“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Cuestión de pronombre

lunes 1 de agosto de 2016

“Cuestión de pronombre”, de Víctor Valdés Rodda1

Víctor Valdés Rodda deslinda el vocativo y se abre al mundo en los versos que existen en este título, Cuestión de pronombre, un libro que emerge de una isla y se convierte en un sujeto imprescindible entre las costas y mareas de su aventura poética. Él se refleja en cada uno de los yos que comulgan en los poemas reunidos en este tomo publicado por la editorial Huesos de Jibia de Buenos Aires, Argentina, en 2015.

La lectura obliga a pasearse por la infancia del autor, por destellos de la memoria, por instantes en los que el poema se queda quieto como un paisaje. No obstante, quien habla se hace otros en él mismo: se mueve en los verbos, cambia de rostro para no cambiar. Su yo, ese pronombre tan cercano, no es estático: viaja en él y se conjuga con los referentes que participan en cada uno de sus intentos, porque la poesía siempre será eso, un intento.

El poema que abre el libro pareciera respirar dos aires. Uno que apunta hacia la precisión de un “lugar” y otro que es metáfora de sí mismo. Si bien las imágenes se difunden como en un espejismo, hay trechos en los que pareciera revelarse la realidad de ese lugar. Me atrevo a afirmar que hay un algo ya previsto en el mensaje. Víctor Valdés es cubano nacido en La Habana en 1965, pero está fuera de su país luego de una dromomanía producida por los oficios de sus padres diplomáticos. De esa viajera determinación viene la lectura: el autor versa los lugares, ya no el lugar de origen, sino los que pudo conocer de niño y joven. Pero el lugar de nacimiento, el ombligo, aún prevalece en ciertas metáforas que, con temor a equivocarme, Valdés asoma para desligarse de un tiempo:

las aves le temen al otoño
allí pierden sus casas……la comida escasea
el gran devastador sopla los árboles
los deja alopécicos
sin hojas……..sin frutas
es la estación-derrumbe…… para los pájaros
inicio de un viaje que puede ser el último…… un viaje sin retorno…”

¿El poeta dice de qué pájaros? ¿Quién es el devastador y más adelante en el mismo texto cuando menciona a “depredadores”? ¿A quién se refiere? El poema es un abanico. Sus distintos significados conducen al lector a muchas dudas que fortalecen al mismo texto.

 

2

Diversos son los temas que navegan en este libro. Diversos los momentos. El tono no varía, se alimenta de una musicalidad entrecortada, asimilada por pausas interiores que permiten respirar tanto al lector como al mismo poema. Un poema que respira vive, alivia al lector.

Los recuerdos familiares, el niño que se mece en el columpio de un poema. El niño que se apresta a reconocerse en un patio, es el mismo que luego perfila una calle y la inventa con nombres propios que no menciona pero que se mueven con sus pronombres personales.

En este poemario de Víctor Valdés los límites no existen: los pronombres siguen sonando interiormente, siguen nombrándose desde la mirada de quien aún mantiene fresca la idea de haber sido y seguir siendo.

Y como reflejo de la imaginación, más que de la realidad, el autor no deja de decir acerca de las ilusiones, de los engaños, de los “amores fantasmas”, relatos que recurren al yo constantemente para situarse ahora en cualquier lugar, en cualquier vocativo. Yo, tú, él nosotros, ellos… la voz del que habla también calla. Mira la voz y apunta hacia el abatimiento, hacia ciertos portales donde gravitan hombres y mujeres.

En “Simplezas” leemos:

salí al portón con un racimo de preguntas en la mano / las repetí cuando pasé delante del espejo / arrinconé al peluche y le hice otras / pero en lugar de una sospecha / el tictac me vio aprontar mi formulario y no sirvió // todas las preguntas se rindieron / perdieron el pronombre contra el muro / algunas se salvaron / ¿vendrás por aire por autopista? / ¿vendrás en la mañana a otra hora? / ¿vendrás en baúl en cofre? // como se ve para entonces / un exceso de nada era déficit / volteada la moneda / ciertas artes sutiles me granjearon / un poco de nada en cada cosa / pero no la nada única / apenas unas franjas / aquello era inútil // ¿y ahora qué puedo decir? ¿cómo me siento?…”.

 

3

Libro de idas y venidas, de “últimas palabras”, de primeras a decir desde el sitio reservado al poema que se escribe y que se ha dejado al margen. En este poemario de Víctor Valdés los límites no existen: los pronombres siguen sonando interiormente, siguen nombrándose desde la mirada de quien aún mantiene fresca la idea de haber sido y seguir siendo.

Cuestión de someterse al llamado de esa voz que no se borra de la memoria.

Alberto Hernández
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