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Louise Glück: la poesía vuelve al Nobel

viernes 9 de octubre de 2020
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Louise Glück
Con Glück la Academia hace un reconocimiento a la poesía, un género poco cotizado en el mercado y algo alejado de las últimas premiaciones suecas.

La lotería del Premio Nobel de Literatura no es nueva, y la Academia Sueca, renovada, luego de un traspié histórico, nos demuestra que no hay favoritos y que 2020 es un año de sorpresas para algunos y postergación para otros.

Me confieso muy lejano a la obra de Louise Glück, la poeta norteamericana ganadora del Nobel y a quien ya el ex presidente Barack Obama había hecho un notable reconocimiento en la Casa Blanca, donde la poesía no es precisamente la especialidad de la casa.

Lo que resulta relevante es la puesta ad valorem del genero poesía y femenino, dos reconocimientos interesantes en tiempos de pandemia, en medio de un escenario distópico realmente que todo se ajusta en la medida de cómo vaya transformándose la incertidumbre en sí misma.

No nos alejemos de Louise Glück, 77 años, neoyorquina, profesora de la Universidad Yale, autora de diversos poemarios y ensayos, galardonada previamente con el Pulitzer.

La distopía está en curso, no es nueva, pero se ha acrecentado y amenaza con acelerarse aún más, sin querer ser alarmistas, porque un cambio drástico para que la humanidad tome un curso más aceptable, sostenible, en una palabra, requiere algo más que una vacuna milagrosa. La sociedad no es perfecta; quizás, como apuntan las escrituras, lo fue durante un tiempo, con la primera pareja, hasta que perdieron el Paraíso, y las páginas que se fueron escribiendo en adelante no son las más idílicas o las menos conflictivas.

Glück leía pasajes bíblicos en su formación, un hijo suyo se llama Noé, y estudió a fondo el mundo grecolatino y se subió al diván para autoanalizar su yo producto de una anorexia y conflictos con su madre.

No nos alejemos de Louise Glück, 77 años, neoyorquina, profesora de la Universidad Yale, autora de diversos poemarios y ensayos, galardonada previamente con el Pulitzer, la Medalla Nacional de Humanidades, el National Book Award en 2014, laureada también en Estocolmo con el premio Tranströmer, promovido en memoria del último Premio Nobel sueco, fallecido en 2015. Glück, nieta de judíos húngaros, no era una desconocida en Suecia, ni en el idioma español, ya que ha sido traducida por la editorial Pre-Textos.

Se ha dicho, una mujer común y corriente que, desde su propio interior y de las cosas, la naturaleza, trasciende y universaliza la vida sencilla, afirman de alguna manera la Academia y sus editores. Ella sostiene asimismo en El iris salvaje, Ararat, Averno, una interpretación visionaria del mito del descenso de Perséfone al infierno en el cautiverio de Hades, el dios de la muerte, reconoce y destaca la Academia. Glück ha publicado otros cuatro libros que los estudiosos han puesto en la balanza del Nobel: Las siete edades, Vita Nova, Praderas y Una vida de pueblo.

Reconozco que las traducciones no me satisfacen del todo, en poesía se pierde mucho y a veces el poema adquiere una simpleza tosca, pero mi inglés es de aeropuerto.

Una de las claves para acercarnos a los méritos de la autora, según la Academia Sueca, es su capacidad para mezclar los mitos griegos con el presente, y diría, como los filósofos, hacerse continuas preguntas para buscar y trascender su verdad íntima. La poesía de Glück pone a brillar además aquello que se oculta y en lenguaje cotidiano pareciera hacer oídos sordos a la mirada.

Sobresale, para aquellos que están en el oficio y comienzan, mejor aún, una obsesión por escribir cada vez un libro diferente al otro. Algunos sostienen que en toda su vida han escrito el mismo poema. Cosas del oficio, marcas personales de cada autor, vivencias y aproximaciones indiscutibles a la palabra. Es muy valioso observar a través del oficio, de lo dicho y lo no dicho, lo confesional de alguna manera, cómo se reescribe una vida diariamente en una hoja de papel, como pareciera reconocerlo en alguno de sus ensayos, ver que la poesía, la escritura, este privilegio de asumirse a sí mismo, también es palabra de salvación. Por esa huella, tal vez encontremos lo más valioso de un autor. El mayor reto para leerlo es esta invitación a descubrir, revelar su ser.

Reconozco que las traducciones no me satisfacen del todo, en poesía se pierde mucho y a veces el poema adquiere una simpleza tosca, pero mi inglés es de aeropuerto, no puedo exigir más. La Academia, me parece, hace un reconocimiento a la poesía, un género, oficio, poco cotizado en el mercado y algo alejado de las últimas premiaciones suecas. Al mismo tiempo sólo dieciséis mujeres han ganado el lauro, que ya cuenta con 113 premiados.

“Sirena” es uno de los poemas citados por la prensa: “No quería irme a Chicago contigo. / Quería casarme contigo, quería / que tu mujer sufriera. / Quería que su vida fuera como una obra de teatro / en la que todas las escenas son tristes. / ¿Piensa así / una buena persona?”.

Louise Glück confesó en una entrevista que quería ser actriz, pero descubrió que no tenía dote alguna para ese papel y que en verdad deseaba que la aplaudieran. Dentro de poco la saludará un rey escandinavo y, como en un cuento de hadas, la aplaudirá el mundo de las letras.

Rolando Gabrielli
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