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Titulares de hoy

sábado 24 de octubre de 2020
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Kim Jong-un
Kim, el rey del suspenso, no aparecía, no desmentía, y occidente, entretanto, de manera práctica, se entretenía preparando su sucesión.

Los medios de información sí han cambiado y el periodismo más, es decir, su contenido y reglas para los lectores. La desinformación también ha ganado terreno, se codea con la banalidad, la imbatible farándula, las nuevas señales digitales que se mueven como ratas en el trigal. El periodismo no es actualmente el cuarto poder, como siempre se le comparó con los otros tres, sino hoy comparte el poder, es el brazo armado de la desinformación, control de las mentes y su estupidización colectiva. El saco es grande y profundo, existen raras excepciones, intentos de decir la verdad, investigar, promover buenas noticias, la cultura, ciencia, educación, entretenimiento inteligente, pero el basural informativo entra por la ventana apenas te sientas a desayunar. Es un muy masivo y abrumadoramente serial, repetitivo, absolutamente viral, engañoso mensaje que suele dar la vuelta al mundo por todo tipo de medio de comunicación y plataformas delirantes con Abbott y Costello al mando.

Hace unas semanas, un periodista veterano me informó que CNN había dicho que Kim estaba muerto o gravemente enfermo.

No pensaba escribir este artículo, esta nota con cierto colorido, pero algunos titulares singulares que surgieron al azar esta mañana me empujaron literalmente a escribir sin parar, y surgió en mis dedos una feroz pulsación sobre la supuesta realidad imposible de detener.

Lo banal, distópico, líquido, como se le quiera llamar a esta nueva realidad previa a la anterior, parecida a la actual, algo diferente a los próximos años, cualquiera sea su clasificación, es el puente que deberá atravesar el nuevo paradigma si quiere existir, convertirse en realidad de una nueva realidad con esperanza de cambiar las cosas. Son distintas realidades paralelas las que ficcionan los días de este siglo a un mismo tiempo.

Leo, no importa dónde, porque mañana una televisora, un youtuber, alguien en Facebook, en alguna plataforma, a través del WhatsApp, en un fragmento microscópico de Instagram, podrá repetir la misma información con la máxima originalidad posible: “Una novia me dijo: la bici o yo. Me la puso fácil, la bici”. El autor de la genial frase es un ciclista. No podía ser otra persona, se trata de un especialista de las dos ruedas, la delantera y la trasera. Hay seguidoras de estas estrellas que les llaman grupetas y viajan por las carreteras imitando a sus ídolos, rodando por la vida. Otro titular: Revienta TikTok, la plataforma fantasma de la Casa Blanca, con su minibikini, agrega como si no aparecieran millares de imágenes por día. Las dos piezas fueron originales en 1945 y Brigitte Bardot causó revuelo en Cannes en 1953.

En medio de la diversión, de estos cómics noticiosos, pulsos de época, pantallazos del siglo XXI y sus propias atmósferas, también se incluyen en el coctel noticioso noticias impactantes: China vs Estados Unidos, Xi Jinping llamó a sus soldados a prepararse para la guerra. Aparece como un cartelito, pero su contenido mete miedo a un mundo ya miedoso de por sí, donde la incertidumbre adquiere categoría VIP. Más del 90 por ciento de los medios en América Latina son controlados por empresas, grupos económicos, consorcios, que impiden una real libertad de expresión. Y se comparten una misma historia, que muchas veces vienen de cadenas extranjeras. Un periodismo que se origina y circula como una muñeca rusa, una matrioshka.

Hace unas semanas, un periodista veterano me informó que CNN había dicho que Kim estaba muerto o gravemente enfermo después de una operación al corazón. Escuché, revisé medios, busqué y la noticia era de una sola fuente. Decidí esperar, antes de tomar una decisión y especular.

Recuerdo que la noticia ingresó a la red con el impacto de un dron de precisión y se esfumó asustadiza como una lagartija de patio. Murió Kim Jong-un o está grave. Se hizo una operación de urgencia al corazón, se había desplomado previamente. Visitaron Corea del Norte médicos chinos. El presidente Trump dijo: no creo que sea cierto, no tengo indicios. Después se dijo, si no ha muerto, estaría en estado vegetativo. Según las fuentes, postrado en cama, sin recuperación, en cualquier caso. Según TMZ, portal estadounidense y fuentes de Hong Kong y otra fuente muy sólida, Kim ya habría muerto. Todas las fuentes, dijo una fuente, provienen del extranjero. La revista japonesa Shukan Gendai negó que estuviera muerto, pero sí está en estado vegetativo, informó. Un alto funcionario norcoreano negó que estuviera muerto y se mantuvo en anonimato. Trump volvió a decir que creía que el informe sobre su muerte era incorrecto. El rocket man, el hombre cohete, como le llamaba Trump a Kim —frase prestada de Elton John—, parecía que había partido al espacio sin retorno. El curso de la información, surgida al parecer en Seúl, primero de una supuesta operación al corazón que había derivado al estado vegetativo, continuaba viento en popa. HKSTV, de Hong Kong, aseguró que Kim Jong-un ha muerto. Tiene quince millones de seguidores en la web china Weibo. Una buena sintonía para seguir multiplicando la información. Kim, el rey del suspenso, no aparecía, no desmentía, y occidente, entretanto, de manera práctica, se entretenía preparando su sucesión. La última vez se le había visto cojeando. Si Agatha Christie viviera, pensé. Los satélites espías revelan fotos de un tren estacionado en la zona costera hace muchos días y probablemente es el que usa Kim. La célebre Agatha, un día de 1926 desapareció misteriosamente. Su automóvil apareció en el bosque de Surrey con un pasaporte caducado. La reina del crimen se había esfumado en medio de una infidelidad conyugal. Después de once días de una intensa búsqueda, la encontraron en un hotel y dijo que había perdido la memoria. Difícil de creer, se había registrado en el hotel con el apellido de la amante del marido. Nunca reveló el móvil de esa fuga y se llevó el secreto a la tumba. Ella comenzó matando con estricnina en sus primeras novelas policiacas, pero su propio caso nunca se resolvió.

Kim aparecería días después inaugurando una fábrica de fertilizantes, al cortar públicamente una cinta, y la fake new se evaporaría como las nubes en un cielo de verano.

Los medios a través de Internet están dictando cátedra de desinformación. Las redes sociales no tienen competencia, son la catedral de las fake news, superan a la mejor cadena informativa del mundo, son millones de corresponsales que hablan al mismo tiempo en la babel más colosal creada e impensada hace unas décadas.

Nunca como ahora, la profesión de periodista podría ser tan extraordinariamente importante, como la necesidad de recibir una información transparente, real, creíble, con respaldo de hechos, fuentes, argumentos sostenibles, y no de dudosa, engañosa, falsa, supuesta realidad.

Los expertos en las cuestiones y asuntos más sensibles de la vida humana no sólo abundan, sino manejan toda suerte de teorías alejadas de la ciencia, de los hechos, del sentido común, de la verdad principalmente.

Las fake news son un fantasma que recorre el mundo segundo a segundo, no tienen frontera, son fuente de una anarquía verbal colectiva, escenarios de virus de un malestar social que pareciera incontenible y se dispara por los parlantes globales del ciberespacio. Frenesí de la lengua humana, proliferación de gurúes, mesías, diagnosticadores, profetas, influencers (qué palabra) en medio de una prensa que ha perdido credibilidad y más controlada que en otros épocas por los poderes fácticos. Hay fábricas de trolls que difunden el caos y la contradicción, y reproducen la falsedad del invento para acondicionar incautos.

La publicidad ha estado desplazándose a los medios digitales y a Internet en general, porque ahí está el grueso del público y de consumidores, sobre todo, del entretenimiento.

Después de todo, con casi cincuenta años de profesión uno desarrolla algo el olfato, la prudencia, reafirma la ética, y en tiempos de viralización de fake news, con mayor razón esto se transforma en un plus y es una obligación.

El periodismo, la venta de las noticias en los medios y los medios mismos en las calles, están cambiando aceleradamente el tipo del nuevo lector que lee noticias, o que tiene la oportunidad de hacerlo. Desde hace un tiempo a esta parte, se ha incrementado una nueva política surgida de algunos periódicos de reconocida trayectoria: cobrar por leer en Internet. La pandemia, que ha impedido en gran medida ventas generosas en papel, aceleró esta fórmula de lectura pagada. Le llaman eufemísticamente: artículo bajo registro. Existe también la modalidad de cuando uno da un clic sobre la información aparece un recuadro muy llamativo con una leyenda; suscríbete para seguir leyendo.

Por otro lado, destacan titulares que se necesitan lectores. Las personas comunes y corrientes pagan varios servicios del mundo digital: Internet, celulares, cable, Netflix, entre otros. Son tiempos difíciles para incluir más costos al mundo online, porque primero está la sobrevivencia. La televisión suple algunos servicios informativos, las redes, los WhatsApp, las radios, en fin, existe una variedad de medios. Un sector importante de la población se alimenta con fake news, es como la comida chatarra, imposible de abandonar a pesar del daño que hace. La mentira engorda la ignorancia; atiborrada de colesterol, amenaza la salud social. Sería interesante escribir, recopilar, el diccionario de fake news de nuestro tiempo.

La modalidad es la misma, algunos enfatizan más esta práctica de entregar un titular y unas líneas con una tarifa. Sólo se puede seguir leyendo si se paga. Hay diarios que casi no permiten ninguna lectura sin cancelar previamente una suma de dinero mensual. Esa política comenzó en The New York Times por el declive de sus ventas en papel, y mantener ese edificio, equipo periodístico, investigadores, compromisos económicos y estatus, tradición de primer periódico en el país, es un reto colosal. La publicidad ha estado desplazándose a los medios digitales y a Internet en general, porque ahí está el grueso del público y de consumidores, sobre todo, del entretenimiento.

La discriminación del lector en una red que se inició gratuitamente, aunque para ingresar hay que pagar un servicio, es un hecho y se va extendiendo y afianzando. Dirán, hay que pagar a los periodistas y la publicidad no pareciera ser suficiente. Todo tiene un costo y un precio. Cuánta buena información de calidad y creativa gratis en Internet. ¿Quién reconoce eso?

Lo preocupante es el control de los medios importantes en pocas manos, la dependencia de los periodistas de esas casas informativas, la globalización de la interconexión de diarios, televisoras, conglomerados informativos que amanecen cepillándonos los dientes. De ahí que muchos jóvenes interactúen en las redes de manera exponencial, produzcan sus propias informaciones, la circulen, hagan comentarios, difundan fotos, frases, pensamientos, emociones, dichos, sensaciones, y pongan a andar la más extraordinaria maquinaria productora de fake news de la historia de la humanidad. Es una ola, un enjambre, un galopar de búfalos en el oeste, una estampida verbal, alucinaciones de lechuzas al entrar a un bosque de palabras murciélagas, ciegas.

Ojos abiertos, jóvenes, oídos, atentos, olfato, el detector de mierda que recomendaba como necesario, indispensable, Hemingway, porque el periodista nace, y se hace y rehace cada día frente a los hechos, acontecimientos. Su pasión y ética nunca terminan, ni se dan por derrotadas. La noticia es la aguja en el pajar y una vez que se encuentra se envía enhebrada al lector para coser y dar costura a la información.

Rolando Gabrielli
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