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En un futuro próximo y desafiante:
¿La inteligencia artificial transformará las funciones del arquitecto?

miércoles 16 de septiembre de 2026
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¿La inteligencia artificial transformará las funciones del arquitecto?, por Rolando Gabrielli
El concepto es el inicio del proyecto, la idea central y que guía el diseño, lo que da coherencia a las decisiones sobre el espacio, la estructura, los materiales, la relación con el entorno y la experiencia de los futuros usuarios del edificio. 📷 David Werbrouck • Unsplash

No es un secreto para nadie que las empresas están utilizando las herramientas tecnológicas más útiles, adecuadas, avanzadas, que ofrece la inteligencia artificial (IA), para mejorar la productividad, potenciar los equipos interdisciplinarios y buscar nuevas alternativas para desarrollar proyectos más innovadores, eficientes, competitivos, retadores y sostenibles. La IA hasta ahora nos permite, definitivamente, a través de la automatización de tareas repetitivas, utilizar mejor el tiempo y dedicarlo a actividades creativas que requieren de un pensamiento crítico y reflexivo. La IA se veía al comienzo como algo abstracto y misterioso, venía precedida de una aureola enigmática, y con el tiempo se ha transformado en una herramienta de uso cotidiano y de prometedores alcances para los próximos cinco o diez años, como vaticinan los expertos. Es sólo un punto de partida, advierten quienes miden tendencias, cómo evolucionan y se aplican las tecnologías en esta época.

El impacto y trascendencia de la IA, y lo que se espera de su evolución, ha motivado que el papa León XIV haya dedicado su primera Encíclica, Magnifica Humanitas (Magnífica humanidad), a reflexionar y hacer recomendaciones sobre la inteligencia artificial. El documento del Vaticano subraya que se trata de una tecnología de un enorme potencial y que siempre debe estar subordinada a la dignidad humana y el bien común. Señala y advierte que es una herramienta, no un sustituto de las personas. La propuesta y las recomendaciones del Vaticano, en síntesis, consideran necesario someter a la IA a controles éticos, jurídicos e internacionales. Nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma, concluye Magnifica Humanitas, porque la intervención de la IA incluye gran parte de la vida humana.

La arquitectura siempre ha tenido una gran afinidad con las nuevas tecnologías y materiales y su adaptabilidad, porque cada proyecto es un nuevo reto para seguir innovando. Esa es la naturaleza de la disciplina, su esencia vital, y el deber del arquitecto es interpretar cada una de las situaciones que van surgiendo en el desarrollo de un proyecto y en la interpretación de una época. Tan pronto el proyecto muestra su cara, el arquitecto se enfoca en los sucesivos pasos que deberá dar para responder al desafío que tiene ante sí y lo que se espera de su intervención en el lugar.

El concepto es el inicio del proyecto, la idea central y que guía el diseño, lo que da coherencia a las decisiones sobre el espacio, la estructura, los materiales, la relación con el entorno y la experiencia de los futuros usuarios del edificio. La IA, en este aspecto, puede dar ideas, sugerir, ayudar a transformar necesidades funcionales en decisiones conceptuales, orientar al arquitecto con ejemplos prácticos. Su participación es útil en las primeras etapas del diseño: acelera la investigación, amplía el abanico de alternativas y ayuda a comunicar las ideas.

La IA es bienvenida porque se ha transformado en una asistente calificada para ahorrar tiempo en labores que pueden ser abordadas por una aplicación de manera rápida, automática y confiable. Como es sabido, la IA puede aprender patrones, pero aún no entiende las emociones de manera vivencial. En este tránsito, los expertos y el tiempo tienen la palabra sobre si la tecnología se acercará aún más a las características humanas o seguirá existiendo una brecha importante entre la máquina y el hombre. En la arquitectura existen numerosas variables y cambian continuamente; en la obra, por ejemplo, aparecen imprevistos de manera constante y situaciones no siempre claras, por lo que para la IA es difícil adaptarse y tener una respuesta definitiva. La arquitectura siempre busca generar experiencias, crear espacios para satisfacer necesidades funcionales que promuevan el bienestar de las personas.

Estamos viviendo tiempos excepcionales inmersos en el nacimiento, la evolución y la aplicación de una de las herramientas tecnológicas más disruptivas en la historia de la arquitectura, y de la asimilación que haga cada uno de los arquitectos y equipos interdisciplinarios, y del apoyo y proyección que brinden las empresas para su desempeño sistemático, estaremos asistiendo a un cambio notable en la práctica de nuestra disciplina en los próximos años.

Esto no quiere decir que todo dependerá del manejo de la IA. La arquitectura es más compleja de lo que algunos podrían imaginar, ya que nuestra disciplina es esencialmente humana, se maneja con sus propios códigos que se relacionan con la cultura local, la historia del lugar, las necesidades sociales o la identidad de una comunidad. Lo cierto es que, en este momento, estamos en un mutuo aprendizaje.

Así como la IA ha demorado décadas en llegar a su actual estado, hoy el aprendizaje sigue siendo continuo, permanente y sistemático. Existe un tácito consenso respecto a que la IA surgió para quedarse, no sólo en la arquitectura, sino en las diversas ramas que tienen que ver con las distintas profesiones. En cuanto a la arquitectura se refiere, debemos tomar en cuenta que la creatividad humana sigue siendo esencial para transformar ideas en espacios con identidad. La IA puede producir cientos de propuestas formales, pero le cuesta desarrollar un concepto arquitectónico con una narrativa coherente y un significado profundo. Es indispensable comprender el contexto, las necesidades humanas y las múltiples variables que intervienen en un proyecto: estructura, instalaciones, sostenibilidad, economía, normativas, construcción y estética.

Estamos en una etapa de aprendizaje, ejercicio, ensayo-error, atentos a utilizar, obtener el mayor rendimiento de cada una de las aplicaciones que nos ofrece la IA, lo que es parte fundamental de la historia de la arquitectura: ser observadores, analíticos, detallistas, curiosos por naturaleza. En este contexto, experimentamos y vamos integrando cada una de estas nuevas habilidades tecnológicas para impulsar cadenas de valor, unificar criterios, consolidar procesos e incorporar capacidades adicionales a nuestros proyectos. Lo importante es estar en control de nuestras propias habilidades y poder sumar las que nos ofrece la IA, que nos permitirá ganar tiempo y abrir nuevos horizontes a nuestras propias perspectivas. Esto nos hace posible enfatizar en tres fases y a la vez incorporarlas en nuestro proyecto: creatividad, automatización y análisis de datos. Analizar datos para tomar decisiones, mantener una visión crítica, interpretar y validar las propuestas generadas por la IA, integrar sus herramientas con software de modelado y diseño, siempre tomando en consideración que es un apoyo y no un criterio definitivo, el cual debe asumirlo el arquitecto.

Nos encontramos en una ruta experimental que presenta una serie de ventajas, aspectos positivos de su uso, siempre bajo la atenta mirada y supervisión del arquitecto. Para algunos, estamos en camino de una redefinición del diseño y la arquitectura al combinar creatividad, automatización y análisis de datos, porque su coordinación genera nuevas alternativas, optimiza el rendimiento, automatiza las tareas, mejora la visualización y el apoyo a la toma de decisiones. En este contexto, el valor del arquitecto o diseñador se centra cada vez más en interpretar las necesidades humanas, definir objetivos, evaluar las propuestas de la IA y transformarlas en soluciones funcionales, sostenibles y con significado cultural y social.

En conjunto, la IA está cambiando la arquitectura de una disciplina basada principalmente en la experiencia y el dibujo hacia otra apoyada en datos, simulación y colaboración entre personas y sistemas inteligentes. El desafío ya no es sólo aprender a diseñar, sino también saber formular las preguntas adecuadas, evaluar críticamente las propuestas de la IA y tomar decisiones que respondan al contexto, las necesidades humanas y los objetivos del proyecto.

Rolando Gabrielli
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