos tenido una imagen idílica, mítica y hasta utópica de Costa Rica.

—Mira, Alberto, será por la tranquilidad. Somos poetas tranquilos. Costa Rica es una ilusión, fue el último eslabón del rey. Hemos sido un país censurado por su familiaridad, su formación histórica y su catolicismo corporal.

—Pero, ¿desde esa visión no ha sido posible que alguien intente salir del corral nacional?

Claro, ha sido una nación enclaustrada, que se mira a sí misma. Hemos querido salir, lo hemos deseado, pero no ha sido fácil.

—¿Ombligo de qué?

—Es nuestro ombligo.

—La historia de nuestros países es una constante…

—Sólo que la mayoría de esos países ha tenido una independencia histórica, sangrienta, si se quiere. La noticia de nuestra independencia nos llega por correo un mes después, a lomo de burro. Por eso, en este momento, todos añoramos ser parte de la historia.

—¿Cómo es un costarricense en Costa Rica?

—Somos caníbales entre nosotros. La envidia, esa constante latinoamericana.

—¿Se trata de un país que aún no ha encontrado una voz que lo represente, que lo nombre?

—No existe aún esa voz. Es un país censurado en su espíritu, cuya animalidad interior en la poesía y el teatro lo hace ver como un país pasivo, tranquilo, conformista.

—¿Hasta qué punto eso ha sido malo?

—No existimos en América Latina, más allá de que se diga que somos eso, un país feliz, tranquilo, silencioso.

 

Vivimos al día y trabajamos para el futuro, para los que creemos en ese futuro.

Las voces del pasado

La reseña del diccionario enciclopédico nos acerca: “La constitución de 1949 establece un Estado unitario, con un sistema parlamentario unicameral. Tanto el presidente como los diputados son elegidos cada cuatro años por sufragio universal directo. La mayor peculiaridad es la inexistencia del ejército, abolido en 1948; las fuerzas armadas se reducen a la policía”.

—¿Cómo ha reaccionado el costarricense frente a las detenciones de dos presidentes por hechos de corrupción?

—Aún estamos golpeados. Nunca creímos que eso pasaría en nuestro país, o al menos imaginábamos que no iba a suceder.

—¿Hasta qué punto el pasado funciona en el presente de Costa Rica?

—No somos pasado. No bebemos casi en esas aguas. Vivimos al día y trabajamos para el futuro, para los que creemos en ese futuro. Por esa razón nos asombra lo que nos pasa, mientras el mundo, lejos de nosotros, gira con sus particulares problemas.

—Si el pasado no los toca, ¿cómo se vive en Costa Rica? Y disculpe que insista.

—Es muy cómodo vivir en Costa Rica, por no tener riesgos. Vivimos en una cultura anquilosada, en un presente que es pasado en el resto de la tierra.

—¿Y las voces disidentes? ¿Existe alguien que quiera romper con esa inamovilidad?

—Hay pocas voces disidentes. Nuestras voces son promovidas fuera del país, en algunos países. Todavía nos sentimos pegados a esa burguesía cuyos focos culturales estaban ligados al latifundio. Por eso no tenemos esa voz que muchos nombran en sus países.

 

Los dueños de los medios proceden de una burguesía alejada de la cultura.

Las voces desconocidas

De las tantas voces que no se aprecian en el mundo están las de los poetas J. A. Facio, J. M. Alfaro Cooper, A. J. Echeverría, R. Brenes Mesén, R. Cardona, R. Estrada, M. Jiménez, A. Echeverría, I. F. Azofelfa, Ulloa Zamora, F. Luján, Eunice Odio, S. Jiménez Canossa, M. Picado, J. Dobles y L. Albán, y otros. Entre los narradores destacan Víquez, Argüello Mora, González Zeledón (Magón), González Rucavado, García Monge, Marín Cañas, Fallas, Dobles, L. Pacheco, Oreamuno. Y entre la gente de teatro: A. Sánchez, V. Urbano, V. Grüter y D. Gallegos.

—De esos muy pocos son conocidos en Venezuela. En alguna antología extraviada hemos visto sus nombres…

—Sí, se han quedado en algunas antologías, pero no han sido promovidos por las generaciones anteriores.

—Y hoy, qué pasa con las nuevas voces?

—Más o menos lo mismo. Lo que ocurre es que la mayoría de nuestros escritores vive para ellos. Sobre todo son conocidos en México y otros países cercanos como Guatemala. Por ejemplo, Francisco Zúñiga vive en México. De la década de los cincuenta tuvimos a la poeta Eunice Odio, a la novelista Yolanda Oreamuno y al pintor Max Jiménez, quienes murieron en el extranjero. De Chavela Vargas, mira, está en España, canta música mexicana.

—¿La prensa nacional no tiene espacios para la literatura?

—Nada. Hay un espacio de muy mala calidad. Los dueños de los medios proceden de una burguesía alejada de la cultura.

—Aquí en Venezuela los dos más grandes diarios fueron fundados por poetas…

—Eso ha sido muy bueno, pero en Costa Rica no ha pasado eso. No existimos en los periódicos.

—¿Se reúnen los escritores en talleres literarios?

—Sí, pero cada uno lo considera su feudo, su parcelita.

—¿Y el Estado tiene políticas culturales?

—Impera una gran burocracia cultural.

—¿Qué escritores de hoy resaltan entre tanta precariedad?

—Norberto Salinas, Mata Rollo, Jorge Arturo y Gerardo Cerda Vega.

 

Un libro, un monólogo de Álvaro Mata Guillé

Álvaro Mata nació en San José, capital de Costa Rica. Es director del grupo teatro-danza Baco. Ha publicado, entre otros libros de poesía, En la otra orilla y Escenas de una tarde. Este último fue versionado para un monólogo que fue auspiciado en Venezuela por el Teatro Altosf. Mata es productor, director de teatro y editor.

En su visita a nuestro país leyó sus poemas en El Buscón y en la librería Macondo, entre otros espacios culturales de Caracas. En Maracay, sostuvo una conversación con los integrantes del taller de poesía que conduce el poeta Manuel Cabesa.

De Escenas de una tarde:

Soy
y no soy
soy
una mutilación
un discurso hecho de metafísicas fraudulentas,
una masturbación de deseos engañosos cubiertos de
indiferencia
de egoísmo
de ensueños

la negación de ególatras mentirosos

de inmutables castraciones

sumergidas en manantiales secos
que enmudecen el resuello monótono
de un fantasma

de una sombra disimulada en el estertor de un eco muerto
entre el musgo astillado en el sigilo
en el olvido.

Alberto Hernández
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