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Autorretrato de un fantasma

lunes 4 de octubre de 2021
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Autorretrato de un fantasma, por Rolando Gabrielli
Somos un mar de datos, un puzle en curso, la paralela que no se junta con otra paralela.

Mi vida no tiene ninguna importancia. Señor currículum, se lo digo a usted, señora biografía, caballero autorretrato. ¿Para qué contarla? No superé la etapa de escritor fantasma. Pero no sé hacer otra cosa que escribir. Me motivan estas palabras para un concurso, pero no voy a participar. A Freud le diría por qué no soy objeto del deseo. Fui no sólo anónimo, sino invisible. Por años sin papeles, exiliado del nido geográfico materno a esa condición de ciudadano limbo sin derechos tangibles. Respire como pueda. Ojo, hay inspectores que podrían pasarle la cuenta. El oxígeno no sólo es valioso en tiempos de pandemia, sino para la vida humana. La muerte cívica es la perturbación total de las libertades humanas. Se practica y su representante asiste con total parsimonia a los foros internacionales de derechos humanos. Los desaparecidos, NN, no pudieron escribir su biografía. Cierto, no siempre se sobrevive para contarla.

No quería contar estas cosas, para qué dejar huellas o señales. La autobiografía ya es un compromiso con alguna presencia física, real. Los más mínimos datos los procesa Google, algún provecho les sacará, digo. Son identificaciones anónimas que seguramente irán a algún departamento para tales casos y asuntos, quién sabe. Hijos de la gran Data, somos una suerte de NN vivos sobre la superficie del bien y el mal. Los NiNis, tan de moda, son otra cosa y revolotean por el paisaje del no voy a hacer nada y a mí qué me importa. Los datos, en cambio, pueden servir para algo en un mundo de objetos y personas desechables. Ahí es cuando el futuro tiene o puede tener futuro. Somos un conjunto de datos a la espera de su uso adecuado. Pasamos a ser un perfil para alguna utilidad pública y privada.

 

Los Jardines Colgantes de Marte

Todo esto ocurre en algún lugar, es difícil diferenciar cuando pareciéramos uniformados a una misma tecnología, imagen, a fin de cuentas, unos cuantos puentes, carreteras, parques, rascacielos, malls (shopping), centros comerciales, calles, sitios, eriazos, vertederos, basurales por paisaje, un montón de pizzerías, salas de cine, supermercados, gentes, cities tal y como las conocemos, con todas sus bondades y miserias, cemento de huesos duros, estructuras de acero, ventanales vidriosos, pulmones rotos, pentagramas vacíos, bosques que siguen pasando a peor vida, que es su mortal tala. Quisiera decir me encuentro en Venecia o viajando por el Danubio azul, en la vieja Praga caminando con Kafka, un día con Ulysses en Dublín, en los muelles del alba de Neftalí Reyes Basoalto, la Andalucía del Duende andaluz, por el celuloide de Godard, Long Island del viejo Walt, las calles de la miseria parisina de Vallejo, el Buenos Aires de Borges, el Jalisco de Juan Nepomuceno. Pero no, hablamos de Limbo City, Fenicia, Tierra de Nadie.

Y algunos duermen tan tranquilos, como si Marte nos esperara con los jardines colgantes de Babilonia y unas donas a las puertas de una de sus dos lunas o en el casquete polar.

 

Un mensaje en la introducción de cualquier biografía: mirar caer la lluvia un domingo tras la ventana, como si el tiempo nunca fuera a terminar.

Una hoja al viento de la memoria

No sé. La autobiografía debiera llevar un nombre. Tal vez no el personal. Diría algo así: Memorias anónimas de un sobreviviente perdido en el Paraíso. Podría llamarme Juan Gómez, Micaela Ortiz, Rosendo Juárez. Es tan sólo un nombre. La identidad la sella lo que se hace y deja de hacer. Es como nadar mar adentro con alguna esperanza de llegar a alguna orilla o que te rescate alguien más que no sean los tiburones. Todo eso ha pasado y no sólo en las películas. Y los desiertos no se quedan atrás para advertirnos que ahí se proveen los relojes de arena en su infinito tiempo.

Las palizas en la infancia cuentan, son reales, inolvidables. El castigo del cuarto en silencio. Un mensaje en la introducción de cualquier biografía: mirar caer la lluvia un domingo tras la ventana, como si el tiempo nunca fuera a terminar. Son los signos de la infancia. Todo viaja hacia el futuro. Somos un mar de datos, un puzle en curso, la paralela que no se junta con otra paralela. Un abanico con un viento rabioso mueve nuestros pies en los días de la adolescencia. Todo pasa, a veces, casi sin verlo. Inclusive los errores. Es un espejo que multiplica, borra, se hace trizas con el correr de los días. Cada día nos mira cara a cara. El tiempo se encarga casi de todo.

Cuando joven, alguien me dijo “te pareces a Serrat”. Estaba de moda. Soy del Mediterráneo, mi abuela es catalana. Un dato de juventud, un soplo juvenil al oído, el ego rondando puertos de felicidad. Una autobiografía debiera ser arbitraria, autónoma, audaz, auténtica. El primer poema que no parece personal es como el primer vinillo, amor, y no debiera estar fuera del curriculum vitae, del ADN, de cualquier escritor, aunque nadie nunca lo lea, ni una editorial le llame, o un jurado le dé el visto bueno a un grupito de poemas en un juego floral de flores marchitas. Los fracasos, que suelen ser significativos, determinantes en no pocas ocasiones, deben sumarse a esta presentación personal, la llamada hoja de vida. Sí, en una hoja al viento de la memoria y de las palabras, unas cuantas palabras de presentación impresentables para algunos, aserrín, polvo, luciérnagas viudas al atardecer. Hay días en que brillamos como la espada entre la pared. Otros, espléndidas primaveras. Hay inviernos solos, solitarios como la lluvia de los caminos. Otoños de cautivantes colores. Veranos de poesía absoluta frente al mar.

 

Lauros de olímpicos olvidos

¿Lo que no está escrito no se ve? ¿El pasado es hojarasca de la memoria? ¿La historia personal es un abismo de rosas muertas? A veces, quizás, la noche crece en la oscuridad. El arte de sobrevivir, la resiliencia, que llaman, y la moda, se han puesto de actualidad, porque eso tienen las crisis, pueden llegar a universalizar la miseria y, sobre todo, las humanas. Pero entre esas sombras sombrías suele moverse un gramo de esperanza, porque somos algo más, debiéramos ser lo que somos, y ese despiste de la memoria está dispuesto a cuadrar el círculo de la inocencia perdida. Debemos reconocernos, aunque manchemos la hoja curricular con olvidos imperdonables, hechos insustanciales, cursos poco meritorios, viajes imaginarios, proyectos a cuenta del futuro, títulos sospechosos, recomendaciones ficticias y, aún así, autorretratarnos como si fuéramos otro. ¿Somos innovadores o no?

En una hoja de vida entre dos siglos han ocurrido no pocas cosas. Nos ha tocado vivir, transitar una época maravillosa, que no termina de acomodar sus injusticias, en medio de los vertiginosos cambios tecnológicos, golpes de Estado seriales y criminales, esta distopía que viaja despechada viento en popa por la carretera del mal. Del rock and roll, mucho pop, a esta música que no termino de descifrar, pero el jazz nos vuelve el cuerpo al alma y viceversa. Generación Beatles, para zanjar cualquier duda (los músicos locales, y otros, me los guardo para no dar tantas pistas que lleven al conocimiento de una intimidad reservada al silencio). Un CV no es un inventario, un relato tipo Las mil y una noches con un desenlace feliz, ingenioso, prometedor. Un listado sin fin amparado por una sabiduría de boy scout, una enumeración digna de un folletín del siglo XIX. El viejo Denver me sonríe, cómplice, como si conociera el futuro.

Los premios, diplomas, lauros, reconocimientos, cuentan con su propio altar, brillan, son relucientes trofeos coleccionables puestos en la vitrina curriculum vitae, exitosas proezas coronadas por jueces y críticos. Son estandartes en cualquier autobiografía, aunque vayan a pie de página, o disimuladamente en alguna de las atmósferas curriculares que otorgan matices y tonalidades a la biografía. Panoplia de palabras, pura panoplia, significantes insignificantes.

 

No podemos excluir de las posibilidades que el autorretrato o currículum caiga en un departamento de Recursos Humanos que practica el olvido.

¿Las máquinas tienen cinco sentidos?

El que va a leer, aprobar una hoja de vida, evaluar un autorretrato, debe tomar sus precauciones, sin duda. Para empezar la veracidad de lo dicho, lo que está entre líneas, lo oculto, el potencial de ese currículum. Quizás debiera ser una persona instruida para enfrentar todas las distopías del momento y aquí puede, tendría que surgir una nueva profesión en un mundo laboral tan precario, ambiguo, a veces, lleno de incertidumbre y abusos. Así como surgen géneros híbridos en literatura, también, en actividades que se desarrollan no sólo en la planta baja, sino en otros pisos, subterráneos, lugares insospechados, tendría que ser posible la formación de un Recurso Humano intuitivo, olfativo, gustativo, cinco sentidos. Es hora de contratar a expertos en solicitar el QR de lo que soñó la noche anterior y no sabemos cuántos signos más traerá el azar al hombre para descifrar jeroglíficos en formación, señales del futuro. Somos y seremos almacenables. Cuerpos del delito.

No podemos excluir de las posibilidades que el autorretrato o currículum caiga en un departamento de Recursos Humanos que practica el olvido, la indiferencia, y en una carpeta propia de una oficina de Migración te archiven y pases a pertenecer a los casos imposibles. Las primeras líneas debieran ser impactantes, que destaquen y describan características luminosas, únicas, para que así el mercado te dé su mano invisible y te haga pasar. Hay muchos trucos para lograr una presentación exitosa, te invito a revisar las recetas, ejemplos en Internet; por ahí debe haber una influencer que te guíe piadosamente al irrenunciable éxito que te aguarda fielmente.

Ahí en ese sitio receptor se olfatea, aparentemente, de pies a cabeza, el sagrado documento personal. La hoja de life se examina por delante, por detrás, no vaya a ser que se trate de palabras emboscadas. Su autenticidad está por ser demostrada, sin duda, pero algún indicio debe apreciarse desde el primer golpe de ojo. Se necesitan datos colaterales, por ejemplo, si eres casado, saber si tienes un hijo conspiranoico. No es un dato menor. El título lo dice, avala, exige: hoja de vida. Eso incluye todo tu tiempo. Es importante saber con quién, quiénes, se relaciona, alimenta esa vida. Qué sorpresa nos podemos encontrar. En fin, forman parte de las sugerencias, resguardos a tomar en cuenta. Dicen que el papel aguanta todo. Ahora, si eres un recomendado, el papel sí va a ser puro papel.

 

Cada palabra tiene su propio silencio

En este ir y venir de la historia, la memoria hace sus recuentos arbitrarios, como es de esperar, salta períodos, capítulos, situaciones, enlaza una narrativa dentro de la narrativa y en el capricho vitae, se explaya a toda página. Nadando en todas las aguas, con las contaminaciones debidas, mixturas respectivas, alquimias del verbo, porque después de todo lo dijo Rimbaud: cada palabra tiene su propio silencio. El verso del francés define muy bien el papel de un ghostwriter y corresponde a un dato biográfico indispensable en el autorretrato, un verdadero telón de fondo propio de un escritor escribiendo sobre la nieve. Las tormentas blancas son un notable respaldo para las palabras sin huella. Es un dato prometedor para cualquier autorretrato, un ghostwriter además de invisible, indocumentado, es un cadáver cívico, marginal, biografiado por el borrón y cuenta nueva. El olvido sería una esperanza. De uno sabe más el espejo, marca las huellas de cada día y las refleja. Una retrospectiva de ese objeto bastaría para mostrar el paso de las horas, de la vida. No conozco ningún espejo mentiroso.

Entonces, biografiar la memoria es un ejercicio curricular, en buenas cuentas, qué hicimos a la fecha, personas, ciudadanos, profesionales, trabajadores, artistas, alguien común y corriente como el anónimo. ¿Dónde estuvimos en los grandes acontecimientos, para determinar nuestra propia cartografía? El día del golpe de Estado, en este caso; de la invasión; terremotos; algún accidente familiar; como los momentos de placer y felicidad, nacimientos, muertes, encuentros que marcan una vida; viajes, textos memorables escritos con musa, el amor, poeta, ese instante en las ruinas mayas donde el pasado vuelve a ser presente memorioso. Parecieran adornos curriculares, pero complementan, orientan, dan cuenta de lo entrañable que resulta ser la vida en cualquier ficha informativa con características personales.

 

Sólo los actores cambian, la película sigue rodando

Los momentos estelares, como las lecturas íntimas, el insomnio, la mala suerte en la lotería, el hallazgo de un verso conmovedor, los sueños, todo, los pensamientos, los planes, las vacaciones, la salud de los próximos diez años, algún día podrán ser presentados en el chip de la ficha técnica personal; entonces ya seremos máquinas-machines. Los sentimientos serán cosas del pasado, las ideas propias, los sueños personales, los deseos, los deportes, los picnics, el pololeo, la colección de estampillas (sellos postales), el arroz con leche, las puestas de sol como si se fuera apagar el mundo, el sueño americano, las visitas al zoológico, un partido de fútbol, una siesta en una hamaca, caminando sobre las hojas amarillas del otoño descalzo contigo, un día al mediodía de cualquier día, ese día en Chilefilms, un viaje al sur sin tiempo, las películas de Fellini, Godard, Chaplin, Bergman, esos días dorados frente a la pantalla.

Podríamos incluir el azar de nuestras vidas y su baraja, lo que no pudimos hacer, las frustraciones que van de la mano de los fracasos.

El encabezado de esta presentación podría titularse Conócete a ti mismo; Introducción al narcisismo; Mis palabras más íntimas; Pulsiones humanas a fondo; Viaje a la caverna personal; El cromagnon desconocido; Un seminario personal; Biografía bipolar; Un caso de absoluto desconocimiento; Homo 21 sin fecha conocida, Propaganda de un anarquista contemporáneo; Una criatura común y corriente; Una mirada más adentro de lo permitido; A un paso del diván; La hoguera en llamas, sin palabras; Grito para sordos y mudos; Un viaje al sótano personal; Paseo ridículo al yo; Todas las infancias; Recuerdos del futuro y algo más.

Los títulos, titulares, son importantes. Pueden ser el comienzo o el fin de la lectura de una obra. Todo papel escrito entra por la vista, leemos de izquierda a derecha, por lo general, y comenzamos por un encabezado que debiera ser atractivo, aunque un CV no tendría que ocupar más de una hoja. Ahí, en ese espacio mínimo, caben los datos básicos, elementales, la suerte del candidato atada a un montón de palabras, pero el autorretrato requiere un poco más de talento que la simple objetividad, algunos secretos, conocimientos, habilidades, experiencia, trato con el lenguaje, esa convocatoria con el ángel de la musa y el uso correcto de los ingredientes para una alquimia perfecta del verbo. Podríamos incluir el azar de nuestras vidas y su baraja, lo que no pudimos hacer, las frustraciones que van de la mano de los fracasos y acompañan días, tiempos fatales sin fondo previsible. Seamos optimistas, la adversidad es parte del juego.

 

PD

Un ejercicio de esta naturaleza puede tener varios usos y es recomendable. Por ejemplo, presentarlo a una posible pareja como una carta de recomendación y de supervivencia para cualquier relación. Ahí va mi ADN, estúdialo. Desde luego un encargado de Recursos Humanos debe agradecer infinitamente un autorretrato, currículum, perfil de esta naturaleza y transparencia, profundidad. Lamentablemente no leen. Es un documento muy valioso para los amigos, así tienen una hoja de vida que les permitirá relacionarse mejor, conocer los gustos, la personalidad de su futura amistad. Los vecinos debieran sentirse honrados con una personalidad transparente, que no oculta nada, ahora que la criminalidad, los secuestros, robos a domicilio, asaltos, la violencia urbana anda a la orden del día. Las autoridades ni hablar, esas que andan deteniendo a la gente en las carreteras pidiendo licencia, ratificándolas a través de una maquinita ridícula, serían grandes beneficiados. Para ello habría que andar con copias en el automóvil. Eso es algo menor. Estaríamos ante una ciudadanía de una manera más transparente, porque por supuesto, no faltarían quienes falsearían los currículum, como en realidad ocurre.

Rolando Gabrielli
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