“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Ah, la poesía
(La canción de Chile y otros poemas)

martes 21 de diciembre de 2021
Ah, la poesía (La canción de Chile y otros poemas), por Rolando Gabrielli
Chile se convirtió en mar, / de norte a sur.

Un poema no va a salvar el mundo, me dijo una mujer cuando iba leyendo un libro en el metro, que ella descifró como un poemario, y yo me dije, esto es performance, la poesía puede brillar en las alcantarillas de la ciudad o morir en los museos de la academia.

La mujer cargaba una mochila, hoy la gente se desplaza para una aventura, estamos en guerra, sobreviviendo a un virus, al cambio climático, al desempleo, a todas las miserias reunidas en nuestras plagas egipcias. Sentí que los poemas, las palabras, me refrescaban, producían las dosis de oxígeno correspondientes a la travesía que estaba haciendo por la ciudad. Cada día es una carrera de obstáculos, agazapado en silencio, casi inmóvil, mudo, arrebatado de cualquier expresión corporal, protegido por una mascarilla y una careta de plástico que aún ficciona más nuestra realidad.

La mujer descendió en una estación cualquiera y se evaporó en la multitud como un poema que no busca pasar a la posteridad, ni cambiar el mundo, sólo encontrar un lector que sienta que su vida ya no es la misma.

Ya no recuerdo la ciudad en que ocurrió esta situación; los sueños suelen ser no tan claros, a veces son enigmáticos y nos proyectan por cualquier ciudad o lugar del mundo. Lo importante es que al poema le espere un lector.

 

Lihn y Rimbaud

Un cordial saludo,
amigos lectores,
las palabras
no dan para más,
diría Enrique Lihn,
pero siguió escribiendo
hasta su muerte.
Rimbaud, en cambio,
no dijo nada
cuando colgó en su juventud
los guantes de la poesía,
y después tampoco dijo nada,
es que nunca más dijo nada.
El silencio había escuchado
la belleza de sus videncias.

 

La Flaca

La Flaca comienza la mañana con un café,
restregándose aún los ojos al despertar
mira el día de reojo, todo está silencioso,
me gusta verla, imaginar su andar
tan leve como el sol que cae vertical,
detrás de la montaña donde sueña
un día más, dice, sin hablar.
Pasa una nube, casual, impersonal,
viaja en un cielo limpio, simple,
como un cuaderno escolar.
Su día se va abriendo imperceptible,
distraída, La Flaca, volátil, fugaz,
desgrana su sonrisa, sin hablar,
la mañana es más libre, inasible,
sublime, gaseosa, irreal.
Se evapora, La Flaca, la mañana,
el día en un café,
todo vuelve a su lugar.

 

La sombra del poeta

No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.
Álvaro de Campos, es decir, Pessoa

¿La sombra de un poeta
basta para estos tiempos distópicos?
No lo sé, salí en la mañana a ver qué traía
este nuevo día, distraído en el ocio
de observar y ver la ciudad en su asfixia,
como tantos lugares en el mundo,
filas de automóviles haciendo lo mismo
todos los días, uno tras otro queriendo avanzar,
parece tonto perder el tiempo así,
pero la vida se desplaza de esta manera
en estos tiempos distópicos,
donde todo es igual porque nada
es lo mismo aunque efectivamente
sea semejante a sí mismo.
Unas cuantas palmeras, árboles
en el camino que no han podido derribar,
el hombre pareciera negarse a vivir,
respirar, pertenecer a la tierra
como el custodio y protector
de semejante patrimonio natural.
Miro al cielo, sólo nubes, va a llover,
se limpiarán las calles e inundarán
las avenidas, los ríos tal vez se desborden,
miro otra vez hacia el cielo borroso,
no descenderá un ángel,
lo más probable es que algún cohete
espacial esté cursando ahora el cosmos,
dicen que una nave
atravesó la corona del sol,
la estrella mágica que hace posible
nuestra vida en la Tierra.
El hombre quiere volar,
el hombre quiere habitar otros planetas,
el hombre sueña con dejar la Tierra,
el hombre no sabe qué hacer con el hombre,
el hombre se suicida un poco cada día.
Voy a seguir observando la ciudad,
me aproximaré al mar antes que el hombre
sea devorado por la inmensidad
de sus aguas y no haya construido
un arca de Noé a tiempo.

 

La belleza no está pintada

La belleza no está pintada
en la pared,
es de carne y hueso,
un fresco real
y se pasea ante mis ojos,
revive la historia
en la Venus de Botticelli,
más allá de mi razón
y quedo, al verla, sin palabras.

 

Vuelan, cantan

No son pobres aves,
como dices,
vuelan, cantan,
construyen su nido
con la mixtura
de unas pequeñas
ramas y el hermetismo
del silencioso paisaje,
misticismo y alquimia,
de pequeños monjes
reiniciando el vuelo
de una nueva vida.

 

El verano

Aquí estamos viendo pasar la historia,
—una gran novedad para la memoria y el futuro,
porque lo que vemos no se ve todos los días—
y detrás de los cristales el verano ya asoma,
limpio de toda sospecha, un cielo ordenado,
silencioso, más leve que cualquier arrogancia.
No es el verano de Pavese, pero despide
un calor humano y encierra los pasos
de alguien sobre la hierba seca
que comenzará a dominar el paisaje.
El verano llega al sur en un lento bostezo,
el sol vuelve a ser la luz de nuestros días.
Aquí en mi ventana, sin ir más lejos,
un pájaro agita sus alas y no deja
de interpretar el día a su manera.

 

Un rostro se mira

Un rostro se mira
en otro rostro
y no es el mismo rostro,
ni su espejo
el que lo refleja
y sorprende
o refrenda,
cada mañana
devolviéndole
un nuevo día,
otra mirada.

 

La nada

Poeta,
su gracia es haber escrito
en medio de la nada,
el desierto tiene más vida.
Todo se ha podrido,
como la manzana
de la canasta
que pudre a las demás.
La corrupción, la descomposición,
el desencanto,
parecen ser sólo palabras,
pero son el pan de cada día.

 

Poema cero

El poema cero
no encuentra las palabras,
ve la hoja en blanco
como una pérdida de tiempo,
sabe que nunca la superará,
se abstiene de interpretarla,
mira de derecha a izquierda
y ahí se queda en silencio,
sin sumar una sola palabra.

 

La canción de Chile

Chile se convirtió en mar,
de norte a sur,
gente de todos los confines
sale a festejar,
un día en que la historia
volvió a resucitar.
El desierto, el mar, la cordillera,
fueron mudos testigos
de un pueblo que reencuentra
su camino, comienza a andar,
por esta dura y hermosa geografía,
contarán los cronistas,
recitarán los poetas simples coplas.
La esperanza vuelve a ser esperanza,
las multitudes recorren en paz las calles,
hay tanto por construir y son muchas las manos
dispuestas a comenzar.
Es Chile que resucita de las cenizas
y convoca tiempos nuevos sin excepción.
El futuro es ahora,
le pertenece al pueblo y al presente.
La Dignidad le abre los brazos a Chile,
tiende su mano firme al porvenir,
hagamos silencio
en memoria de tantos
que forman parte de esta historia.
La sangre y el corazón de Chile
vuelven a latir.
Todos somos la multitud,
la gente de todos los confines,
que sale a festejar.

Rolando Gabrielli
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