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Poesía, estas son las palabras

martes 3 de diciembre de 2024
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Poesía, estas son las palabras, por Rolando Gabrielli
Un mundo monosilábico, a la intemperie verbal, deambula con su esquelético abecedario, entre sombras, vocales y consonantes malqueridas.

Los poemas nacen de diferentes maneras, formas, sus orígenes suelen ser tan personales y, a veces, casuales. Responden a una experiencia entre el poeta y su tratamiento de las palabras que utiliza para transformar la realidad, convertir la memoria en un pretexto para asociarla al presente o simplemente reinterpretar el pasado. El futuro nunca queda de lado ni es olvido; la esperanza renueva la poesía. La poesía no está de moda y no es de mucha o, más bien, es de poca atención de las nuevas generaciones. Basta con escuchar las letras, sí, letras de canciones, sus contenidos no alcanzan para palabras y menos frases. Es un mero ruido que no alcanza a ser sonido. El lenguaje es palabra muerta. La música es poesía o no es música. Lo contrario del mundo monosilábico que cacarea un ritmo monótono, amorfo, sin carácter.

La imagen, por otra parte, pareciera devorarse todo lo que hay a su alrededor. ¿Cada niño nace con una pantalla? ¿El futuro es un nuevo eslogan? El mercado no deja pensar, es la verdadera manzana podrida del siglo XXI. El éxito sería ir eliminando la pobreza material y espiritual y no poner tanta riqueza en pocas manos. Una ecuación simple, despejar la falsa X, que los ricos distribuirán su patrimonio en el más allá. La poesía no es, ni quiere ser, una mercancía, es patrimonio de los cinco sentidos de la humanidad, de la condición humana, un maravilloso vicio del verdadero espíritu humano para una mejor humanidad.

El poema, cuando se encuentra a sí mismo, nos revela la fuerza de su lenguaje, nos descubre nuevos mundos; sabe, en buenas cuentas, que la vida traza múltiples y enriquecedores caminos. Cada recorrido es una sorpresa, un andar nuevo, inesperado, a descubrir.

A mi alrededor la palabra, es lo que veo y siento, está proscrita, condenada literalmente a lo estrictamente necesario y, de paso, se le humilla con su mal uso, pobreza de lenguaje, contenidos a la violeta. Estorba realmente, está fuera del paisaje habitual del mundo digital que hace gala de su propio lenguaje. Muchas veces un mundo monosilábico, a la intemperie verbal, deambula con su esquelético abecedario, entre sombras, vocales y consonantes malqueridas.

En estos últimos cincuenta años, por fijar un tiempo en la memoria, he dialogado con mis amigos poetas vivos y muertos, la gente común y corriente, mi infancia, la vida siempre en tránsito, un mundo complejo y maravilloso, la naturaleza, la poesía sin duda, la página en blanco (siempre desafiante), batallado con el insomnio, la arquitectura —por razones laborales, de sobrevivencia y porque es nuestro espacio habitable, con todo cuanto me ha interesado en este mundo, y forma parte de este diálogo. La Musa ha sido y es, punto y aparte, trabaja con las más íntimas y sorprendentes palabras.

El monólogo no ha sido marginal a la condición humana, como un telón de fondo irremplazable, justo y necesario.

El mundo está en un continuo cambio, no se equivocó Heráclito, la poesía no es la misma, porque la manera de ver el mundo, con sus avances, contradicciones, desafíos, es diferente. Hoy las tecnologías tienen un rol nunca antes visto ni vivido. Cada época pareciera mirarse en su propio espejo. Es un comienzo de un nuevo paradigma, la inteligencia artificial ha irrumpido en todos los ámbitos del mundo laboral y está en plena expansión con sus méritos y riesgos. Son herramientas que se están apenas reglamentando y no se puede desconocer su utilidad e influencia en muchos ámbitos. Lo que me ha sorprendido en estos días es el uso del ChatGPT para imitar a poetas o escribir poesía. Walt Whitman fue el seleccionado para imitarlo. Whitman es un poeta estadounidense vital, fundacional, esencial, un gran humanista, amante de la naturaleza, solidario. Habría que preguntarse cómo puede ChatGPT escribir poemas como si fuera Whitman. Vi una versión edulcorada. Un conocido me dijo que lleva semanas tratando de hacer un cuento con ChatGPT y no ha logrado nada satisfactorio.

Por ahora, hay un cierto desprecio de la capacidad, valía, particularidad de ser de un artista, y la apuesta por las máquinas crece. Masificación del arte ya se ha hecho y se hace. Hay una apuesta feroz por la despersonalización guiada por un presumido ego mal encaminado que debiera emplearse y expresarse en un oficio apropiado a sus capacidades. La poesía no merece ser un juego de advenedizos.


Estas son las palabras

Estas son las palabras,
a la medida de su tiempo,
a todo lo que fue
y está por venir.
El futuro porfía
por estar presente.
Sólo el pasado
siente que vive
en la memoria,
viene cargado,
como la nieve en la rama
de un árbol que no cede
a su tiempo.

 

Las brutas, las mendigas

Las brutas, las mendigas,
a las palabras les digo,
apuesto a todo,
en este tiempo
de la imagen voraz,
a la mímica, al gesto,
apruebo y repruebo
la muda voz del monólogo
de utilería que sostiene
el silencio,
las llamo por su nombre,
les advierto,
no vengan a arruinar
el silencio de la mañana,
de las horas muertas.

 

Solo, me han dejado solo

Solo, me han dejado solo
para que descubra quién soy,
desnudo entre espejos rotos,
y verme como un desconocido,
descifrar mi destino
en las líneas de mi mano.

 

La página en blanco

Sabes, la página en blanco
no intimida, más bien asombra
cuando nuevas palabras surgen
a la luz de la oscuridad y vuelven
a hablar el idioma de la tribu.
No se necesita más que pulsar
lo inefable y hacer visible
lo invisible.

 

Un paso más hacia el abismo

Un paso más hacia el abismo
puede llegar a tener, en estos tiempos,
impredecibles consecuencias,
y sin darnos por enterados
volar ciegamente tras la inalcanzable
mariposa de la infancia.

 

2

Caer, caer,
al fondo de la nada,
sin retorno,
como un huésped indeseado
y no saber a dónde ir.

 

3

¿Para qué sirve un paraguas nuclear,
te preguntas, en nuestro joven siglo suicida,
rehén de su propia historia?

 

4

Sí, los poetas dejan señales, René Char,
también develan el paisaje oculto de las palabras
que divulgan los ventrílocuos del gran capital.

 

5

Una encrucijada como esta, me dices,
pareciera sostener su propia cruz.

 

La poesía piensa

La poesía piensa,
observa, explora,
nombra, funda, dice.
Razón de ser,
son sus palabras,
el poema.

 

Sin darme cuenta bien del todo

Sin darme cuenta bien del todo,
yo le escribí a mi amor,
esa carta que le escribió Joyce a Nora,
su futura esposa,
al menos unas palabras decisivas,
que sólo la angustia dicta a la razón.
No sé cómo nos atrevimos a decir esas palabras.
Tal vez por la emergencia, la ansiedad de esos días,
la necesidad de aferrarse a la existencia misma,
saber que puede ser la última oportunidad de salvarse.
“¡Sálvame, fiel amor mío!”.
“¡Sálvame de las malicias de este mundo y de mi propio corazón!”.
Quizás si me hubieras escuchado y atendido,
no estaría escribiendo este poema.

 

La estación del poema

La estación del poema
es tu nombre
que comienzo a deletrear
en mi lenguaje balbuceante
y son muchas voces que se confunden
con tu voz que me sigue llamando
y aunque estés de viaje,
sé que es tu voz la ventura
de una palabra nueva.

Rolando Gabrielli

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