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Yo soy Uds., de Santos López

lunes 19 de enero de 2026
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“Yo soy Uds.”, de Santos López
Yo soy Uds. (Caracas, 2025), de Santos López, es una obra en forma de plegable con diseño de Sabrina Cabrera Mendoza y prólogo de José Balza. 📷 Fotografía del autor en portada: Érik Del Bufalo

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Cubierta su cabeza con un manto escrito, el poeta Santos López nos entrega Yo soy uds., publicación que no se trata de un libro, sino de unos folios, según Daniel Medvedov en el texto que le hace entrada, titulado “Lectura ‘polimecánica’ de Yo soy uds.”. Es decir, estamos ante una extrañeza creativa, ante una aventura que convierte al autor en los Otros, en los que lo multiplican y forjan su tradición chamánica. Santos López se reparte entre Todos. Y esos otros avivan la voz del poeta.

Leer estos poemas, intentar revelarlos ante nuestros ojos, es una verdadera osadía, porque el diseño nos obliga a buscar, desentrañar cada voz, cada “autor” con su respectiva firma, como un reparto de confidencias, de afectos y de fe en un misterio que conduce a la iluminación.

La poesía se hace prosa en algunos instantes del mapa verbal que nos entrega el autor.

La estructura de esta publicación, recuadrada, rectangular y circular a la vez, lleva al lector a someterse a la travesía de un laberinto. Cada texto es suscrito con nombre de varios invitados, esos “Uds.”, que López acuna desde su yo ancestral, el mismo que proviene tanto de su extensión geográfica natal como de un desierto en Nigeria. Todas las voces reunidas en una geografía donde se oyen las palabras que habrán de conformar una poética del adentro proverbial.

En los elementos del self se mencionan el Físico, el Emocional y el Consciente, primordiales para poder ejercer el “reparto” de esas voces desde el segundo y el tercero. El primero se puede imaginar: el cuerpo es sólo cuerpo, materia. El Consciente estudia, profundiza en el Emocional y configura lo que el Físico produce como palabras, voces, ecos, sonidos articulados, cantos ceremoniales y rituales. Desde este punto de vista, la poesía sirve para armar este folio (digamos libro) donde aparecen nombres emocionales y conscientes. Así lo revela Tikara-eni: Ara para el primero; Egbé para el segundo y Ori para el tercero. Conjugados, agrupados, son proverbializados y conceptuados como Ifá del Self. Pero es igualmente válido señalar que al yo convertirse en otro, se difumina, se hace Nadie: el que habla desde lo más profundo, desde la poética del misterio.

Todo este conocimiento alberga las voces que se mueven en este título de Santos López, quien maneja estos conceptos a través de las voces de quienes “escriben” desde el yo ese Uds. que aparecen en esta “lectura polimecánica”, estructura, nuevamente, que nos obliga a viajar por el envés de las caras escritas como un experimento para el lector, lo que suscita curiosidad y hasta asombro por la habilidad constructiva del concepto gráfico, diseño, diagramación y collage de Sabrina Cabrera Mendoza.

 

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Me avengo a un viaje al pasado: en la Mesa de Guanipa, ombligo del poeta, donde se oyen todas las voces de los habitantes de la ausencia física, en el corazón de Chimire, está el espíritu universal que conversa con el cosmos, con los ancestros, con los antepasados que forjan la poesía que nos conmueve y anima a seguir teniéndola en la memoria, en el fondo de ese rico abismo que es la sabiduría.

El recorrido por la meseta Kariña, donde abunda el eco de esas voces, se pronuncia desierto en la savia de África Occidental, de la cual nacen los diferentes yoes que viven en el alma del poeta. Una fe inquebrantable en el denso pasado espiritual.

 

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Uds., mostrados por el yo de Santos López, tienen nombres y apellidos, envueltos por esta máxima: “Hay más en el retorno: hay silencio e inocencia”, verso que cierra el primer poema que comienza así y se vierte ritornelo: “Para darme cuenta de que me doy cuenta tengo que darme cuenta”, lo que significa el nivel de conciencia de quien comparte su “retorno” con los otros, en silencio, amparados por la inocencia.

Y en el comentario inicial: “Cuando dos entran al bosque brumoso, se vuelven cuatro. Si entra uno, renacen dos. Cada quien trae a la vida una máscara también: dos hebras de luz al infinito, dos profundidades del rostro. Somos cuatro en este reino”.

No obstante, en este estadio verbal hay once nombres, once Uds. que el yo del poeta ha puesto en marcha hacia este llamado: “El arte real es el de la luz”. Ellos son: Thomas Spink, Erik de Rose, El Murciano, Laura Campos, El Niño Viejo, Nadiel M., Minos M., Oskar Tedev, Chamán Don Luis L., Francisco L. M. y Luis V. Todos ellos son el Uds. del yo de Santos López.

 

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Lengua espiritual, lengua emocional, lengua carnal, lengua terrenal, lengua verbal.

Esas lenguas dicen: “(Res poética Res publica) / La mejor poesía / suele ser lo ausente”; “Traducción del camino: Partimos del este hoy /  Y llegamos al oeste ayer”; “(Pregunta Lao Tsé / A todos los poetas / ¿Acaso alguno de ustedes conoce / La palabra que ya no es la palabra?)”; “¡Tradición del sol: / Alto grito amarillo!... referentes del pensamiento de una tradición”.

 

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Omar Khayyam aparece en un rectángulo vertical, en un hacia arriba atravesado por un largo rectángulo horizontal pronunciado por Béla Hamvas. Dice el primero: “Encendieron las velas, / Contaron sus fábulas / Y siguieron durmiendo”. Por su parte, el segundo traza: “He sabido de alguien según el cual / la ocupación preferida de los hombres, / una vez en el más allá, / consiste en contarse historias de sus vidas unos a otros...”.

El dibujo de un árbol cargado de diferentes frutos, hecho por López con las letras de su espiritualidad. El abedul, el fresno, la ceiba, la palmera, el roble, la acacia, el laurel: diferentes savias, clorofila que crece hacia el infinito y hacia los diferentes lados del cielo.

 

6

José Balza, quien escribe un denso prólogo, expresa sobre este extraño objeto de conocimiento: “Estamos en el lugar más particular del poeta, a donde sus amistades para celebrar y celebrarse. Saturno ha sido incluido. El baile (los movimientos de tantos invitados, el sentido de la escritura) los atrae. ‘¿Es de noche? Igual es de día’. La duración se suspende: para sentir la eternidad basta con la alegría. Por siempre”.

Alberto Hernández
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