
La poesía atraviesa al poeta como un rayo que lo estremece hasta el último de sus silencios. El poema existe por arte y magia de la palabra, nace del lenguaje madre. Árbol de sus frutos, se instala con todas las voces que lo contienen. El poema es una criatura alegre por naturaleza, porque está naciendo, viva, es hijo del verbo.
Este puñado de poemas verá la luz cuando el lector se detenga en cualquiera de ellos, sin otro deseo que disfrutar de una nueva experiencia. La palabra le pertenece a quien la lea.
Esta palabra
Esta palabra
no es propiedad
de nadie
y esa es su belleza.
Del primero que encuentre
algo en ella y establezca
su música personal,
los cien violines
que necesita el silencio
para ser escuchado
por sus fieles seguidores.
Mis lectores
Mis lectores
son invisibles,
anónimos,
leen sin dejar huellas,
son asombrosamente fieles,
como los fantasmas
que siempre nos visitan.
Que nadie se ofenda
Que nadie se ofenda si los muertos sobreviven
a los vivos y salen en las noches a reconstruir
con sus voces el mortal silencio de estos años.
La muerte cuenta con sus propios recursos,
fabulosos sueños deslumbrantes.
Nadie es más ni menos en estas circunstancias.
La muerte inspira acciones audaces,
inesperadas respuestas y no debieran confiar
en estas piedras heridas, humilladas,
ventanas sin paisaje,
escombros no reclamados,
patios sin infancia,
son tan jóvenes estos muertos
que volverán victoriosos
al combate.
El otro soy yo
El otro soy yo,
tú eres el otro,
no es un juego
de palabras,
somos uno
inevitablemente.
2
¿Y si el poema
ya no es poesía
y en la luz
del alba desaparece
la palabra?
3
¿Cómo el pez
respira por su boca
y no tiene río?
Sólo pregunto
y es lo que haría
el poema al enfrentar
su propia aventura.
A ti, amigo lector
A ti,
amigo lector,
distraído en la distracción,
yo no más que tú,
a tus oídos las palabras
que el viento trae y lleva,
incesantemente, la música
del espanto y el terror,
impuestos, en tiempos,
en que el hombre pareciera
reunir la ruina de sus escombros
y lanzarlos al mar,
único intocado,
con el propósito de reconstruir
su dudosa salvación.
Solo
Estoy solo
al interior
de tu silencio.
Repito tus palabras
como si, rimadas,
compusieran esa canción
que no dejo de tararear
en tu nombre.
Las palabras deben
Las palabras deben
estimular los sentidos
en el buen sentido
de las palabras.
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