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Se escribe para poder respirar. Se escribe también para aprender a mantener esa respiración y cederle aliento a los lectores. Se escribe a sabiendas de que un día no estaremos, pero que el presente será el infinito de nuestros sueños.
Se escribe para suprimir u ocultar voces que siempre serán ecos. He allí la retórica del lenguaje. La elipsis será parte de nuestra respiración.
Desde la aplicación manual de los oficios hasta la del pensamiento, el hombre ha sido un animal acorralado por los relatos, por el cuento de nunca acabar acerca de la vida y de la muerte. La recurrencia nos insta a seguir haciendo lo mismo: mostrar la cara con diferentes máscaras. O las máscaras propias con caras ajenas. Esa es la gestión más elegante del arte. De la escritura y de la vida como herramienta de instrucción.
Escribir sobre libros y sus autores es uno de los riesgos más reveladores, porque se trata de entrar en el corpus, no sólo el obligado referente del escritor sino en su ambigua naturaleza, en la que divagan la ficción y la realidad, ese asomo metalingüístico que muchas veces le sobra al tiempo y le falta a la vida.
En Oficio de elipsis (El Taller Blanco, 2019), de la narradora y ensayista venezolana Geraudí González Olivares, el lector viaja en una curva trazada por la pluralidad, toda vez que se asila en varios estratos de narradores y autores disímiles. Desde la poesía hasta la microficción, sus autores y críticos, sin dejar de revisar la crónica de su propia existencia. Nuestra autora observa y se cuenta, se relata en una suerte de reportaje donde escritores/personajes y sus libros suscitan la curiosidad de un lector muchas veces extraviado. Geraudí González Olivares tiene el oído preciso para auscultar el significado y los referentes de las piezas que trata, así como el carácter humano de los que han escrito las páginas tratadas por ella.
Una elipsis es una figura retórica. Un trazo oculto que devela significación. Es una curva trazada por la mano de la naturaleza, como si fuese un arcoíris ovalado, lo que induce al lector a imaginar que el oficiante sea traductor de esa figura en las imágenes literarias.
Se puede imaginar una línea invisible entre dos oraciones. En una de ellas desaparece lo que no se quiere imprimir de la primera.
El título, del libro de Alexis Romero (“Oficio de elipsis”), da cuenta, precisamente, del trayecto que la palabra hace desde el momento de la primera lectura hasta el instante de saberse reconocida por los personajes, porque un lector es la esponja que el narrador o poeta buscan.
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Confirmada la preocupación de nuestra ensayista, el lector llegará a puerto seguro en los títulos o personas que se han convertido en narradores o poetas gracias a la gracia de su talento. Por aquí se pasean poetas y narradores. Pero sobre todo, aquellos que escriben textos breves, tema que apasiona a nuestra autora quien ha estudiado con ahínco esta manera mínima de abordar el mundo. Geraudí González Olivares es especialista en hurgar en los relatos cortos, muy cortos. La mini o microfición, el short story y hasta la semilla verbal que conduzca a alguna irónica anécdota, tienen en nuestra ensayista un interés muy especial.
En este libro nos toparemos, no sólo con esa inclinación profesional, académica, de la autora venezolana, sino también con poetas como Rafael Cadenas, Borges, novelistas como Jane Austen; minicuentistas como Juan Calzadilla. Igualmente, con estudios sobre el relato breve donde están los nombres de Violeta Rojo, pero igual nos encontramos con autores de esa corriente como Javier Perucho al lado de Gabriel García Márquez, de quien —a juicio de nuestra autora— es Cien años de soledad una “novela de minitextos”.
Jóvenes creadores como Jesús Miguel Soto, Tanni Maruja García. Igualmente, trata a autores como al andaluz Hipólito J. Navarro, al muy conocido José Manuel Caballero Bonald, a Murakami, a Herminia Luque y su barroco, a Valeri Fritsch, Sergio Galarza, Bob Dylan, Iván Repila, Ricardo Menéndez Salón, Alejandro Palomas y Fernando Aramburu.
La lectura de estas páginas de la curiosa y muy trabajadora verbal Geraudí González Olivares lleva al lector a conocerse mejor por las diversas perspectivas de su escritura.
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