
“Las palabras fueron inventadas
y estos versos ya son míos (...)
el punto se transforma en alguien”.
Hugo Achugar
1
Antes del poema, el vacío, el punto ciego. Después del punto final, la poesía. Se lee y se escribe entre puntos, entre distintas distancias. Los puntos, el punto, ese plural singularizado, se ha revelado como una poética en la escritura del poeta y ensayista uruguayo Hugo Achugar (Montevideo, 1944), quien, precisamente, acaba de publicar un poemario cuyo título celebra la presencia o ausencia de ese signo que nos lleva y nos trae, en una suerte de ir y venir en el tiempo, toda vez que se comienza y se termina: el poema es un clima que favorece su propio estar, ser el alfa y el omega, el principio y el fin, la vida y la muerte, el día y la noche.
Así, nuestro autor ha entrado desde ese vacío y ha desarrollado toda una carrera de puntos, los gramaticales y los que la existencia nos ofrece para retarlos.
Los títulos, cuarenta y cuatro en total, nos guían a través de esos puntos, esas pausas o silencios que procuran la musicalidad de una lectura o los tropiezos que la existencia crea para descubrirlos. Todo punto es una mirada, una distancia entre un horizonte y otro. El poema es esos dos horizontes, encerrado entre esos puntos que podrían convertirse en suspensivos, porque la vida ni la muerte se detienen, así como las palabras se confirman eco en el silencio o en el bullicioso mundo: la poesía apacigua muchas veces la presencia de ese signo, a veces lo obvia y le permite al lector imaginarlo.

Un punto es también un equilibrio frente al abismo, como para recordar a Pound. Siempre estamos en el punto en el que el precipicio crea el eco del poema o nos olvida.
Los enumerados poemas, con la excepción de “La vaca en el baño”, son una conjunción que podría leerse como un poema.
Hagamos un ejercicio con los títulos y pasaremos a ser parte de ese Punto y sus distintas formas de uso. Aquí va la aventura:
A punto de
con el punto
punto y coma
punto y seguido
punto continuado
punto posible
punto cruz,
estar a punto de
punto de vista
poner a punto
sin punto a la vista
el punto
punto tras punto
punto a punto
punto aparte es
del punto
punto sin interrupción
hasta cierto punto
a partir de cierto punto
punto de encuentro
el punto de mira
punto de equilibrio
sin punto de comparación
en este punto
en algún punto
esperado punto
punto en blanco,
punto en solitario
punto brillante
a punto
¿punto y?
el punto en cuestión
Punto
punto y san se acabó
punto profeta
La vaca en el baño.
Si el lector se anima a convocar cada versión del punto y escribir entre él, antes y después de él, se tropezará con un poema, con una manera de abordar el signo ortográfico como parte del imaginario de cada lector.
2
Confirmarse parte del punto cifra una travesía, así como el texto que nuestro autor nos ofrece:
dar vuelta la página
de iniciar el viaje
zambullir el cuerpo todo
en una hora
de pura vida
................vida nueva.
Es decir, somos un punto en el cosmos de la escritura, en ese universo donde las palabras afirman o se desdicen, hablan o callan. Somos, en consecuencia, génesis y apocalipsis por los tiempos que vivimos entre tantos puntos opacos, entre la algarabía de los puntos dispersos.
Para encarar esta realidad están los distintos puntos que a la larga es uno solo como uno solo es el espíritu.
Cada signo responde a una crisis, es decir, al decir de las mismas palabras, de su esencia. Los puntos contienen a las palabras y les ofrecen el sentido de su forma. Un agujero por donde se plasman los sentidos, el significado de un verso, el ritmo de la respiración.
La fortuna de saber del Punto se puede encontrar en esta afirmación del poeta uruguayo:
La palabra esta tarde
de verano con nubes
es presente y futuro
un hoy sin ayer (...)
Soy puro presente.
Queda en el aire puntual lo antes afirmado: comienzo y fin, apertura y cierre, vida y muerte, sí y no. Punto de inicio, punto final. Los intermedios son la expresión de cada paso dado. El tiempo es palabra: pasado, presente y futuro se traducen en el punto recordado u olvidado, en el que se usa en el instante del ahogo y el que habrá de ser el cierre.
Ese “puro presente” nos advierte de “el deseado laberinto”, el cretense de las palabras, las muchas veces con todos sus puntos. El punto separa y junta. Solitario o mellizo ofrece la posibilidad de muchos significados y la poesía es la mejor de las revelaciones para decirnos que ese Punto, el multiplicado, también son los distintos paisajes del lenguaje.
3
El poeta voltea hacia un punto lejano y toma prestado un verso del Siglo de Oro español, ese “polvo enamorado” que también es un punto de inflexión: “la monotonía del deseo // que habrá esperanza y cederá el dolor / que polvo seré enamorado”, sin dejar de dar cuenta del “deseado laberinto”.
Y así, el tiempo, el tiempo, extensión líquida y memoriosa, en movimiento entre los puntos salinos de nuestra sangre:
en infinito posible punto
qué indómito océano
que fuerza lo posible
Y desde esa dimensión:
...es el lugar de la palabra
el puro espacio del aire.
El poeta no se queja, acepta su tiempo, su punto en el que convergen memoria y lejanía: “me espera la próxima canción // las voces del relámpago (...) y hacer paces con la historia”.
Antes del punto, el pensamiento, luego la letra acompañada del signo, del punto y sus variantes anímicas o carnales, y en ese trajín: “subo / la cuesta con paso decisivo sin rumbo”. No obstante, “agradezco la mañana recién nacida (...) la hora que me espera / extiende sus brazos y me recibe / con melodías sencillas / y una enorme serena alegría”. Los puntos se unen: el poeta habla acerca de su destino. Y sin sobresalto alguno: “punto tras punto / en el camino y así poder regresar”, al punto inicial, el invisible, el que anuncia el poema, la poesía, la vida.
Continúa aferrado al punto final: “Ya no importa ya / la niebla desapareció / ya no llueve sobre mojado (...). La hora anuncia próximos / días sin puntos irónicos / molestos”, y desde ese punto de vista: “La luz no puede ser descrita / no hay palabra para celebrar su pureza”.
4
Una voz dentro de un punto, un “alguien” que susurra: “El punto se transforma en alguien / más joven o no / se convierte en otro con apellido / combinado compuesto y pasa”. Ese “punto com” que nos ha traído la tecnología: este presente de tejidos verbales y de imágenes que a veces corrompe nuestros puntos de apoyo.
El poema continúa entre punto y punto para cerrar: “El poema termina / en una línea sin promesa / sin punto muerto punto / en contra punto penal / sin contrapunto sin clausura / punto alguno cualquier punto / sin siquiera un punto final.
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