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La catedral del tenis rompe etiqueta y reglas

martes 3 de mayo de 2022
La catedral del tenis rompe etiqueta y reglas, por Rolando Gabrielli
El tenis, en el contexto de la pandemia y el conflicto ucraniano-ruso, ha comenzado a jugarse fuera del reglamento. Fotografía: Matthias David • Unsplash

El tenis es un deporte de élite. Mantenerse en competencia tiene un alto costo económico. No son pocos los que abandonaron por falta de recursos o por no pertenecer al círculo virtuoso de la clase acomodada. Su origen está en el imaginario humano, dicen los expertos, desde hace mil años. La aparente simpleza del tenis, pasar una pelota de un lado a otro sobre una cuerda, puede tener origen en cualquier parte del mundo. La ecuación no pareciera tan compleja. En el siglo XII cautivó a los europeos y la propia mano era la raqueta de ese entonces, que protegían, en ocasiones, con un guante. Podríamos decir que el tenis comenzó con guante blanco, un deporte de caballeros.

Las palabras suelen bautizar las cosas que rodean y usan los humanos. Los franceses, por derivación, al pasar la pelota y decir tenez, se llegó al verbo tenir: “tómala”. Las palabras tienen sus secretos, sus propios caminos, su magia, y se transformó con la costumbre en tenis (tennis).

Fue el inefable Enrique VIII, rey de Inglaterra y señor de Irlanda, quien importó desde Francia esta modalidad de entretenimiento de pasar con la mano la pelota a uno y otro lado, sobre una cuerda. Todo comenzó allí como un deporte de nobles y aristócratas. Surgieron las raquetas de madera para proteger las manos de los señoritos. Pasaron algunos siglos hasta que, en Inglaterra, un militar creó las reglas del tenis, a finales del siglo XIX. Se trata del tenis moderno, en cuyos clubes que se fundaron, la alta sociedad manejaba y administraba esta nueva rama del deporte.

La catedral del tenis ha prohibido la participación de los tenistas rusos y de Bielorrusia por el conflicto de Ucrania.

En 1877 surge Wimbledon, la meca del tenis sobre la suave hierba inglesa, casa matriz de los futuros Grand Slam. Las reglas han variado poco, coinciden los entendidos, pero todo lo que hace posible la dinámica del juego, incluyendo las pelotas, ya no son lo mismo.

Hemos llegado a Wimbledon, sede de uno de los más reputados Grand Slam, donde prima la etiqueta, el blanco puro, prístino de las vestimentas, el más riguroso protocolo, el mundo chic británico. El suizo Roger Federer se ha transformado en el monarca con ocho Grand Slam y ha desarrollado a lo largo de toda su historia deportiva el brillo de su inigualable magia. Federer fue derrotado en cuatro finales en la llamada catedral del tenis. Sampra, Djokovic, Borg, han sido también grandes protagonistas en Wimbledon, y al serbio le queda tiempo aún para mejorar su marca de siete victorias.

El tenis, en el contexto de la pandemia y el conflicto ucraniano-ruso, ha comenzado a jugarse fuera del reglamento, de sus tradicionales reglas de competencia deportiva alejada de la política y sus circunstancias, como debe ser. El Open de Australia impidió presentarse al número 1 del mundo, Djokovic, y sobre ese tema es conocido lo que sucedió. Ahora, la catedral del tenis ha prohibido la participación de los tenistas rusos y de Bielorrusia por el conflicto de Ucrania. Las postrimerías del siglo XX y lo que va del XXI han sido períodos llenos de guerras de más de diez años de duración. De ser así las normas, no habría tenis ni ninguna otra competencia deportiva en el mundo. “No se puede discriminar a los tenistas por nacionalidades. Los jugadores rusos y bielorrusos tienen derecho a registrarse y su participación sólo estará sujeta a la posición de su ranking. No es posible que los torneos profesionales rechacen a nadie por su nacionalidad”.

Me gusta el duelo de la mente sobre esa diminuta pelota que va y viene, el acto y la actitud en solitario de los oponentes.

Es la respuesta de los organizadores del torneo preparatorio de Wimbledon, ATP 250 Hertogenbosh 2022. Djokovic y Nadal, dos de los tres o cinco mejores jugadores de todos los tiempos, han calificado de injusta la decisión de Wimbledon. Es una decisión loca, dijo Djokovic de lo decidido por Wimbledon. El griego Stefanos Tsitsipas dijo que no han hecho nada malo para ser marginados del torneo.

Soy un espectador ocasional del tenis, me gusta el duelo de la mente sobre esa diminuta pelota que va y viene, el acto y la actitud en solitario de los oponentes, la fortaleza de espíritu y destreza física que debe tener un jugador para inclinar a su favor la balanza en el juego. Espero que el virtuoso Roger Federer, el caballero de Wimbledon, se pronuncie a la brevedad para no seguir enlodando ni ensuciando la etiqueta del All England Club.

Rolando Gabrielli
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