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La arquitectura, discípula aventajada de la historia

sábado 1 de octubre de 2022
La arquitectura, discípula aventajada de la historia, por Rolando Gabrielli
Se estima que, para el año 2050, 70 por ciento de la población del planeta azul vivirá, sobrevivirá, en las ciudades. Alrededor de 7 mil millones de seres humanos. SOM

La arquitectura es una discípula aventajada de la historia, es memoria de cada época, hija predilecta del arte, la ciencia y la tecnología, la poesía, pero también sabe y se reconoce en el cambio, como dijo Heráclito hace casi quince siglos: “Todo cambia, nada permanece”. El fundamento de sus principios y filosofía se basaba en el cambio, una palabra, un concepto de total vigencia y que en la disciplina se define también como transformación, modificación, porque no todo siempre parte de cero o es nuevo. Más aún en esta época donde se están realizando grandes intervenciones en las ciudades, recuperando, reactivando, poniendo en uso y ad valorem importantes áreas deterioradas, abandonadas, marginadas que la convivencia citadina ha dejado de disfrutar a plenitud. Reciclar es parte y lo será más, de la sobrevivencia, no agotarse en el consumo estéril que ya provoca autodestrucción ambiental. El sentido común, la naturaleza, sobre todo la realidad, nos envía mensajes a diario para una toma de conciencia colectiva clara, real y eficaz.

 

El pasado no es un fantasma de la historia

El presente recupera el pasado, lo regenera, reactiva, reanima, revitaliza, y esta acción, que no es un mero ejercicio de la capacidad resiliente de la disciplina, es más que su adaptabilidad a los tiempos y nuevas necesidades. Arquitectura es hábitat, esencialmente sinónimo de vida, un lugar que reúne condiciones para formar una comunidad, un factor fundamental para desarrollar armónicamente las mejores condiciones posibles para nuestra especie. El hábitat viene con el hombre desde todos los tiempos, es su ADN de supervivencia, manera de enfrentar el entorno, ganar privacidad interna, disfrutar su sagrado espacio interior y asentarse en la tierra tribalmente. Primero fue la cueva, la protección del medio, de las bestias y de otros seres humanos, el primitivo necesitaba un techo, un lugar seguro, unas paredes protectoras donde encender el primer fuego a la luz de los tiempos. Miles fueron perdiendo sus propias huellas en la nieve, ventisqueros, montañas, acantilados sin horizonte en los paisajes más vírgenes de la Tierra.

La arquitectura es una disciplina que no tiene fronteras, como la naturaleza física y humana; a pesar de los muros históricos que se reproducen como hongos desde la muralla china, seguirá enfrentando un incremento poblacional impensado hace algunas décadas y crecientes migraciones en búsqueda de un hábitat más seguro, confortable y próspero.

 

Es en la ciudad, en el espacio urbano, donde la civilización desarrolla y ejercita, exhibe su músculo tecnológico más poderoso.

El riesgo de ser más moderno que el futuro

El mundo es un escenario, un anfiteatro, teatro muchas veces del absurdo, es el lugar donde se desarrolla la acción vital del hombre, del ser humano en todas sus dimensiones y necesidades, retos, soledades, pasiones, ese conjunto de adjetivos, sustantivos, verbos, la gramática que carga un ser humano en su mochila diaria. Un lugar para la estridencia y el silencio, para los colosales espacios públicos, mercados bulliciosos del comercio de baratijas, petulantes rascacielos directores de una supuesta orquesta urbana, casas modestas, espacios interiores misteriosos, solitarios, acogedores, benditos por el deseo, el diálogo y la soledad, majestuosos iconos, hijos del virtuosismo y de las vanguardias. Es en la ciudad, en el espacio urbano, donde la civilización desarrolla y ejercita, exhibe su músculo tecnológico más poderoso, su avance de acuerdo al canon en materia de logros científicos, tecnológicos, constructivos, productivos, y evoluciona el más grande laboratorio del comportamiento humano. En la ciudad también se dilapida el capital natural, los recursos de la Tierra, se gasta en moneda franca el esfuerzo regenerativo, silencioso, paciente del planeta azul. Alguien dijo, se concentra el bien y el mal dentro de sus paredes. Es uno de los extraordinarios inventos del ser humano y habría que evitar que nos fagocitara por nuestra propia negligencia.

El hombre moderno está enfrentado y en riesgo; ante su imparable modernidad, él mismo ha puesto un acento a su propio y vertiginoso disparador de alcance desconocido.

 

¿La última letra del abecedario?

Más cemento, vidrio, metro construido sobre humedales, tierras agrícolas, edificaciones que consumen ingentes recursos energéticos, es menos progreso, más problemas y presión sobre los recursos esenciales de la humanidad. Volvemos al principio, todo es cambio y es el momento de disminuir la velocidad, los decibeles, para escuchar a la naturaleza y el futuro de la humanidad. Parecen palabras pomposas, diseñadas para la arquitectura de un lenguaje grandilocuente, baladí, banal y pretencioso.

La generación Z (nacidos en 1995), que parece ser la última letra del abecedario humano occidental, poco a poco va asumiendo el presente y futuro de la nueva realidad y está imprimiendo una mayor velocidad a los procesos constructivos, de diseño, en medio del gran reto exponencial del crecimiento de la población, entre los muchos desafíos urbanos y medioambientales. Arquitectos de la nueva ola, que no conocen el papel sketch, y se apoyan en todas las tecnologías a partir del uso de Internet y lo virtual en su máxima expresión. Estamos, sin duda, ante una “disciplina digital”, es uno de los grandes cambios, el uso de las crecientes herramientas tecnológicas, algo insospechado hace unas décadas. Algunos piensan que los próximos diseñadores serán robots y ya no veremos los trazos con características humanas de la mano del hombre. La era zoom es una cosa y otra la época zombi, tan anunciada por el cine distópico, esa ficción que adquiere realismo en algunas mentes. No sería conveniente en mi opinión caer en una suerte de limbo generacional y borrar la memoria de una actividad que se ha construido bajo sólidos principios y estructuras a lo largo de los siglos. Quizás no se esté usando la mezcla romana para levantar muros, construir puentes, templos, columnas eternas del imperio, pero la historia cuenta con su propio manual.

 

Los laboratorios están conscientes de su importante y creciente papel en el futuro de la construcción y de las ciudades.

Cambios, un continuum

Ciertamente los cambios y la evolución se están produciendo, intervengamos o no; es un continuum de la especie y también de la arquitectura como disciplina que forma parte de la vida cotidiana. Es una exploración y reflexión permanente en sus componentes esenciales, el diseño y los materiales. La forma y la materia. Es sabida la alta contaminación de la construcción, la desprestigiada huella de carbono y, por ello, las investigaciones sobre nuevos materiales es una constante en el mundo de la arquitectura. Los laboratorios están conscientes de su importante y creciente papel en el futuro de la construcción y de las ciudades. Hongos, arena del desierto, utilización de algas, procesos biológicos para eliminar el tradicional uso del cemento, parecieran ser algunas de las áreas investigativas que ya nos hablan del futuro constructivo. Los laboratorios tendrán la palabra.

Internet está lleno de palabras, teorías, libros, documentos, ensayos, opiniones, lenguaje en una palabra, y en medio del reino de la palabra, sobresale una ecuación tal vez de vieja data y sea la más famosa de todos los tiempos: E=mc2. Sí, inclusive en esta telaraña de redes contenidas en una Red, la palabra dicta la silenciosa cátedra del lenguaje y la comunicación. De la vocalización animal al complejo lenguaje humano, aún no hay conocimiento de cómo ocurrió ese espectacular tránsito desde el idílico y mítico primer diálogo, comunicación y signos que usaron supuestamente Adán y Eva. La palabra seguirá teniendo voz en el silencio y en el anonimato, forma parte del cuerpo y la sombra de nuestro tiempo e identidad humana. No todo son imágenes en el reino humano, ni animal.

 

Del BIM a la generación Z

Del BIM (building information modeling; concentración de la información de un proyecto) al 3D, ahí prospera la generación Z y desarrolla sus habilidades, que no parecieran tener límite. La arquitectura requiere de destrezas, sin duda, más allá de los procesos tecnológicos, pero el uso de las nuevas tecnologías derivan también hacia otras actividades, no precisamente arquitectónicas. Hay muchas historias al respecto, arquitectos que terminan horneando pasteles, como si aplicaran el viejo adagio: pastelero a tus pasteles. Siempre habrá excepciones, pero convengamos en que esta disciplina requiere dedos para el piano. A propósito, Renzo Piano, arquitecto y senador vitalicio italiano, viene de una familia de constructores y grandes arquitectos forman parte de su aprendizaje. “Aspiro a una dignidad idéntica a la del arquitecto del siglo XVI, en tanto diseñador: el arquitecto como machinatore que inventa y proyecta hasta los útiles para hacer lo que concibe”.

Siempre se ha hablado de un patriarcado en la arquitectura, un liderazgo icónico; los grandes diseñadores, vanguardistas per se, conocedores de un oficio que han llevado a su máxima expresión y creatividad. Quizás no es diferente en otras profesiones, pero como la arquitectura es tan visible, material, expuesta al ojo humano, palpable, puede sobresalir más que otras actividades donde se produce el mismo fenómeno.

 

Un aterrizaje en el terreno

Algunos analistas asignan grandes esperanzas a la generación Z, por su compromiso con el medio ambiente, dicen, y estas prometedoras intenciones están por verse si se harán una realidad constante y permanente como parte de la solución, ya que seguirán poblando este mundo a su imagen y semejanza. Paralelamente, como se sabe, los laboratorios están trabajando aceleradamente en nuevos materiales constructivos, menos contaminantes, biodegradables, más amables con el medioambiente y la salud humana. Los diseñadores también miran al pasado, buscan en la naturaleza elementos que no la sigan agrediendo y compartan con ella un mundo sustentable. La arquitectura ha sido también una hija predilecta de la historia, de la memoria, del curso de los cambios socioeconómicos inevitables, de la evolución humana en todos sus campos, porque es el techo del mundo humano, sus espacios de convivencia, ocio, deportivos, culturales, y los habita todos desde su propia humanidad.

De esta nueva generación a bordo de las tecnologías se espera mucho en el campo de la expansión y uso de las herramientas digitales, como ha estado ocurriendo desde hace un tiempo, pero para nadie es un secreto que también ingresaron al mundo nómade, que no pertenece a ningún lugar y está en constante movimiento. Un punto no menor para una disciplina que requiere un aterrizaje en el terreno.

 

Cada día nos acercamos más hacia el precipicio por la codicia de los grandes poderes que se niegan a reconocer la verdadera situación medioambiental del planeta.

La acción es hoy

Las palabras mágicas para detener el ímpetu natural de la naturaleza ante la agresión humana son: sostenible, sustentable, biodegradable, reciclaje, economía circular, reutilización, energía renovable, consumo, y algunas otras, que merodean con insistencia nuestro léxico cotidiano desde 1987, aproximadamente. La que está faltando es acción, ya, antes que sea tarde.

Se han dado muchos pasos globalmente a lo largo de los años buscando un compromiso real para mitigar el cambio climático, pero cada día nos acercamos más hacia el precipicio por la codicia de los grandes poderes que se niegan a reconocer la verdadera situación medioambiental del planeta.

Una de los interrogantes que han vuelto a la mesa, atención y preocupación especial cada dos años, es el foro mundial llamado Octubre Urbano, con el propósito de crear una mayor conciencia en la comunidad internacional sobre el Futuro Urbano y su sostenibilidad. Patrocinado por el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Habitat), el foro se plantea y subraya la necesidad de que los arquitectos y urbanistas participen más directamente en la solución de las múltiples crisis que enfrenta la sociedad en las ciudades. Diseño, planificación y gestión, palabras claves, sin ser desconocidas, vigentes como pocas en urbanismo.

El 2050 se ve lejos en el calendario, pero el tiempo no se detiene. Se estima que 70 por ciento de la población del planeta azul vivirá, sobrevivirá, en las ciudades. Alrededor de 7 mil millones de seres humanos. Sin planificación, diseño adecuado inclusivo, gestión transparente, ¿seremos sostenibles?

Rolando Gabrielli
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