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Desde otra vigilia (tres narraciones), de Mario Amengual

lunes 12 de agosto de 2024
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Mario Amengual
Mario Amengual yuxtapone sueño y realidad en los relatos incluidos en este libro.

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Mario Amengual, urgido por la necesidad de narrar, contar o relatar, atiende al dicho según el cual es menester ser real para poder ser parte de la ficción, y en este sentido quien narra, más allá del sujeto que ambula por la ciudad y desanda sus pasos entre barrios y ambientes sospechosos, se desata en palabras, mientras él, autor desdoblado, se mira con la pose de quien fuma bajo el árbol de una plaza.

Quien lee un libro sabe que debe correr ciertos riesgos. El narrador, prevalido de su condición de invisible, conduce al lector a los espacios donde reina su poder. Es decir, quien cuenta, quien relata, juega con el curioso que abre las páginas, y éste, sometido por la atmósfera y los personajes que en ella habitan, se traduce desde una metarrealidad, una suerte de ensoñación que hace del añadido (todo lector lo es) una víctima de los regodeos de las historias que está descubriendo o que de alguna manera lo descubren.

Son tres los instantes narrativos en los que nos conduce la ya larga tradición escritural de Mario Amengual, quien tiene en su haber varios títulos publicados que lo han instado a hablar desde la calidad de su textura literaria. Así, nos encontramos con los relatos “Una isla para siempre”, “El sol de los días muertos” y “El ardor de la sospecha”, en los que la realidad y la ficción se confunden para mostrar el lado misterioso de los sueños.

 

“Desde otra vigilia (tres narraciones)”, de Mario Amengual
Desde otra vigilia (tres narraciones), de Mario Amengual (Abrapalabra, 2024). Disponible en Amazon

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¿Qué otra vigilia conduce a un sujeto a ser otro o a deshacerse de esa otredad para calcarse real en la figura del paisaje de una ciudad, o en el diálogo con ese otro que lo refleja? Esa vigilia atiende a muchos sueños que se intercalan, que se yuxtaponen para darle sentido a la misma vigilia. Se vive entre despierto y dormido. Pero también se vigila el sueño propio y el ajeno. O se revela la realidad a través de esa “vigilancia” inconsciente que viaja, se detiene, trashuma, se instala y hasta deja de ser una vez que la realidad, la que el sueño reta, se despoja de la comprensión y se convierte en ficción: en sueños, en eventos narrables.

En el primer texto se evidencia claramente todo lo señalado en líneas anteriores. En el mismo relato, el narrador lo advierte: “Recuerdos, sueños y fantasías conforman, desde entonces, una sola masa, una especie de nebulosa en mi cabeza, y cualquiera puede ser tan real como ficticio”.

El tiempo es un ser vivo, se mueve, se traslada de un sitio a otro, entra y sale del otro para hacerse varios tiempos en uno solo. He aquí el poder de los sueños, de la ficción narrada desde la inconsciencia que se trasmuta, que muta en realidad y se filtra como un reflejo, entonces —de nuevo el narrador—: “todo pasado es como una película”.

Quien lee es parte del sueño. A veces se confunde con su propia realidad. Es una ficción que lee. Y desde la memoria de este cronista aparecen, se me ocurre, como un sobresalto, La invención de Morel y Plan de evasión, de Adolfo Bioy Casares, muy dado a escribir desde los sueños, desde una postura onírica, misteriosa, fantástica.

La apuesta de Amengual es una prisión: “Estás aquí (...) confinado en esta isla”, por lo que es fácil advertir que quien está confinado vive en un “país saqueado” y refiere un segmento de felicidad: “Sabana Grande”.

La ciudad dejó de ser el pasado que se añora y “ahora” es un presente en el que la geografía urbana es habitada por “los ruines”, una alusión a la maldad, especie de comunidad de zombis que pulula y nos hace vernos en una película de terror.

A veces, también se me ocurre, en algunos instantes de los relatos recorremos parte de La carretera, de Cormac McCarthy, en la ingrimitud que hace de los sujetos personajes desolados, derrotados, solitarios.

 

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Acerca de “El sol de los días muertos” escribí una nota en Letralia el lunes 20 de junio de 2023. Me hago de un segmento para fijar parte de ese cuento donde prevalece igualmente una suerte de fantasmagoría. La ciudad sigue siendo un escenario donde la incertidumbre se revela en estas líneas: “¿De qué quiere disfrazarse esta ciudad? ¿Qué cara quiere darle al mundo quien gobierna las estrecheces de estas tierras”.

La sombra de un poder, las calles como una amenaza. Un libro, la incógnita de una búsqueda y sus significados.

Aquí, parte del texto publicado en Letralia:

Dos personajes transitan por estas páginas convertidas en una ciudad invadida por la desolación. Samuel y Raimo se sientan perseguidos. Son fugitivos que se mueven entre la realidad y la ensoñación: en un sueño compartido aparece el título de un libro que aún no ha sido escrito: “El sol de los días muertos”, metáfora que respiran a diario en medio de “cooperantes”, enchufados y fantasmas visibles en un paisaje urbano derrotado por la corrupción política de un régimen militar.

Mario Amengual nos relata la distopía en que han convertido a un país. Sus personajes, sujetos que representan la derrota, el miedo, la dislocación psicológica. Dos representaciones oníricas...

 

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En el tercer cuento de Mario Amengual, “El ardor de la sospecha”, la ciudad (podría ser otra) es la misma desde la perspectiva de la desolación: oscura, lenta, silenciosa, abandonada. Si en el anterior se buscaba una suerte de “grial”, en este cuento los personajes podrían ser los rostros de las narraciones anteriores, toda vez que viven con el mismo tono: el peso de la realidad, la fugacidad del tiempo. Los sueños advertidos. El tiempo como una transparencia que no impide el paso de su densidad. Es el mismo “país manicomio administrado y dirigido por dementes uniformados”.

Los tres relatos son el bloque de una probable novela que seguramente Mario Amengual sigue cuajando con la fuerza literaria que siempre lo ha motivado.

Desde otra vigilia es un compendio de ficciones donde la realidad, tan radical a veces, se transforma en ensueños, en una sospecha que tiene como destino una isla en la que un libro invisible dicta órdenes a unos personajes desnortados.

Alberto Hernández
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