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Aposento de lo cotidiano, de Rosana Hernández Pasquier

lunes 4 de diciembre de 2023
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“Aposento de lo cotidiano”, de Rosana Hernández Pasquier
Aposento de lo cotidiano, de Rosana Hernández Pasquier (La Gota de Agua, 2023). Disponible en Amazon

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Las bondades de toda poesía están en sus imágenes. Los temas se confirman una poética en la medida en que esas imágenes irrumpan con la fuerza necesaria para asombrar o estremecer al lector. Para hacerlo cómplice de una escritura que se convierte en lectura, en un viaje por los diferentes significados del poema y sus secretos.

En esta poesía de Rosana Hernández Pasquier podemos advertir la presencia de un espíritu que habita un lugar. La casa es un ser viviente ineludible donde “han venido a visitarnos las urgencias, / sus claras señales, sus mandatos...”, como afirma la voz de quien inicia este rito verbal que consagra una aproximación o —mejor— un estrecho acercamiento por lo que es posible identificar en los habitantes de estas páginas de la poeta villacurana.

La casa, como portadora de luces y sombras, sigue siendo la mejor compañera para proteger los afectos, los enigmas, el tiempo que reposa a veces en un rincón o en la mirada serena de un pájaro que tiene como hogar los gajos frutales de una mata en el patio.

La casa de Rosana, la conocemos, respira tiempo. Todo el tiempo de una antigüedad sonoramente silenciosa porque ha sido habitada por quienes a diario la construyen. Es una casa donde la historia de sus habitantes es también el aposento de la memoria.

En ella, en su seno, están los que una vez respiraron el aroma floral de un pequeño patio donde se colma el universo. Allí están el padre, la madre, el hermano, la hermana, los familiares y amigos que han vivido, que han respirado sus paredes, sus diferentes climas. En ella, en su corazón, han palpitado quienes ya no están pero siguen estando, siguen en los retratos, en la voz diaria de quienes los nombran y los fecundan cotidianamente.

La casa —entonces— es un personaje con toda la fuerza que sus habitantes le insuflan.

 

2

Pese a que muchos analistas defienden la reflexión poética, sería bueno dejar dicho que la poesía, aunque allegada a la filosofía, va más allá de ésta. De manera que las imágenes representan la frecuencia de la creación poética. Por supuesto que la poesía reflexiona, pero desde las imágenes, desde la invención, desde la recreación, desde la locura, desde la belleza, desde lo oculto, desde lo secreto. La filosofía es pensamiento, como la poesía, pero carece de la gracia de la poesía.

De modo que sin imágenes la poesía es un poema que ambula en busca de aliento, en busca de un aliciente que lo convierte en esa magia presente en este libro de Rosana, donde la realidad se transforma, se hace belleza desde su inasibilidad misma. Es decir, desde su imposible. Toda poesía es un imposible porque no se define. La poesía Es. Está, respira, inventa desde su sonoridad, desde lo insólito de sus imágenes.

Y para confirmar lo antes expresado, estos ejemplos de imágenes que hacen de este libro un inventario de poesía, de creación de un mundo, de ser el aposento de lo cotidiano desde la casa como personaje, como habitante de quienes la habitan. La casa es también un sujeto que comparte temores, alegrías, pasiones.

He aquí los ejemplos de las imágenes que se revelan cosmos poético en este libro:

“La luna ha venido a acomodar / su redondez sobre el mantel” (...) “ahora la casa es un cauce (...) por donde vuelven voces y rostros” (...) “porque mi abuela Ana Josefa / aparece florecida” (...) “cántaro / de la conversación” (...) “el bronce de la muerte” (...) “La calle es una huérfana más, / hiere la soledad de sus aceras” (...) “este latifundio de pesadillas” (...) “el paisaje aroma otras maderas” (...) “Vas colgado de las sílabas” (...) “Santísima mata de aguacate” (...) “Temprano se arremolinó la desdicha” (...) “El ocaso pasa por este mapa” (...) el corazón de nuestros pasos” (...) “nace la mesa que también es árbol”.

 

3

Este libro nos ofrece una poética titulada “En blanco”:

la poesía no sabe de páginas, / pero el océano invisible de su voz / las marca, con las huellas/ de sus cascabeles.

Y así hasta la mesa donde el plato verbal se hace carne poética.

Alberto Hernández
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