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Roto todo silencio

lunes 12 de diciembre de 2016

“Roto todo silencio”, de Edda Armas1

Escribo como leo.

Escribo como callo en este libro.

Supongo una lectura en la que caben las conjeturas y algún guiño hermenéutico. Una suerte de juego de abalorios en el que podría participar don Fernando de Saussure, aunque el silencio tenga una sola cara. Se trata de una moneda sin rostro de héroe o de libertador apresado en el metal.

Leo Roto todo silencio, de Edda Armas, publicado por Oscar Todtmann Editores, Caracas 2016, y regreso a 1975, a la edición de la UCV, a la de la legendaria Imprenta Universitaria dirigida por José Vicente Abreu, y torno al silencio de aquella lejana, primera e inocente lectura.

Ahora entiendo que quien lee en silencio crea sonidos aunque no los oiga. Se hace sonido.

O silencio roto.

Roto todo silencio no es un estudio poético sobre el silencio. No es un tratado o una escritura dedicada al no decir. Este libro es el silencio: la búsqueda permanente de su apariencia, porque eso es, para algunos, simple apariencia, pocas palabras, oquedad o vacío, espacios en blanco o el blanco mismo.

Es un libro signo.

Y como la conjetura anima la fortaleza del silencio, vale tener presente la definición de imagen:

—Representación.

 

2

¿Qué imagen contiene el silencio?

En El significado del silencio y el silencio del significado (Universidad de Verano San Roque, Cádiz, Editorial Alianza, Madrid, 1992), José Luis Ramírez afirma que “el problema del silencio ha sido suscitado, en ocasiones, para el estudio del lenguaje”.

De modo que el silencio, pese a ser tratado por la semiología, no puede serlo —“en ocasiones”— por la lingüística, más allá de que sea parte de los sonidos (porque el silencio se oye, significa, por eso existe).

Y como signo alude al habla, no a la lengua. Por eso no se oye para quienes lo advierten como contraparte del sonido. El silencio es un evento, una acción que dice, por lo tanto puede ser codificado desde su no decir, desde su oquedad, desde el vacío.

 

3

El poema, el silencio como poema, en este caso es silencio auditivo y visual. La voz resumida de Edda Armas se hace delicadeza y fragilidad en los trazos de Daniel Medvedov, en las líneas delgadísimas de quien establece un “diálogo” entre distintas maneras de expresión.

El dibujo —como el texto— brota del blanco, pero sigue siendo el blanco casi absoluto. Ambos se silencian y se hacen un lenguaje, una imagen mental “suscitada” por el signo cuya univocidad hace posible el riesgo, el arte.

Dos silencios: la mano que traza el dibujo y la que trazó el silencio del poema.

Una en presente y la otra en pasado.

Son dos tiempos diferentes, aunque los objetos creados tengan la misma edad.

La creación suele ser ambigua.

 

4

El silencio es significado, no significante. Los pocos versos en cada poema revelan una sola cara, porque la imagen mental evoca el vacío, elabora una “entidad mítica”, según Ramírez.

Desde el silencio, desde su rotura, quien lo trabaja lo hace connotación. Es un “metalenguaje” que compromete su propio contenido como signo.

De allí que se contradiga como imagen.

El silencio en el poema inventa una lectura otra.

 

5

Monólogo
personaje mudo
imposible
abajo el telón

El hablar solo (hacia alguien): quien no posee capacidad de habla.

Un evento escénico, impostado, teatral. La ilustración se ocupa de “hablar” desde un personaje ataviado para una representación.

El trazo del dibujo lo es: una representación.

Hoy, a cuarenta años de la primera edición, este libro me lee, me silencia.

Evoco al mimo. Siento el silencio de Marcel Marceau mientras “dialoga” con el público.

El poema se desliza como una sierpe, como alguien que danza: “bifurcada / la corriente / toma rumbo definido / o te quedas o te vas”.

Y se mueve. El silencio se rompe en las brazadas del dibujo.

La razón cósmica del silencio, su lejanía. Su cercana pérdida. Una lluvia constelada. Unos puntos en la página. El blanco habla.

escucha, / parecen lejanos / y tan sólo están por llegar

¿Quiénes, bajo el sol intenso, en la desolación del esqueleto de un árbol?

 

6

La palabra silencio aparece una sola vez en este breviario que induce al mirar:

quizás un vocablo de silencio
el daño que cause
no sea el más profundo.

El texto lo dice: “un solo vocablo”, un bocado de silencio. Quien lo escribe evita herir, afectar. Mientras menos palabras, el dolor no será tan intenso. Las palabras duelen, hacen doler. El silencio apacigua, sana.

 

7

En el texto anterior, la soledad de una habitación. Un gato se asoma desde afuera por una ventana. En un retrato, la cara del mismo gato, mientras tres ratones mínimos huyen de su presencia.

¿De cuál de las representaciones huyen: del gato en la ventana o del que está en el retrato?

La soledad silenciosa crea el texto, el silencio.

 

8

Leo como escribo. Hoy, a cuarenta años de la primera edición, este libro me lee, me silencia.

Alberto Hernández
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