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Hace poco murió Atanasio Alegre, un venezolano venido de León, España, quien aquí se encontró con él mismo a través de su escritura. Psicólogo, narrador, cronista, universitario abierto al mundo como debe ser un universitario, miembro de la Academia de la Lengua en el país que lo acogió y lo amó.
Entonces se marchó este hombre virtuoso allá lejos en Europa mientras en Venezuela el silencio se cuaja en nuestros oídos. Afortunadamente, los libros de don Atanasio nos brindan la alegría de revisarlos, tomarlos como si lo abrazáramos y tenerlos siempre a la mano, como si él estuviese en nuestra casa. Vigía permanente de las letras.
Me asimilo en las páginas de La caricia del lobo, publicado por la Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela (Caracas, 1996) cuando Simón Muñoz era el rector y José María Cadenas el vicerrector académico, y la Dirección de Cultura estaba en manos, precisamente, de don Atanasio, quien estuvo acompañado, en el Departamento de Publicaciones, por el poeta Eugenio Montejo. Un libro que tuvo a María Elena Repiso en el diseño, diagramación y montaje; como diseñador de la portada a Santiago Pol y en la fotografía a Miguel Gracia. Todo un lujo, que le da a este libro de cuentos del recordado profesor y escritor recién desaparecido el impulso que la memoria nuestra le seguirá aportando.
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El tomo contiene diecinueve relatos: “Tardes inmóviles”, “Polaco, polaco”, “La caricia del lobo”, “Cambios de rumbo”, “El nuevo ruido de los tiempos”, “La cena”, “El intelectual”, “El señor de los relojes”, “Wahati, el niño frío”, “Luna de noviembre”, “De una misma fuente”, “La acompañante soledad”, “Las fiestas de estas fiestas”, “Diez años de garantía”, “Devaluados”, “Todo el mundo sufre”, “Un hombre solo”, “Demasiado humano” y “Espejo de los días”.
Textos en los que todos los temas son tratados: el exilio, el fracaso, el éxito y la fama, la enfermedad, la agonía, la muerte, el amor, el sexo, la violencia, la soledad, voces interiores que dibujan el fluir de conciencias múltiples, el mundo social festivo. No deja de tocar el mundo de los escritores, de los artistas.
Los dos primeros cuentos nos ofrecen un paisaje del hombre desarraigado de su tierra, que luego de tantos tropiezos alcanza renombre. Una mirada que podría ubicarse en nuestro presente trágico.
Escrito en un español despojado de adornos, no obstante hallamos momentos en los que el narrador usa imágenes poéticas. Su discurrir narrativo le brinda al lector el placer de saberse sujeto a quien cuenta y a quienes actúan en la trama. Es parte de Europa, pero también la Venezuela nombrada en distintos ámbitos de su geografía.
Atanasio Alegre relata desde su conocimiento de la personalidad del venezolano. Desde las argucias de algunos de ellos en los que Caracas es el centro emocional de su accionar.
Un buen libro que debe ser revisado por los lectores.
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