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Los cuadernos mágicos de Norman Foster

viernes 5 de marzo de 2021
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Norman Foster
El lenguaje de Foster y su prodigiosa comunicación está en sus manos. Fotografía: Norman Foster Foundation

El arquitecto inglés Norman Foster no existiría, no podría vivir sin un lápiz en la mano, inclusive en este mundo digitalizado y altamente tecnológico.

Su genio creativo obsesivo, desbordante y sin límites no podría desarrollarlo sin un simple lápiz y las limpias hojas de un cuaderno. Su maquinaria imaginativa requiere de ese par de simples cotidianos instrumentos para convertir la hoja en blanco en el diseño de un edificio, una silla, una puerta, un aeropuerto, libros,

El lenguaje de Foster y su prodigiosa comunicación está en sus manos y dejará al mundo de la arquitectura un legado de más de mil cuadernos con dibujos de sus diseños.

 

Foster se divierte dibujando

Un curioso observador, estudiante de arquitectura, no tendría más que frotar con sus ojos esa verdadera lámpara de Aladino y descubrir así la magia de este mago del diseño. Foster no trabaja, se divierte dibujando, nada escapa alrededor de su actividad diaria, a su pasión por construir un mundo mejor para el ser humano.

Estos cuadernos son y constituyen una formidable universidad para un arquitecto, estudiante o público interesado en el diseño.

Los cuadernos de Foster, contenidos en una selección (Sketchbooks 1975-2020) realizada por el arquitecto, revelan su universo arquitectónico, interpretación a través del dibujo, son el croquis visual de sus sueños, pasiones, obsesiones, interés por producir bienestar a los demás.

Su mano zurda vuela como las aspas de un molino de viento, helicóptero y de los drones que suele dibujar, porque las máquinas también forman parte de su mundo del diseño.

Estos cuadernos son y constituyen una formidable universidad para un arquitecto, estudiante o público interesado en el diseño. El arquitecto británico se conecta al mundo y las futuras generaciones a través del dibujo, como el poeta lo hace con la palabra. Además de sus aeropuertos, edificios icónicos por el mundo —que recoge la prensa mundial—, el genio de Foster se recrea en numerosos objetos con los cuales convivimos diariamente. Son sencillos, de uso corriente, prácticos, útiles, incorporados al uso corriente: anteojos, relojes, lápices, lámparas, camas, camisetas, inodoros, estanterías, etc.

 

Un monólogo perfecto ante la página en blanco

Sus viajes, tiempo libre, son siempre dentro del diseño, pareciera que no pudiera detener su máquina de dibujar. El artista es un solitario frente a la página en blanco —el pintor frente al implacable lienzo—; las teclas blancas del pianista están rendidas ante de las manos de un virtuoso —y es así como ejerce y disfruta su perfecto monólogo, el fruto de su imaginación, la búsqueda de lo desconocido.

Foster+Partners lo integran unos ochocientos profesionales de la arquitectura y de distintas disciplinas que contribuyen y hacen posible este formidable sueño del diseño moderno.

Es difícil sentirse solo ante la extensa geografía humana y territorial que abarca el estudio que se debe a un mundo sin límites, pero el diseñador es en sí un solitario que se debe a su obsesiva imaginación, que lo esclaviza a placer.

 

“Sketchbooks 1975-2020”, de Norman Foster
El arquitecto Norman Foster reúne apuntes y trazos en Sketchbooks 1975-2020. Fotografía: Norman Foster Foundation

Los cuadernos, un viaje al proceso creativo

Estos cuadernos que nos da a conocer la reconocida editorial Ivorypress, que dirige Elena Ochoa Foster, son un notable aporte para descubrir el planeta Foster y equivalen a una suerte de diario de vida del arquitecto, un registro instantáneo de lo que prioriza su creatividad y necesidades de ese momento.

El arquitecto español Jorge Sainz ha recopilado más de quinientos dibujos del colega británico, destellos, dibujos, bosquejos, detalles, ideas, el primer chispazo, inicios de futuros proyectos, obras, croquis de su magnífica arquitectura.

Los edificios construidos reflejan la destreza de un diseñador, pero antes de esas paredes y fachadas están los primeros trazos, las notas alrededor del bosquejo, opiniones descriptivas del momento, ideas que reflejan su diálogo con la página en blanco y preferencias de ese momento único. Es desafiante, intimidante, no cede fácilmente sus blancos espacios a quien convoque sus sueños, imaginación y proyectos sin la gracia de la creatividad.

Los cuadernos son un viaje al proceso creativo de uno de los más grandes arquitectos de los siglos XX y XXI, una formidable aventura iniciática para un estudiante de arquitectura soñador, apasionado verdaderamente por el oficio; son, en verdad, la pedagogía perfecta del valor y los secretos del diseño.

Recuerdo a Nicanor Parra, el antipoeta físico y matemático, siempre con un cuaderno en la mano, tomando nota, escribiendo, corrigiendo, rayando. Era su manera de construir diariamente su obra, que no es poca, de hacer oficio frente a la página en blanco. Sufrió mucho cuando un hijo le vendió parte de sus numerosos cuadernos y que por fin los recuperó. Parra ya tenía más de cien años. La poesía y los jóvenes poetas podrán conocer los secretos de uno de los más grandes poetas del habla castellana entre dos siglos, como Foster. Un lujo en estos tiempos.

 

El boceto es el primer misterio a ir descifrando, como las palabras de un texto literario que van ajustándose al cuerpo definitivo de la obra.

El arte de la curiosidad

La historia de Foster es el arte de la curiosidad, un requisito indispensable para cualquier artista y por supuesto, arquitecto.

En su intenso, extenso, inagotable ejercicio por convertir el diseño en su manera de ser y sinónimo de vivir la vida, Norman Foster, el Caballero inglés de la arquitectura, a sus 85 años trabaja como el primer día en que se inició en este oficio que reta permanentemente la imaginación y perseverancia.

Donde está Foster está el espíritu real de sus proyectos, el trazo que explora una nueva obra, objeto, la forma que les dará vida. La gran lección del británico es su ilimitada curiosidad, inagotable pasión por su oficio, creatividad como un estado de gracia permanente, vivir el presente sin más arraigo que la fuerza de su creatividad. Foster pareciera imitar a Foster cuando le queda tiempo. El placer está en un lápiz y un cuaderno. Para eso hay que tener talento. Es lo que necesita un poeta del siglo XIX o de la arquitectura.

 

El lujo de la memoria, el presente del pasado

La página en blanco adquiere vida al temblor del primer trazo, la primera idea, verso, que irá adquiriendo forma, vislumbrando el destino de la nueva obra o poema. El boceto es el primer misterio a ir descifrando, como las palabras de un texto literario que van ajustándose al cuerpo definitivo de la obra.

Contar con estos antecedentes de primera mano, de toda la vida creativa de un arquitecto, artista, es un lujo para las futuras generaciones. Es historia, memoria, pasado, expresión viva del andar de un oficio complejo que tiene una gran tradición y que se renueva en cada época. Es su propio Ave Fénix que busca respuestas a las necesidades del hombre en cualquier época de nuestra civilización.

 

Epilogando el futuro

Japón ha dado la alarma al mundo al crear el Ministerio de la Soledad. Millares de casas vacías, suicidios, pueblos abandonados. Proyectan para el 3365 la desaparición del último japonés. La nación asiática es una de las más desarrolladas del planeta, altamente tecnificada, robotizada, disciplinada, con grandes tradiciones, educación de primer nivel. Sin embargo, han sonado fuertes las alarmas, más de treinta mil suicidios al año en la patria de los samuráis. La soledad no es un invento japonés. Sartre, el filósofo francés, advertía de una manera inteligente sobre el tema. Si te sientes en soledad cuando estás solo, estás en mala compañía. Japón ya tiene dos millones de jóvenes deprimidos, un verdadero ejército de solitarios, que mundialmente es mucho mayor en número. Ellos están conectados al planeta digital y ven el mundo desde sus cuartos. Los estudios piensan que esa cifra se quintuplicará en Japón con el correr de los años. Los japoneses tienen fama de trabajar duro, no rendirse, manejarse con reglas estrictas, y soportar un estrés más allá de lo rutinario con consecuencias psíquicas fatales. La pandemia ha extremado la tradicional soledad japonesa y llevado a las autoridades a enfrentar el problema promoviendo felicidad, amor, inclusive sexo ante el estancamiento de la población.

También juega en esta época la carta de amarse a sí mismo, un feroz hedonismo, individualismo, egoísmo, egocentrismo, donde el espejo soy yo, parodiando a Luis XIV, el rey francés.

 

Foster “está jugando” con la nueva realidad, con un edificio modular donde las piezas serán de fácil recambio.

La soledad no tiene futuro

La soledad es una epidemia laboral actualmente, los desplazamientos dentro de los países, hacia el exterior, lejos de la familia, producen inevitablemente desarraigo. Foster+Partners está trabajando en una solución a través de una propuesta residencial especialmente para “nuevos talentos”. El arquitecto ha estudiado los espacios en gran parte del mundo y pudo hacer una propuesta ganadora en un concurso, en China, Qianhai Talents’ Apartment, para ejecutivos que privilegian el trabajo sobre sus relaciones sociales. Una respuesta que se pondrá a prueba en 2024. La filosofía es crear un vínculo entre los residentes del complejo habitacional, una suerte de comunidad autónoma. Es la llamada fórmula del coliving, una vieja tradición humana, compartir alrededor de la cocina y de la mesa. Sin duda, eso se ha perdido en las últimas tres décadas. La tradición no parece ser mal, forma parte probada de una buena vida. ¿Para qué inventar más futuro? Quizás Foster se lo preguntó.

Pequeñas cocinetas distribuidas en cada apartamento individual y una cocina comunitaria para doce. Una vuelta a los caminos del oeste alrededor del fogón, a los interminables viajes por el desierto, a ese sentido tan humano de la pertenencia perdida, una cierta soledad compartida.

Foster “está jugando” con la nueva realidad, con un edificio modular donde las piezas serán de fácil recambio, viviendas de fácil restauración en fábricas próximas al lugar, generando además empleo. El coliving no es nuevo, existen numerosos ejemplos. Lo nuevo es la pandemia, la necesidad de mejorar los espacios para vivir y laborar. En Asia el espacio cada día es más disputado, reducido, compartido. Se requieren soluciones para un mayor bienestar y la arquitectura tiene mucho que decir. Foster le saca la suerte al futuro con lápiz y papel.

Rolando Gabrielli
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