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Quino: el alquimista de un mundo mejor

jueves 1 de octubre de 2020
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Joaquín Salvador Lavado, Quino
Quino y Mafalda en una década pusieron al mundo en su lugar. Fotografía: ActuaLitté
Tómate tu tiempo para hacer las cosas, no caigas en el clásico “no tengo tiempo”.

Murió Quino. Un filósofo existencial, irónico, freudiano, sociólogo, alquimista, ventrílocuo de la clase media; uno de los padres de la generación de los sesenta, artista gráfico excepcional y desde luego creador, padre de Mafalda y sus singulares familiares y amiguitos: padre, madre, hermano (Guille); Susanita, su mejor amiga, Felipe, Manolito y Libertad, su último e indispensable personaje.

Se va en un año desconcertante, que cuando le explicaron qué sucedía, exclamó qué barbaridad y no podía creerlo, porque toda esta historia ficcional que estamos viviendo no cabe en una tira cómica, aunque Mafalda hace muchos años advirtió cómo veía y sentía el mundo.

Cuadrito a cuadrito Quino fue retratando el mundo de los sesenta y principios de los setenta, porque en 1973 puso punto final a su última tira.

La visión del mundo de esta niña argentina de seis años está más vigente que nunca con su conciencia social y crítica por una mejor humanidad, un mundo más solidario, comprometido con los de abajo, más justo, equitativo. Una idealista incansable, llena de humor, ocurrencias, desnuda permanentemente el establecimiento y la autoridad arbitraria. Paz, amor, una humanidad humana, sin violencia.

Mafalda les envía un mensaje con claridad meridiana a los millennials cuando alerta: “¡Sonamos, muchachos! Resulta que si uno no se apura a cambiar el mundo, después es el mundo el que lo cambia a uno”. ¿Necesita una explicación este pensamiento?, me pregunto.

Una chica intelectual, amante de los libros: “¿No sería hermoso el mundo si las bibliotecas fuesen más importantes que los bancos?”. Vigente, actual, sin pelos en la lengua: “El problema es que hay más gente interesada que interesante”. “Los diarios inventan la mitad de lo que dicen. Y si a eso le sumamos que no dicen la mitad de lo que pasa resulta que los diarios no existen”. Simple, directa, profunda, una ecuación con su incógnita despejada.

La pibita, con su inocencia espontánea y su sagacidad, se expresó más allá de la sociedad argentina, los grandes temas que ocupaban y preocupaban al mundo en su época; el asesinato de Kennedy, la guerra de Vietnam, el feminismo, la carrera espacial, la religión y los derechos humanos fueron de su atención y hay tiras no tan cómicas para expresar estas inquietudes que en el siglo XXI no abandonan al hombre contemporáneo.

Cuadrito a cuadrito Quino fue retratando el mundo de los sesenta y principios de los setenta, porque en 1973 puso punto final a su última tira, “porque me era muy difícil no repetirme”. Mafalda es patrimonio de la cultura argentina, la visión de esa sociedad y del mundo que habitamos, por un artista que escribe día a día su propio pentagrama con una notable sensibilidad, sinceridad y sabiduría, y cuyas tiras han sido traducidas a unos treinta idiomas, entre ellos el arameo y el japonés.

Quino y Mafalda en una década pusieron al mundo en su lugar. Una niña realmente contestataria. “¿Y no será que en este mundo hay cada vez más gente y menos personas?”.

Mafalda fue un sí a la democracia, sí a la justicia, sí a la vida, valores esenciales y caros a nuestra generación.

Mafalda nació el 29 de septiembre de 1964 y su autor parte el 30 de septiembre de 2020, en la quietud y sencillez de su natal Mendoza, frente a la majestuosa e imponente Cordillera de los Andes. Hijo de andaluces, Joaquín Salvador Lavado Tejón, Quino, un humanista a tiempo completo, creó su personaje icónico tras una frustrada incursión publicitaria. La agencia Agnes Publicidad necesitaba producir una historieta para promocionar una línea de electrodomésticos bajo el nombre de Mansfield. Quino recibió el encargo y ese día fue a ver una película donde apareció el nombre Mafalda de una niña y le vino a la mente el futuro personaje. Pero la campaña, como tantas ficciones publicitarias, no se realizó, y se quedó con las imágenes. Al año siguiente, relata el propio Quino, editó la tira familiar sin la niña mágica, digo yo. Tuvo un conflicto con el diario Bahía Blanca y se retiró con sus monitos. Así que se mudó a El Mundo, el 15 de marzo de 1966. Se cerró el diario y Mafalda incursionó por las provincias argentinas. No encontraba su lugar y ya la televisión era una gran competidora. En junio del 68 reapareció en la revista Siete Días Ilustrados y de ahí en adelante Mafalda se transformaría en un personaje sin fronteras.

Mafalda fue un personaje que compartió, formó parte importante de nuestra generación de los sesenta, como los Beatles, la guerra de Vietnam, los viajes espaciales. Mafalda fue un sí a la democracia, sí a la justicia, sí a la vida, valores esenciales y caros a nuestra generación. ¿Algo nuevo, muchachos?

Las portadas de diarios influyentes de distintas partes del mundo despidieron a Quino, pero esta niña descendiente de Cervantes, nieta de don Quijote de la Mancha, hija de Argentina, de los dolores y luchas de América Latina, no va a desaparecer porque representa nuestra historia y forma parte de nuestro futuro.

 

Epílogo

“¿No sería más progresista preguntar dónde vamos a seguir, en vez de dónde vamos a parar?”.

Rolando Gabrielli
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