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Arquitectura, espacio y poesía
La poesía es el espacio que ocupa el silencio

domingo 22 de mayo de 2022
Patrick Schumacher
Patrick Schumacher: “La mayor parte de la acción arquitectónica y de la innovación ocurrirá en el metaverso”.

La arquitectura siempre ha tenido como destino transformar el espacio y satisfacer las mejores condiciones de vida humana, y ha evolucionado de acuerdo con las demandas de cada época y circunstancias. Hoy pareciera no ser distinto, pero hay dos espacios que reclaman la máxima atención: el público y el interior. Prácticamente los extremos y ambos se relacionan con el refugio, la seguridad, el bienestar del individuo, la comunidad, la familia. El diseño enfrenta la agresión viral al hombre y al espacio. Es lo que ha estado ocurriendo en los últimos poco más de dos años, a veces, de una manera desconcertante, sorprendente. La arquitectura ha tenido que reinventarse como en sus mejores tiempos, apelar a la imaginación y las tecnologías, encontrar en el diseño los espacios necesarios y las respuestas a las necesidades de este siglo.

 

El metaverso, nueva ruta y oportunidad arquitectónica

Después de todo, la tecnología también tiene que adaptarse al espacio, entender el espacio, interpretarlo de la mejor manera para sus posibles usuarios, y utilizar la técnica para crear un lugar confortable con belleza, emoción y funcionalidad. Sin palabras, como tradicionalmente conocemos el poema, no hay poesía. Sin espacio, la arquitectura no puede expresar su verdadero lenguaje, forma y contenido. Se transformaría quizás en una reflexión filosófica, metafísica, aunque, con la revolución en camino del llamado metaverso, su espacio físico será también mucho más digital de lo que hubiésemos pensado. Los expertos aseguran que, a pesar de este nuevo paradigma en ciernes, la virtualidad no será un camino ciego; al menos en el campo de la arquitectura se aferrará a lo social. Para el arquitecto Patrick Schumacher, “la mayor parte de la acción arquitectónica y de la innovación ocurrirá en el metaverso”. El mismo Patrick, quien acuñó en 2008 el término de parametricismo —estilo vanguardista, dice que es sucesor de la arquitectura posmoderna y moderna—, sostiene que éste es “el único estilo arquitectónico nativamente digital, computacional y verdaderamente contemporáneo, para avanzar hacia la hegemonía a la que aspira desde hace mucho tiempo dentro de la disciplina”.

Schumacher, antiguo socio de la arquitecta Zaha Hadid y hoy al frente del mítico, reconocido Estudio Zaha Hadid Architects, apuesta por un metaverso “productivo, que no sea una realidad alternativa, no ofrezca una segunda vida ni escape”. El entretenimiento, precisa, es un pequeña parte de nuestra visión, pero el mundo de los videojuegos son con demasiada frecuencia mundos de fantasía ideológicamente regresivos. No son palabras al viento de los laberintos contemporáneos, más bien un aterrizaje en cualquier estación del año y superficie terrenal. Para otros, seguramente el espacio sideral, el fantástico mundo de las estrellas, de los astros, que suele ocupar a la astronomía.

 

El límite es no tener límite

La época, que siempre traza un camino a la arquitectura, le acompaña con nuevas herramientas, la libera indiscutiblemente de cualquier fórmula o manual, quizás le recuerda que el límite es no tener límite. Más allá de los impactantes acontecimientos, en cualquier tiempo, la arquitectura es cambio, evoluciona, se reta a sí misma. Es uno de los ejercicios más desafiantes del hombre aquí en la Tierra, aunque el espacio galáctico no le es ajeno del todo, porque donde el ser humano vaya, algún tipo de diseño está en su mente. Desde las cavernas al cosmos, el hombre busca denodadamente un espacio donde habitar, vivir, ser feliz, diría, y ha construido las más diversas edificaciones en la Tierra y sueña con establecerse donde su imaginación y voluntad puedan llegar.

La imaginación / imagina al arquitecto / lo sueña libre / y libera de toda libertad / Todo lo demás es / espacio dentro de un mismo espacio / la huella de lo que no se ve y queda.

 

El poeta es un demiurgo

Sí, en arquitectura se habla de espacio, lugar, el sitio donde se va a desarrollar la obra, edificación que cambiará, sin duda, el paisaje y su entorno. Más de alguien concluirá que se ha recuperado ese lugar. Lo nuevo casi siempre es inicio de alguna manera y debiera ser un factor de cambio. La idea que va a originar el proyecto gira en torno al espacio, capta la primera información en el sitio y también traza los bocetos iniciales. Se trata de la indefinición de la posible definición de una obra. Un tanteo, como el boxeador que hace sombras sin un rival presente. Así la palabra convierte el lenguaje, la emoción, en poesía. Un poema puede que nunca se dé por concluido, como un edificio que necesita ser habitado para vivir su propia experiencia. El poema requiere de un lector para recrearse en el otro, enriquecerse, cumplir su misión de reflejar una manera de ver el mundo que otros compartirán y seguirán descubriendo. La obra arquitectónica, con los años, se va habitando con su propia identidad, asumiendo su cotidianeidad, y se hace parte de quienes la viven. El arquitecto, como el poeta, ha resultado ser un medio, un demiurgo en el buen sentido de la palabra. El poeta y el arquitecto son hacedores por excelencia.

El espacio está en todas partes, como la poesía. Quizás ésta ocupa un lugar diferente, no tan físico, más restringido de acuerdo con las ocupaciones, preocupaciones, interés de las personas. Pero es el ingrediente que requiere el espejo para que nos veamos diferentes. La poesía habla donde el silencio no encuentra las palabras.

Las opiniones del arquitecto Patrick Schumacher fueron recogidas de la entrevista que le hiciera la publicación Plataforma Urbana, bajo el título “El metaverso como oportunidad para los arquitectos”.

Rolando Gabrielli
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