Saltar al contenido

Cosas y personas, de Juan David García Bacca
(lectura arbitraria)

lunes 26 de agosto de 2024
¡Comparte esto en tus redes sociales!
Juan David García Bacca
Cosas y personas, de Juan David García Bacca (1901-1992), es para ti, para mí, un agujero platónico, una suerte de caverna donde todo es posible.
“Cosas y personas”, de Juan David García Bacca
Cosas y personas, de Juan David García Bacca (Fondo de Cultura Económica, 1977).

Dice el filósofo, dice el hombre, dice el escritor expresarse técnica y metafóricamente, y como ese decir me provoca, entonces —al arbitrio de mi irresponsabilidad— no me hago a un lado: hablo desde la cosa que yo podría ser o de la persona que lentamente dejo de ser.

Al final, un recuerdo, un montón de cenizas o una lápida que, por lo costosas, dejan ver que será necesario el polvo, del cual vengo y hacia el cual iré, contento y desmesurado por el viento que soplará ese día, espero que lejano, para verme achacoso y porfiado contra las personas que aún son, que cosa ya sería yo.

Técnico, es decir, complejo desde la terminología del pensar profundo, de ese que se pierde, se extravía y luego aparece en el ceño fruncido del intérprete. Metafórico, diluido, elíptico, curvo, añadido en poesía: que a final de cuentas somos cosas, porque un hueso es simplemente eso, una cosa que alarma desde el golpe con la quijada de burro en el cráneo de Abel. Y desde ese instante, carne soy que se hará polvo desde la cosa que nos espera en el más allá metafórico.

Luego de tan clara experticia, vuelvo la cara hacia el perfil de Juan David García Bacca y su título: Cosas y personas, publicado por el Fondo de Cultura Económica, en México, en abril de 1977, recién salido yo del horno pedagógico y extremista de ciertas escenas teatrales poco recordadas, limitadas a ser parte del escarnio profuso de los actores profesionales y entregados a ser modelos de persuasión ante un público dormido.

Por modestia y calma chicha, poco filósofo quien esto escribe, lo haré de ahora en adelante en segunda persona, para quitarme de encima la mugre, el pegote de quienes sí son filósofos pero no filántropos, a veces filosos con cuchillo prestado.

Estás frente a un libro y lo lees a saltos, como un gimnasta, porque el perfil agudo de su autor así lo determina, así lo manda. Ser cosa o personas da lo mismo, porque las cosas piensan o nos piensan, y las personas se dejan pensar, que les pregunten a los tiranos que humillan con sus torpezas la suerte de los llamados pueblos, que ya no ciudadanos. Pero ese no es el tema que usted, segunda persona eludida, debe tratar.

Un jarrón es capaz de hacerte cambiar de opinión. Has sido atrapado por la presencia del objeto, de la cosa que te mira, de la cosa que te ha pensado. La cosa es forma o ilusión: he allí el asunto, te desconcierta.

 

(***)

 

Escribe García Bacca:

Las palabras de ser, algo, real, cosa, son la moneda menuda del entendimiento y del lenguaje. Todo se cambia en fuego, ha dicho hace ya más de dos mil años Heráclito, al afirmar sentenciosamente que el fuego era el elemento universal de que todo, según mesurados períodos, se hace, y en que todo, en igual e inversos períodos, se deshace.

¿Qué pasa con las cosas frente al fuego, se deshacen? No, porque no tienen conciencia. Las cosas se deshacen porque las personas entienden que se deshacen. De manera que las cosas frente al fuego siguen siendo las cosas que nos han humanizado.

Más adelante expresa: “De todo lo físico podemos hablar, según la relatividad, con el término y concepto de masa, o también, con el término y concepto de energía”.

Te asiste la razón (se retoma la segunda persona) al querellarte con los términos frente a la razón del filósofo: masa y energía hacen a Einstein. Y si es al cuadrado, peor.

 

(***)

 

García Bacca cita a Antonio Machado:

El ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas
es ojo porque te ve

Es decir, el ojo es un órgano/cosa, desprendido o desprenda, independiente del cuerpo. Así, un ojo es una cosa que no es si es visto. Es porque te ve a ti.

Dice el filósofo: “A la vista que me ve, que me corresponde, llamemos ; al vidente correspondido denominemos yo. Al algo que no me corresponde, que falta a la reciprocidad, demos el nombre de objeto. ‘Cosa’ es objeto; ‘yo’ es persona”.

Es decir, la cosa/objeto es tal si el yo es persona. Y allí está la reciprocidad. El ojo, el órgano que ve, es la herramienta, pero también cosa dentro de un yo que pudo haber sido, porque en este caso el ojo es independiente.

Tu arbitrariedad, la mía (ahora en primera persona), me faculta para expresarme en estos términos porque filosofar es ir más allá de ciertos entendimientos. Y cuando no entendemos nada estamos filosofando.

Este libro de Juan David García Bacca es para ti, para mí, un agujero platónico, una suerte de caverna donde todo es posible. Somos esa cosa ambulante que llaman masa, pueblo, vaina, elector o esclavo. Mientras tanto, las personas abultan los simulacros, el plural que podríamos llegar a ser si nos portamos como debe ser: es decir, bien para el poder y mal para nosotros mismos. ¡Qué cosas! ¿No?

Alberto Hernández
Últimas entradas de Alberto Hernández (ver todo)

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio