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El VAR que emborracha la perdiz a los árbitros

martes 6 de diciembre de 2022
El VAR que emborracha la perdiz a los árbitros, por Rolando Gabrielli
El VAR produce alegría, malestar, rabia, ansiedad, dolor, impotencia, indignación, rebeldía, sublevación en las galerías, tribunas de los estadios, cabezas de los jugadores, entrenadores, en la atmósfera que produce un partido de fútbol. Franco Alani • Unsplash

Si hay un dios

Si hay un dios,
es el VAR,
Rey y Señor
de la justicia
y objetividad.
Dueño de la última
y todas las palabras,
dentro y fuera
de la cancha,
ante Él
se rinde la verdad
Oh, VAR,
que estás
detrás de la jugada,
no penalices mi mirada
al más allá.
Entrégate a tu público,
sé fiel de la balanza,
espada de dos filos
por igual,
deja, hombre, que la máquina
ejerza su imparcialidad
o silénciale de una vez
por todas
y podamos ver normalmente,
con todos los desaciertos,
errores humanos,
el partido,
de aquí a la eternidad.

Pienso en las polémicas que ha traído el VAR en este mundial y en otras competencias, y que seguirá habiéndolas. La solución es eliminarlo y dejar más libre al azar y libertad al fútbol, el espectáculo. Podría ser una solución radical. Muchos, seguramente, estarían felices, quizás los más. Sería una derrota para los autores que impusieron este mecanismo, en manos de una máquina, pero que el hombre resuelve finalmente. No digamos que la herramienta cae en falta, sino quien la interpreta.

Una solución podría ser que cada uno de los capitanes vaya a ver también el VAR y decidan o al menos se cercioren de que ha registrado el videoarbitraje. Dirán que demora el partido, es el árbitro quien decidirá finalmente, pero contará con dos observadores autorizados.

Con el VAR nos habríamos perdido, seguramente, la mano de Dios, cuya historia será memorable hasta el final del último partido aquí, en la Tierra.

Pero el VAR tiene un encanto que pareciera no verse a primera vista. Pueden ser varios, pero el suspenso de unos sesenta segundos o un poco más es un añadido al clímax del deporte rey. Cuando el árbitro comienza a escuchar la voz del VAR que le dice: “Espere, vamos a ver”. Eso puede valer haber estado allí y ser parte de la histórica decisión. Es más interesante cuando el VAR se equivoca, porque después de todo el VAR no se manda solo, lo único que hace es ofrecer sus modestos servicios de árbitro sin sentimientos ni emociones, totalmente mecánico.

Ahora la pregunta es, ¿el VAR es el culpable? ¿O las manos y ojos moros que lo interpretan? ¿Quién dirige el VAR? El VAR produce alegría, malestar, rabia, ansiedad, dolor, impotencia, indignación, rebeldía, sublevación en las galerías, tribunas de los estadios, cabezas de los jugadores, entrenadores, en la atmósfera que produce un partido de fútbol, y se transforma en red social y tinta de periódico.

El fútbol es pasión, la tecnología niega la emoción espontánea, el misterio, la “malicia” del futbolista, picardía, digamos ingenio. Y aun así, las reglas del VAR no son siempre las correctas. ¿La perfección no existe aun en las máquinas?

El VAR está trabajando ahora en el mundial de Catar, es la fiesta más importante del fútbol mundial y se realiza cada cuatro años y ya ha habido varias disputas, entre ellas, una con el equipo uruguayo y uno de sus jugadores emblemáticos, Edinson Cavani, las emprendió contra la pantalla del VAR derribándola de un puñetazo. El VAR se negó a revisar una falta contra el uruguayo en el área del penalti. La maquinita tiene su carácter, al parecer.

Rolando Gabrielli
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