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El abismo inventado, libro de cuentos de Javier Febo Santiago

Concierto subterráneo, de Otrova Gomas

• Lunes 13 de mayo de 2019
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“Concierto subterráneo”, de Otrova Gomas

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¿A quién se le podría ocurrir desenmascarar a Milton Freizer, Nikolai Biskirinov, Sigmund Fidel Mendoza, Imber Tosta Vilmer, Naudi Ramón Mogollón, Giovanni Mastrolimio, Rafael Porfirio Silva Torres, Willi Alfredo Vallenilla, Kayo Mankursio Villalobos, entre otros tantos sujetos de dudosa reputación académica, y desentrañarles los misterios de la vida, la existencia y demás respiraciones?

La larga lista de nombres y apellidos ligados, inventados o tomados en préstamo, da pie para entrar en debate acerca del comportamiento de este señor, autor de la obra que más abajo menciono, quien seguramente recibirá la visita de una demanda por corrupción espiritual, tan en boga en estos gloriosos días de deslumbrantes sombras, maravillosas ausencias acuíferas y felices desolaciones.

Digamos que al abrigo de la hoguera, porque las lámparas o bombillos ya no están de moda, el concertino Otrova Gomas, quien se hace llamar también Jaime Ballestas, destaca su muy mal humor en una enciclopedia de infundios contra la inteligencia humana, porque ya sabemos que la de los perros y delfines es superior y nos amarra a un título desafinadamente musical, Concierto subterráneo (Ediciones OOX, Caracas, 1986), del que es muy difícil despegarse porque nos provoca innecesarias reflexiones y hasta una risita que otros dicen densa y hasta filosófica.

Por mi parte, como todo malagradecido, paso a contarles el chisme de este libro de casi medio metro de altura por no sé cuántos treinta centímetros de ancho y más o menos de un kilo de peso con muestra de un tipo sin cabeza que toca un cello, de quien se dice es el maestro Pablo Casals, pintado por Marietta Berman.

Pues bien, aquí estamos frente a este vago tan ballesta que continúa con sus diversos tinos dando de qué hablar en lo que ahora llaman redes, no de pescar, sino sociales, para más señas y consignas.

 

Los artefactos literarios y mecánicos de Ballestas (Otrova Gomas, digo, van mis respetos) son la delicia de aquellos sentimientos ocultos en los que el amor jamás sucumbe.

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Todo lo afirmado arriba es totalmente cierto, con la ¿diferencia? de que el aludido negará todo y me dejará de plano en ridículo, como debe ser, razón por la cual debo regresar a mi condición de incoherente y decir que es cierto todo lo anterior, pero que me niego a admitirlo, porque Jaime Ballestas, quien se disfraza de Otrova Gomas, para pasar por alto que es Jaime Ballestas, pero que además se disfraza de los personajes que allá arribota dije, entre otros, porque son muchos, escribe que es una maravilla para joderle la impaciencia a los pacientes de este país y provocar una certera felicidad en quien o quienes nos adentramos en sus inventos e imaginaciones tan de uso infrecuente que son increíbles y se hacen creíbles de tanto desuso, digo. Otrova es genial. Muchas veces lo habíamos reconocido cuando no existían Facebook, Internet, pues, e-mails u otros atrasos tecnocráticos pregonados por quienes ahora nos llevan a cocinar con leña.

Regreso, retorno, vuelvo: el autor de este concierto es un tipo que escribe para que nos mantengamos vivos, atentos, concentrados en sus letras, cosa que celebramos porque los artefactos literarios y mecánicos de Ballestas (Otrova Gomas, digo, van mis respetos) son la delicia de aquellos sentimientos ocultos en los que el amor jamás sucumbe. Y lo digo sin ánimo de desencadenar efluvios psicológicos, que no es mi intención ni mucho menos arrebatar emociones ideológicas. Nada de eso.

Pero, bueno, pasemos a la enciclopedia de sensualidades de nuestro admirado autor.

 

Busquen bajo las piedras este libro de don Otrova Ballestas y/o Jaime Gomas, tejido Otrova Gomas o Jaime Ballestas.

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Luego de un apagón y de otro y de otro y de otro, de esa suerte de peñonazo subterráneo, por la oscuridad que provoca el golpe en la frente, retorno al libro de Otrova Gomas con el mismo ánimo de antes, quizá más atronado, más loco y dislocado. Claro, la realidad es tan perturbadora que es preciso ingresar en esta de don Jaime Ballestas redivivo, es decir, vagante entre otros, y hacernos los pendejos para no morir en el intento, ni de los nervios ni de la rabia. Aquí vamos.

Disparar una ballesta no es tan fácil: a don Jaime eso le parece mantequilla. Por eso su inteligencia siempre da en el blanco. En su enciclopedia de delicias coherentes y manicomiales somos parte de esa esgrima que nos sacude el humor, el que nos inventa este autor para que nuestras neuronas se muevan o conmuevan.

¿Qué temas no toca en su libro? Los toca casi todos. Títulos y subtítulos, revelaciones e invenciones que nos hacen flotar porque podríamos ser muy felices al aplicarlos o dejarnos someter por ellos. Veamos: “La opinión ajena: nuevas teorías sobre el egoísmo”, “Resistencia y represión”, “Un Metro chucuto”, etc. “El catálogo de Landrú: instrumentos de tortura, horror y muerte”, et al. “Té para dos: historia de un malentendido”, “El ciudadano apretado”, “El amargavida”, “Una noche en otra galaxia”, etc. “Una casa diferente: fórmulas para salvar una ciudad”, “Trabajos de ampliación y remodelación del infierno”, y así. “Cuentos de camino: la revuelta”, “Los fiscales del idioma”, “La sorpresa”, “El soltador de imbéciles”, etc. “Una sonrisa al dente: avisos certificados”, “Consultorio médico”, “Notas culturales”, “Cómo hacer trampas en el Monopolio”, “Fórmulas para arruinar la Navidad”, “Los héroes de Caracas”, “Consultorio criminal”, “Manual para el bromista insoportable”, “Platos crueles”, “Ley del sueño”, “La muerte del zancudo”, entre otras más, tan serios y sesudos como hilarantes. Una combinación peligrosa en estos tiempos amorosamente odiosos, ya saben por qué, estimados timados por la rojedez del tiempo.

Y digamos que nos despedimos. Y digamos que no para recomendarles que busquen bajo las piedras este libro de don Otrova Ballestas y/o Jaime Gomas, tejido Otrova Gomas o Jaime Ballestas para quienes deseen saber sus señas particulares y marcas de agua.

Buen provecho y buena música.

Alberto Hernández

Poeta, narrador, periodista y pedagogo venezolano (Calabozo, 1952). Reside en Maracay, Aragua. Tiene un posgrado en literatura latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar (USB) y fue fundador de la revista Umbra. Ha publicado, entre otros títulos, los poemarios La mofa del musgo (1980), Amazonia (1981), Última instancia (1989), Párpado de insolación (1989), Ojos de afuera (1989), Nortes (1991), Intentos y el exilio (1996), Bestias de superficie (1998), Poética del desatino (2001), En boca ajena: antología poética 1980-2001 (2001), Tierra de la que soy (2002), El poema de la ciudad (2003), El cielo cotidiano: poesía en tránsito (2008), Puertas de Galina (2010), Los ejercicios de la ofensa (2010), Stravaganza (2012), 70 poemas burgueses (2014), Ropaje (2012). Además ha publicado los libros de ensayo Nueva crítica de teatro venezolano (1981) y Notas a la liebre (1999); los libros de cuentos Fragmentos de la misma memoria (1994), Cortoletraje (1999), Virginidades y otros desafíos (2000) y Relatos fascistas (2012), la novela La única hora (2016) y los libros de crónicas Valles de Aragua, la comarca visible (1999) y Cambio de sombras (2001). Dirigió el suplemento cultural Contenido, del diario El Periodiquito (Maracay), donde también ejerció como director, secretario de redacción y redactor de la fuente política. Publica regularmente en Crear en Salamanca (España), en Cervantes@MileHighCity (Denver, Estados Unidos) y en diferentes blogs de Venezuela y otros países. Sus ensayos y escritos literarios han sido publicados en los diarios El Nacional, El Universal, Últimas Noticias y El Carabobeño, entre otros. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, al italiano, al portugués y al árabe. Con la novela El nervio poético ganó el XVII Premio Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana (2018).

Sus textos publicados antes de 2015
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Alberto Hernández

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