
Pregunto, urbi et orbi
¿Un mundo con una fe
bajo los escombros
de la guerra y el mercado,
conmemora el nacimiento
de su salvador
en un pobre pesebre?
Oficio
Si la poesía
se transformó
en una terapia,
encontraste tu oficio.
El que ignora las palabras
El que ignora las palabras desconoce el silencio,
donde impera la verdadera voz
y fluyen de manera inesperada,
intransferibles, definitivas, únicas,
las palabras.
Paisaje es lo que ves y ya no es
Paisaje es lo que ves y ya no es lo que era,
imposible imaginar ahora lo que existió
y el ojo construye a su manera en la memoria,
pero ya nada es nada, sólo tierra muerta, baldía,
casi sin esperanza, como si la infancia hubiese nacido
sólo para la muerte en este improvisado cementerio,
donde la vida yace sin sepultura
a flor de piel y bajo los escombros.
Ya no quedan jardines ni para honrar a los muertos,
el azar no verá otra luz que la luz de la muerte de los misiles
y las bombas negras que caen de un cielo idílico, celestial,
mientras el mundo, que no cambia por nada su mundo,
pareciera seguir instalado en esta película de terror y horror,
se prepara para recibir al crucificado por todos nosotros,
su nacimiento en un pobre pesebre, en Belén, Palestina.
Sólo las desoladas piedras, tristes ruinas,
testigos que aún se mantienen vivos,
parecieran ver que el infierno, por fin, ha abierto sus puertas.
Estas ruinas nos hablan
Escombros, estas ruinas nos hablan,
miran el paisaje que ya no existe,
son piedras mudas mis palabras
y bajo los pórticos aún en pie
protegen a la muerte que pasa silbando
una vieja melodía cómplice antes del atardecer.
La muerte es lo único visible que está de pie
y lo cierto es que nadie vive y yo hablo con los muertos,
que lograron vivir y pasar a la eternidad,
con sus mujeres, hijos, pequeños bártulos,
enseres heredados de otros muertos.
No conozco a nadie y los conozco a todos,
aquellos que la muerte les sorprendió
tomando un café o informando al mundo
que la muerte se pasea sin ningún remordimiento
y nadie hace nada por los que no callarán
para siempre.
El poema sabe
El poema sabe
cuando las palabras
son justas y necesarias,
las que la musa ha dictado
y el poeta acepta
como suyas, porque
realmente lo son.
La firma sólo es reconocimiento,
parte del tácito protocolo
que exige el derecho de autor.
El profeta ve el pasado
El profeta no ve,
no recurre a las cartas,
a las líneas de las manos,
no pasa una noche en vela
descifrando el rumbo de los astros.
El profeta nos descubre el futuro,
después de leer el pasado.
su mundo viaja al revés,
para ir más lejos.
Un poema es un pequeño volcán
Un poema
es un pequeño volcán,
comienza con un ruido,
telúrico, subterráneo,
que finalmente explotará,
hasta quedar en silencio.
De norte a sur
De norte a sur,
este a oeste,
va y viene,
es un número
en el calendario
de nuestras vidas,
ni uno más.
La guerra infinita
La guerra infinita
es el mayor pretexto
para el exterminio
de un enemigo creado
para su eliminación
y tomar posesión
de sus bienes
más preciados,
la vida, su tierra,
identidad.
La palabra sabe
La palabra sabe
que, aun en el silencio,
está pendiente de ser
dicha o escrita.
Año bueno para la poesía
Año bueno para la poesía,
dirán que las palabras no dan para comer,
sin oxígeno no hay vida,
respondo.
Es un acto de valentía o porfía,
quizás, insistir, volver al verbo,
en principio, hasta el fin.
A tientas, a ciegas
A tientas, a ciegas,
con un sombrero de copa
y un as de bastos,
cierras el año
y recibes el que
está llegando,
solemnemente,
de la mano del azar
que provocan
los nuevos tiempos,
por venir.
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