
1
Esta poesía dibuja un país del dolor. Esta poesía se niega a ser la poesía de la intimidad. Es, más bien, la poética de un universo de pesadumbres en la que quien las sufre las canta para no ahogarse. Este libro de Carmelo Chillida confirma la idea y la acción de que Venezuela, el país que lo abruma, es el que a diario llevamos en la boca. A cuestas en nuestros aporreados cuerpos. En nuestras sensibles necesidades. Se trata de un compendio de denuncias bien fundamentadas desde las palabras, esos seres vivos que le amargan la existencia a quienes intentan degradarlas, acallarlas y hasta matarlas. Una palabra muerta usa una lápida legible. Ella misma se lee, ella misma es leída, es ella el lugar donde se ha aposentado ese dolor, esa angustia diaria de sentirse visto por el ojo gigante del rostro que Orwell describió muy bien en su 1984.
Esta poesía recorre todos los instantes en que el poder, no el divino, el de unos humanoides descerebrados, se hace de un mapa, lo arruga, lo convierte en basura y se enriquece de lo que queda, que es la ceniza de su maldad. Este libro sigue siendo la memoria de los que estamos obligados a decir lo que nos acontece, lo que desde un trono nos convierte en esa sobra que deglute el poderoso, el que recorre ese mapa con la mirada puesta en la ajena a ver cuál de ellas parpadea como una negación.
No se trata de un panfleto. Es una poesía organizada desde la concepción de la política. Es un libro político como todo poema que se precie de tal. Es un libro acusador. Es un libro de una realidad ardida, desgarrada, confeccionado para cantarle al que con látigo en mano acosa y acusa.

2
Esta es una poesía del país que nunca creíamos llegar a ser. Es una poesía de la pesadilla que nos aturde, nos desvela y nos invisibiliza, desaparece. Es un texto, un solo texto, con títulos que encajan perfectamente en un relato para no olvidar.
Alguien, un innominado, ocupa el lugar de quien debe componer el mapa, pero lo ha borrado, lo ha entregado, lo ha destinado a una violencia torpe, aunque bien maquinada.
Esta es una poesía que nos deshuesa. Es un poemario donde caben todas las angustias, porque denuncia el desgarramiento de una nación a la que le han borrado sus puntos cardinales. Es un viejo retrato de los mandatarios de otros tiempos. Se trata del libro en el que habla una Hannah Arendt que nos continúa arengando. Es un poema cargado en gerundio porque el país no se ha quedado detenido en el horror, hundido en la marea del miedo. Es decir, sigue siendo un estadio continuo. Y éste, el terror, es un tiempo gramatical, un tiempo fundado por el mismo tiempo.
3
Un país roto. Una poesía para deletrearlo, para sumarlo a cada paso que da el tiempo. Pero también para tratar de rescatarlo de la tanta obediencia indebida, del tanto aplauso para celebrar la muerte del futuro. Un país estrujado en medio de la violencia de un poder que ha hecho de ese mapa una insignia de horror. La poesía canta esa rotura, ese rasgado triunfo de la maldad.
Así lo traza el poeta:
El César va al Senado
a notificar sus últimos caprichos
Los senadores lo reciben
como un semidiós. La vida del César
transcurre entre sonrisas
y todo tipo de lisonjas...
El poema entonces es un desafío. Una verdad que cuaja perfectamente en la memoria de los que aún no han querido verse en el reflejo de sus propios desmanes.
4
En el prólogo de este libro de Carmelo Chillida, la narradora cubana Zoé Valdés destaca:
He leído y releído, muy concernida, los poemas de Carmelo Chillida, con el espanto que producen la angustia y la incomprensión tristemente compartidas. Son poemas sinceros, cada palabra despierta a la verdad, a la realidad venezolana, y a la suya, individual...
Por su parte, en el epílogo, el escritor español Salvador Galán Moreu escribe:
El yo poético de mi amigo es civil, apartidista, casi libertario, observa y escribe la realidad de su país (...). Aquí está la experiencia del Poder, cuando se abalanza, totalitario, sobre la Verdad...
Este es un libro que duele.
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