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La poesía en este mundo y otros poemas
(Los poetas son los guardianes de las palabras)

viernes 23 de enero de 2026
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La poesía en este mundo y otros poemas, por Rolando Gabrielli
La poesía está en todas partes, porque es vida, y se viene manifestando desde las pinturas rupestres en las cavernas, porque todo lo que crea y trasciende en el hombre es poesía. 📷 Cueva de las Manos • Patagonia • Argentina

El verano siempre trae nuevos aires, frescos, una brisa suave, lenta, que viene del norte frío de temperaturas que dejan en vilo el alma. La poesía no sabe de estaciones, naturalmente debiera florecer en primavera, ser austera, densa en invierno, más alegre en otoño y en verano cantar a los cuatro vientos. Pablo Neruda, en una entrevista, cito de memoria, le recordó al mundo que la poesía en América Latina debía ser más cálida, transparente, que en los continentes y países fríos. Humanizó el verbo, la acción, la esperanza, el porvenir, y a su manera cumplió con ese postulado en uno de los más amplios registros poéticos de la historia del siglo XX, para no ir más atrás y dejar cada siglo en su tiempo y lugar.

El mundo no pareciera estar para escarbar más allá de lo comprensible para la frágil generación de cristal, que mantiene su atención muy lejos de la poesía y de otras aburridas tendencias del arte, al parecer. Sin embargo, la poesía sigue aleteando como el pez que llega a la arena, a la orilla del mar, por su supervivencia, una y otra vez. No doblega su espíritu, lucha palabra a palabra, verbo a verbo, se manifiesta de una u otra manera. Su pasión es tenaz. Así lo ha demostrado de siglo en siglo, aun cuando sus autores y libros han pasado por la hoguera o la guillotina. Sí, no se deja intimidar, porque su voluntad es propia de su humanidad, existencia misma, un hábito coherente con lo mejor de la especie. ¿Qué sería de la vida sin poesía? ¿Qué sería de las palabras sin poesía? ¿Qué sería de la poesía sin poesía, del pobre hombre sepultado por su pobre existencia?

La poesía le ha dado grandes lecciones al hombre a lo largo de su existencia y ha derrotado la muerte, en no pocas ocasiones, porque las obras de esos poetas los han transformado en inmortales. La poesía le ha dado grandes lecciones al hombre en las épocas más oscuras, a lo largo de su historia no ha dejado de estar presente, cantando a la belleza, al amor, denunciando las injusticias. La poesía está en todas partes, porque es vida, y se viene manifestando desde las pinturas rupestres en las cavernas, porque todo lo que crea y trasciende en el hombre es poesía. Basta con dar un vistazo a nuestras modernas ciudades habitadas por millones de personas en su vibrante quehacer y movilidad diaria, para ver la poesía en las construcciones, calles, los lugares más insospechados, que de tanto ser habitados muchas veces pasan desapercibidos al ojo del hombre.

El poema como el río busca su cauce y, en vez de morir, se agranda, crece, con cada lectura es infinito. Suelo leer a viejos poetas conocidos en vida, magníficos poetas, y los veo vivos ante mis ojos, suelen hablarme de su poesía, me guían, me recuerdan los días más extraordinarios de nuestras vidas, vivir la poesía. No dan consejos, sino que te invitan a leerlos, disfrutar de sus mundos, en qué, cómo y por qué apostaron al camino recorrido. No buscaron el éxito, sólo se identificaron con la fuerza de sus palabras, con la geografía que habitaron, las cosas propias del corazón y literalmente del ser humano. Festejaron la palabra, una y otra vez, nada les fue ajeno de cuanto veían y ocurría, se propusieron transformar lo cotidiano, lo simple, las complejidades de la realidad y relaciones entre el hombre y la naturaleza, entre los hombres. Su asunto principal fue la vida, es decir, la poesía.

Dirás, amigo lector, estos no son tiempos para la poesía. Hay quienes quieren convertir el mundo en algo por sobre todo hostil, inhabitable, oscuro, enemigo de sí mismo, bárbaro, cruel podríamos decir, en una palabra. Theodor Adorno, filósofo alemán, por ejemplo, nos advirtió que “escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie”. Dijo también: “Después de Auschwitz, ya no son posibles más poemas, excepto sobre la base del mismo Auschwitz”. La humanidad ha vuelto a vivir un genocidio. Eso no indica que no se repetirá. Si conocieran esta nueva historia las víctimas del Holocausto, de qué lado estarían. ¿Qué puedo decir bajo estas pobres circunstancias? Que seguiré escribiendo poesía, porque la poesía es una pieza clave de la condición humana. Los poetas son los guardianes de las palabras.

 


 

Los poetas son los guardianes

Los poetas son los guardianes,
los guardianes de las palabras,
hablan con los vivos y los muertos,
sin prisa, sin tiempo
Sus voces se comunican con el viento,
no son más que señales,
huellas invisibles,
voces que acuden silenciosas
Los poetas son los guardianes.

 

No hay tiempo que perder

No hay tiempo que perder
en esta prisa de nuestro tiempo
Difícil no sucumbir al vértigo
tan próximo, cercano al abismo
No hay tiempo para frívolas nostalgias,
la escena supera a cualquier actor,
el espectáculo arde en llamas
¿Qué se va a construir después
de las cenizas?
El fuego volverá a encenderse nuevamente,
para invocar los conjuros del provenir
La palabra está llamada a convocarnos
desde el silencio
No lo olvides
No lo olvides.

 

En el reino del poema

En el reino del poema
la palabra no es ciega,
y menos, muda.

 

Si vienen por ti

Si vienen por ti,
ignóralos,
su amo
les robó
el alma.

 

Nunca olvides

Nunca olvides
los sueños,
son eternos.

 

¿Qué hace un poema en este mundo?

¿Qué hace un poema en este mundo?,
preguntas:
difícil saber, digo, sin responder,
en qué geografía o espacio
se podría ocultar un poema
sin ser visto para no llamar
la atención.

 

Cuando el mundo no deja

Cuando el mundo no deja
de asomar su nariz al abismo,
el mar atraviesa por una tormenta,
el hombre se amenaza a sí mismo
y todo lo que se mueve corre peligro,
reflexiono y pregunto a mis lectores:
¿son personas de carne y hueso
o son simples algoritmos?

 

El vanidoso

El vanidoso sabe
que no hay nadie
ni nada más
grande que él,
a lo sumo
su ego,
a quien llama
su supremo y le permite
hablar en nombre
de Dios.

 

Un poema

Un poema
debe leerse
tal y como
si se estuviera
escribiendo,
sin distraerse
ni un solo
momento,
instante.
El lector
tiene la última
palabra.

Rolando Gabrielli

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