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Alcandora, sus gentes e historias, de Ricardo Alba Santamaría

jueves 4 de julio de 2024
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Ricardo Alba Santamaría
Ricardo Alba Santamaría enhebra las vidas de varios personajes en Alcandora, sus gentes e historias.

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El mar, ese personaje integrador. El mar, protagonista de tantas aventuras, tiene en esta novela de Ricardo Alba Santamaría el lugar que se merece: su dinámica, su permanente oleaje, sus movimientos de ida y vuelta, han convertido a Alcandora en una hermosa metáfora de integración: no sólo como espacio geográfico imaginario que ha recibido a mucha gente de muchas partes del mundo sino también por el tejido de relaciones de sus personajes donde se descubre el ánima del ser humano en sus más claras virtudes.

El mar, entonces, los reúne, los frecuenta con sus mareas, con sus trabajos de marinería, con su regreso a casa para relatar lo vivido en medio de tormentas mientras se hace la pesca. Alcandora es una tierra de promisión, es un pueblo donde la felicidad tiene asiento, donde la sencillez está escrita con una belleza que enaltece cada acción, toda vez que su autor ha incorporado una poética que teje al carácter de cada actante.

Vale decir que el título de Alcandora, sus gentes e historias, se aproxima a un libro que lleva otras intenciones, como revelarse histórico, geográfico, pero es una muy bien lograda novela donde la historia real se vierte ficción gracias a la imaginación de este autor que hoy nos alegra con esta publicación.

 

“Alcandora, sus gentes e historias”, de Ricardo Alba Santamaría
Alcandora, sus gentes e historias, de Ricardo Alba Santamaría (Hebras de Tinta, 2024). Disponible en Amazon

Alcandora, sus gentes e historias
Ricardo Alba Santamaría
Novela
Editorial Hebras de Tinta
Madrid (España), 2024
ISBN: 978-84-127713-8-1
86 páginas

2

En esta obra están todos los personajes que caben en una fiesta. Cada uno protagoniza una historia contada con fino castellano. Cada personaje representa una ciudadanía formada en ese pueblo costero que se relata gracias al mar.

Cada relato es una postal del poblado donde el mar siempre será el personaje principal, el más nombrado en sus dos maneras de decirlo en castellano: el mar o la mar, como si ese inmenso monumento conservase los dos sexos que la mitología ha depositado en la imaginación de nuestros soñadores del pasado.

Se trata, entonces, de una novela poema. Escrita con elegancia y belleza, le impide al lector despegarse de sus páginas hasta arribar al último segmento donde el mar sigue batiéndose contra la mirada de quien abre y cierra el libro para recrearse en sus imágenes, en sus movimientos, en su resaca, en la permanente lucidez de las mareas.

Abre el libro con una liturgia de iniciación en el mar. De allí en adelante, los personajes, todos, los vivos, los imaginados, los moribundos, los que se han marchado, los que se recuerdan, siguen siendo parte de ese mar que golpea las costas del pequeño poblado de Alcandora.

 

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La novela ha sido construida con cuentos que no necesariamente se conectan. Es un mosaico de historias donde los personajes entran y salen. Alcandora es una ciudad almanaque, porque cada temporada revisa con fechas la mirada, la forma de ser en el tiempo de sus actantes. El mar, la mar, lo marca todo. El mar es el tiempo infinito, el reloj que mueve las acciones de esta comunidad.

Cada historia representa un pequeño universo que —repito— no necesariamente está conectado con otros. El autor maneja con destreza las anécdotas y vierte con concisión cada movimiento de los personajes, quienes se muestran con sus habilidades, unos para trabajar en el mar, en sus bodegas bares, en sus bebederos, pero también como relatores de historias, como Chigüi, personaje que enamora a los habitantes con sus aventuras, unas reales y otras inventadas, capaces de hacer reaccionar de muchas maneras a sus espectadores.

Nenuca es el personaje que abre la historia; recién llegada al mundo fue sumergida en el mar, costumbre que se hizo una suerte de religión en la comunidad. Es el bautizo de todo habitante de la región. Ella, Nenuca, en muchos casos lleva las riendas protagónicas de algunos de los relatos que aquí se insertan. Pero no se puede afirmar tajantemente que haya un personaje nuclear. La habilidad de nuestro autor está en haberle dado esa condición a todos los sujetos actantes: todos son capaces de ocupar un espacio relevante en el que interpretan cabalmente sus ejecuciones.

Decir de Puri, la madre de Nenuca; de Santos, el padre. Hablar del bar de Dictinio, del Tanatorio o de la Peluquería de Charito, que son los sitios más importantes, es revelar que todos los sujetos habitantes de esta novela son habitués de estos tres ambientes, como Sebastián —quien “se había dormido para siempre antes del gol de Iniesta”—, Evangelio, Lucas, la sirena Parténope, la eterna buscadora de Ulises; Mareli, Laura, Shoham, Jesusa, Luisa, Joao, Lola, Prudencio, Domingo y Elisa, Miroslav, Alfonsito (Sina o Silvia), Emma, Fidentina, Merche, Cuatro, Vicente (el muerto), Jonathan, Geny, Angie, Chirino, Bogdan Dumitru, Hofman y, así, todos los imaginados, todos los que han llegado o se han marchado, los que el mar de Alcandora se ha tragado.

 

4

Esta hermosa novela corta comienza así: “Recién nacida tiraron la niña a la mar...”. Y termina así: “Me quedé en la orilla porque el mar es el mismo y la resaca no impide que otras olas sigan llegando”.

Es decir, el mar —como la mar o el mar lo indica— inicia y termina su recorrido por esta novela de Ricardo Alba Santamaría.

Alberto Hernández
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