
Anne Carson,
¿quieres que te diga lo que pienso
en verdad?, se interroga el poema.
Entonces, déjame fluir
con mis propias palabras.
(Rolando Gabrielli)
Anne Carson estaba inadvertida escuchando el viento en Reikiavik, Islandia, cuando sonó el teléfono en más de una ocasión y por fin, a instancias de su marido, lo contestó. Una llamada de larga distancia de la secretaria permanente de la Academia Sueca, Ingrid Carlberg, irrumpió en la tarde el secreto espacio cotidiano de la poeta para anunciarle, en el solemne lenguaje de esa institución, que le habían otorgado hacía unos minutos el Premio Nobel de Literatura 2026.
Estaba muy sorprendida, pero contenta, dijo a la prensa Carlberg. Gran parte de su obra la ha dedicado a destacar “la intersección entre la obsesión del filólogo por las palabras y el deseo del poeta de encontrar nuevos significados”, de acuerdo con la Academia. La etimología de las palabras es el punto de partida de toda su obra, según la poeta, que dicho sea de paso es la segunda mujer canadiense que obtiene el lauro después de Alice Munro.
La Academia ha justificado su premiación porque se trata de una “obra audaz e inventiva que, en diálogo lúdico con la tradición clásica, ha creado nuevas formas para la literatura contemporánea”. Poesía, ensayo y ficción es la materia prima de esta autora, que ha ejercido la docencia en Estados Unidos.
Según Susan Sontag, “es una de las pocas escritoras en lengua inglesa de las que leería cualquier cosa que escribiera. Si una revista publica algo suyo, la compro automáticamente”. No es poco decir, conociendo el prestigio de la escritora norteamericana.
Aunque un titular se adelantó en subrayar que no es una autora desconocida, para mí es una grata sorpresa conocerla y haber leído algunos de sus poemas circulados en Internet.
Anne Carson, al parecer, es una persona singular, alejada del mundanal ruido y, una de las afirmaciones que hizo y da sentido a esta apreciación, dijo que quería salir para dejar de contestar el teléfono y “escuchar el silencio”. Una metáfora espectacular frente al ruido que se siente en nuestra época; además, el silencio está en todas partes durante todo el tiempo en su obra, de acuerdo con sus críticos y lectores. Me parece interesante, es un tema que me atrae, apasiona y forma parte de mi poesía. No estoy esperando el Nobel, así que suelo disfrutarlo ininterrumpidamente todos los días al borde del bosque.
Lo que veo y entreveo es la mezcla de géneros, algo que me parece muy atractivo y poderoso para atraer a un lector con un lenguaje integrado por varias capas, dimensiones y enfoques. No es nuevo, pero sí potente. Carson se apoya fuertemente, por lo que se vislumbra como aborda los temas en su poética y literatura en general, en ejercer un diálogo y una reescritura constante con la tradición griega.
Carson, en lo personal, me parece una autora a leer, descubrir, vivir su literatura como nuestra contemporánea. The New York Times la ha calificado como una “de las grandes plumas del pastiche”. Durante años, su obra fue ignorada, algo que suele ocurrir a menudo en el campo de la poesía, un género que pareciera vivir el desencanto de su adolescencia, aunque siempre rebelde.
En un día como hoy,
cielo azul, despejado,
brillante,
estoy escuchando
la poesía de Anne Carson,
digo: la reunión puede esperar,
la poesía no.(Rolando Gabrielli)
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