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Alimaña, de Paola Gallo

lunes 10 de agosto de 2026
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Paola Gallo
En Alimaña, de Paola Gallo, abundan los raptos que nos pueden conducir a interpretar que estamos errados, que no damos en el blanco, que tenemos mala puntería.

La poesía suele ser un rasguño, una herida abierta o mal curada. La poesía es una cicatriz, una marca indeleble, esa que se establece en el espíritu y se conjuga con la realidad, esa tentativa que suele convertirse en dolores, aprestos de quien se sabe atrapado por una telaraña o un embrujo.

Alimaña es una poesía que se desgrana en la página. Una poesía que no descansa como no descansa el ritmo existencial. De esa afirmación se desprende este intento, como todo acto creativo, el hecho de que nuestra autora, Paola Gallo, destine sus palabras a titular ese poemario con esa palabra que tiende a convertirse en cómplice de alguna acción poco celebrada. Su poesía nos conduce por imágenes que nos atañen, como nos atañen los silencios que solemos guardar acerca de otros asuntos relacionados con el miedo, las sombras, la locura o las traviesas certidumbres que nos ofrece el cada día, esa invención que confirma el hecho de estar vivos, acechados por alguna acción que desate la violencia o la quietud.

Esta es una poesía para leerla con la calma que nos exige cada verso, cada herida, cada marca interior, esa que no se cura pero que nos permite continuar respirando.

Escribe la poeta: “alimaña, / un manojo de padecimientos líricos sin timón / creciendo / donde el parloteo escurre el instinto de supervivencia en el enredo del aliento frágil vapor cizaña”.

Maña, alimaña, trampa del destino, agudeza en el riesgo de ser víctima o victimario. Alimaña maña, tentáculos de representaciones, tan humanas como tentativas que se asumen desde las vertientes del temor, de las argucias trucadas en benevolencia.

Alimaña es un libro donde abundan los raptos que nos pueden conducir a interpretar que estamos errados, que no damos en el blanco, que tenemos mala puntería, y eso es lo que impulsa a afirmar que la poesía es un todo indiscreto, alejado de una definición, de cierta malversación anímica.

 

(***)

 

“Alimaña”, de Paola Gallo
Alimaña, de Paola Gallo (Estuario, 2012). Disponible en la web de la editorial

Dice la autora: “Ya llega el forajido / el relamido goce de la alimaña”, el de “la mirada torcida”.

En “Punto de fuga” escribe: “donde una escritura del tamaño de lo que falta (...). no tengo para vos pared más blanca ni maciza / donde escribirte / donde llenar tu no dicho / mi no inocultado / fuera de quicio”.

No oculta lo pensado, lo que se convierte en escritura, en esa cicatriz que perdura en la piel interior: “En la sombra / el verbo soez abriendo / saborea la cadencia del paso”.

En “Palabras como cuchillos”: “Promiscua rumiante / déjate ya, ahora sabes cómo curtir males irreparables: escribe”.

En “El beso”: “...Como en el cuadro de Klimt... / Extraña cercanía, dos”.

En “Alta voz”: “(Hoy día / escribo poemas / como me llamaban aquellos alaridos del balcón (...) Hoy día / escribo poemas / como pelando erizos disfrazados con púas”.

Y para cerrar el grito del vecino en la voz de quien los traza en la página, el espacio nacional: “...la espina y la intemperie a cuestas, / Montevideo y su amargo mar”.

Y para todo eso: “No había tiempo para pedir infancia...”.

Alberto Hernández
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