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El arte de infundir sentido a las palabras

viernes 31 de octubre de 2025
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Ezra Pound
Ezra Pound ya lo dijo. La poesía es un arte y no un pasatiempo. La poesía, independientemente de cada época, se sabe oficio de su tiempo.

Escribir poesía, hablar de poesía, apelar a la palabra que vive en la palabra, pareciera ser un acto ocioso, desconocer el signo de los tiempos en tiempos de banalidad y terror.

Este viejo ejercicio de ordenar verticalmente las palabras puede ser tomado como un pasatiempo anacrónico, ya superado en la era digital y de la inefable inteligencia artificial.

La poesía, muchos no lo saben, está en todas partes. Su presencia es la ausencia, a veces, de muchas cosas que nos pasan inadvertidas.

El poema es el compendio verbal, la poesía el espíritu que da forma a los sentidos.

¿Qué sería el hombre sin los sentidos, sin la palabra, sin la poesía?

Ezra Pound ya lo dijo. La poesía es un arte y no un pasatiempo. La poesía, independientemente de cada época, se sabe oficio de su tiempo, digo yo. Y es muy cierto, porque viene evolucionando desde tiempos inmemoriales y cada época viste su traje de obrera para interpretar su tiempo.

Pound, Il miglior fabbro, según T. S. Eliot, da a los poetas una serie de consejos muy atinados y recomendables. Déjate influir por cuantos grandes artistas sea posible, pero ten la decencia de reconocer plenamente la deuda o, si no, trata de ocultarla. No teorices, deja eso para los escritores de ensayitos filosóficos. No describas, recuerda que el pintor puede describir un paisaje mucho mejor que tú.

Piensa más bien en la técnica de los científicos y no en la del propagandista de una nueva clase de jabón. Empieza por aprender lo ya descubierto. Son muchos más los consejos que brinda Pound en su libro El arte de la poesía, de recomendable lectura, editado hace más de setenta años.

No hay recetas para escribir un buen poema, sólo señales, como diría respecto a la propia poesía René Char. Pero no está de más hacerse eco de algunas recomendaciones de Pound, apartar las ramas que no dejan ver el bosque.

 

Canción del despertar

No hagas ruido,
algo va a despertar,
el tiempo está dormido,
aparentemente no se mueve
un alma ni hace ruido el mar.
Deja que todo ocurra,
comienza a fluir,
cierra los ojos,
lo desconocido no avisa,
va a pasar.

 

Nómade ha sido la palabra

Nómade ha sido la palabra,
errante, sin casa fija aparente,
de tribu en tribu la lengua,
se hizo sol, luna, estrella,
la noche que la resguarda
y trae sobre el papel
frente a mi ventana,
que es todo lo que veo
en las mañanas y es
libre de revelar o no
lo que hay dentro del silencio,
que escribe una única palabra,
la de la tribu.

 

¿Qué queda donde nada queda?

¿Qué queda
donde nada queda?
El silencio dice nada
y todo,
la muerte repite
la escena de un crimen
que conmociona al mundo,
no es más ni menos
que una vuelta a la maldad.

 

Un dios sin palabras

El poema,
ni más ni menos,
es una atmósfera,
algo que en principio
no se sabe,
desconoce
que realmente
las palabras
son un azar y enigma.

 

2

La soledad del poema
desaparece
cuando
un lector,
absolutamente
anónimo,
descubre algo
nuevo.

 

3

El poema,
un Dios
sin palabras.

 

Sólo el silencio

Sólo el silencio
conoce mi monólogo
y lo repite de memoria.
Estás sola como yo
en casa del silencio,
y su obra maestra
somos nosotros,
convertidos en señal
a la distancia.
El más mínimo gesto o pausa
es una luz asombrosa.
Las palabras son a veces
la voz interior
que el silencio repite.

Como si quisiera hablarnos.

 

Diane Hall Keaton

Ha muerto Diane Hall Keaton,
al menos es lo que reportan
los medios internacionales,
sin decir dónde, cuándo y cómo,
pero sucedió tristemente
y en todas las fotos vemos
su marcada, reconocible sonrisa
de ahora y siempre.
Sin embargo, disculpen un entrelíneas,
su deceso puede ser una realidad,
la evidencia corporal que llaman
los forenses sin mostrar expresión alguna,
pero me pregunto por quienes
nos quedamos extasiados con Annie Hall,
¿se habrá enterado de esta noticia?

 

Finalmente la locura se hizo insostenible

Finalmente,
la locura se hizo insostenible,
se interrumpió el intermitente,
infernal bombardeo,
la metralla indiscriminada cesó,
los desplazados comienzan a volver,
a contemplar un paisaje en ruinas,
el escombro desvencijado de sus casas,
a reconocer sitios, calles, lugares,
edificaciones sin puertas ni ventanas,
balcones en el aire, frente a la nada,
todo fue borrado de sus vidas,
del mapa cotidiano,
van de la mano de la vida, aún temblando
en sus cuerpos vestidos de harapos y hambre,
frente a un taciturno Mediterráneo,
vuelven a saber y ver que sus muertos
están bajo los escombros, pulverizados,
cubiertos, desaparecidos por el polvo de la nada.
¿Finalmente,
los millares de vivos y muertos
se preguntan,
han derrotado, quizás, a la invencible muerte
de mil cabezas?

Rolando Gabrielli

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