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En el prólogo del libro Giros, del poeta Augusto Padrón, el también poeta José Ramón Medina descargó todo su conocimiento acerca de los protagonistas del mundo cultural de la época en la ciudad de Maracay y sus alrededores.
El libro fue editado por Impresora Capital en mayo de 1975. La portada y la diagramación son de Napoleón Pisani.
Giros es un libro de poemas, como el mismo autor lo apunta en la portada. La poesía de Padrón es un tanto irregular pero muy sentida. Es una poesía de aquellos días en los que escribir estaba muy cerca de las pequeñas cosas que atañen más que todo a la inocencia, no al pensar reflexivo, intelectual. Son versos muy cercanos a la tradición nativista, al folklore, a la celebración regional, a la vegetación, a la naturaleza tropical, a la ciudad desde su lejana soledad. Es un cuadro cuya ternura atiende a lo pedagógico escolar, con una decencia procurada por la religiosidad, por la abundancia de fe en el aire que se respiraba. Pero es también una poesía del dolor, escrita desde la absoluta sinceridad que se profesaba para compartir la sonoridad de las palabras, sin ninguna ambición pública en el sentido de que el yo protagonizara su presencia.
Conocí a Augusto Padrón en los años setenta y me aconsejó acerca de no dejar nunca que las palabras se alejaran de mis búsquedas. Era un hombre ya mayor siempre de liquilique, impecable, elegante, muy católico, pequeño de estatura y de hablar pausado y respetuoso.
No obstante, hay textos que merecen ser atendidos, pero será en otra ocasión.
Esta crónica está dirigida a hablar de los muchos hombres que formaban parte de una suerte de cofradía cultural, mencionados por José Ramón Medina en el prólogo que escribió para el libro Giros del poeta Padrón, como ya hemos dicho en líneas anteriores.
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En ese texto que hace entrada al libro de poemas de Augusto Padrón, José Ramón Medina se pasea por la vida de sus compañeros de estudio y correrías bohemias y culturales de Maracay. Habla del periódico regional La Voz de Aragua, que se editaba en San Casimiro gracias a los hermanos Luis Roberto y Eleazar Casado.
Menciona a escritores como Sergio Medina, Julio Morales Lara, Gonzalo Carnevalli, Miguel Ramón Utrera, Luis Pastori y Ángel Raúl Villanueva, quienes según Medina “estaban muy cerca del latido primordial de la palabra poética de Augusto Padrón”.
El Colegio Federal de Maracay sirvió de lugar de encuentro entre muchos de los intelectuales, escritores y artistas que hacían vida en la ciudad. En esa escuela-liceo trabajaba un profesor, Clemente Brito Fernández, quien influyó mucho en la vocación de muchos jóvenes. También otro docente, Hugo Ruan. Un joven aragüeño, quien muriera trágicamente, Fermín Medina Vargas, igual era parte de ese ánimo emprendedor.
Domingo Maza Zavala, menciona Medina, estaba a punto de terminar sus estudios de bachillerato, “serio y circunspecto”. Federico Brito Figueroa, “atraído por la política”. Godofredo González, quien escribiera páginas importantes sobre la vida de la Maracay de la época y posterior a esas aventuras juveniles.
Augusto Padrón, desde afuera, como dice Medina, siempre apoyaba los eventos y actitudes de sus compañeros de generación, unos más avanzados que otros. Junto a Padrón estaban el general Antonio Nicolás Briceño, Jesús Tenreiro Francia, el médico Cornelio Vegas Contreras, los poetas Pedro Brea, Trino Celis Ríos y Miguel Ángel Álvarez.
Medina traslada sus recuerdos a La Victoria, donde oficiaba el “viejo” Carlos Aponte, acompañado del “ejercicio poético” de Ángel Raúl Villasana. En San Sebastián de los Reyes, Miguel Ramón Utrera, “en su retiro bucólico de magisterio y poesía”. En Cagua, el poeta Hugo Olivero, sonetista.
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Precisa el poeta Medina que en el Ateneo de Aragua y en dos grupos literarios, el Sergio Medina y el Padre Borges, “compartían las actividades culturales de la ciudad”, donde estuvieron los poetas Carnevalli, Morales Lara y Alcibíades Matute Sojo. Como animador de esos jóvenes, el profesor Víctor M. Orozco. Mencionaba también a Gustavo Jaén, quien “ya era un nombre de reconocida amplitud regional y desde las páginas de su semanario Tierra Nuestra encauzaba una certera lucha reivindicativa de los postulados democráticos”.
Por aquellos días publicada Francisco Pérez Jiménez un suplemento humorístico “mientras hacía labores en el correo de Maracay”.
En la revista Juventud, añade Medina, se concentró finalmente “nuestra acción estudiantil y el fervor ansioso de la causa intelectual de la cual nos creíamos portadores”. Allí estuvieron Fermín Medina Vargas, Godofredo González, Ignacio Medina y Antonio Moreno, entre otros estudiantes.
Sobre la poesía de Padrón, José Ramón Medina expresa que “no es de profundidad metafísica, ni de arrebatado tono onírico, ni de desequilibradas contorsiones retóricas”.
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