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Un ejercicio solitario, mano a mano con la poesía

sábado 24 de febrero de 2024
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Un ejercicio solitario, mano a mano con la poesía, por Rolando Gabrielli
La poesía apela a la imaginación sensorial directa del ser humano a través de las palabras.

Febrero siempre ha sido para mí un mes emblemático, asomé a este maravilloso mundo una temprana mañana de un lunes en la capital de un lejano país, a la luz de las manos de una partera. El tiempo vivido desde esa fecha ya forma parte del curriculum vitae, una dudosa y pasada de moda referencia social.

Verano en el sur, carnavales en el trópico, cambio de pie para un país de cuatro estaciones, y la tradicional fiesta de la carne, máscaras, música, murgas, etc. Los carnavales se disfrutan en distintas partes del mundo y son la antesala de la cuaresma cristiana. Son días de jolgorio y el dios Momo ejerce su reinado.

Febrero es un espacio único, especial, verano por donde se le mire para un sueño frente al mar.

Este es el mes de la poesía para mis sueños personales.

Este febrero no tiene más que 29 días, un martes 13 y un 22 que me remite a mi primer día en este mundo. Uno abre y cierra los ojos, es cuanto hacemos definitivamente.

Este es el mes de la poesía para mis sueños personales.

Febrero, personalmente, es también la presencia viva y memoria de mi amigo, el poeta chileno Oliver Welden, en tránsito hacia donde los dioses digan. Este mes, en la fecha correspondiente, solía traducir los poemas que estaban en portada, vigentes, en mi blog, como un saludo a nuestra amistad.

Oliver estudió, igual que Gonzalo Millán y el suscrito, en el José Victorino Lastarria, donde ejercía como profesor de castellano, el poeta Óscar Hahn.

Welden, que vivía en las proximidades del desierto más seco del mundo, Atacama, nunca se perdió, pero cuando se convirtió en diáspora desapareció por tres largas décadas, en algo más que un paréntesis. Fue un capítulo ácido de nuestra dura historia.

Me vi en un mismo espejo roto / viejo Oliver / en el olvido difuso / de la huella perdida / nosotros, los retratados en el viento / de la diáspora / dispersos // anotados en alguna libreta ordinaria / nuestros nombres nunca impresos.

Fue, somos los poetas de la diáspora, dispersos en algún punto geográfico, lanzados en las carreteras, caminos, muchas veces sin nombre. Desiertos de opaca luz, tal vez.

Nos quedamos sin puntos cardinales visibles. / Sólo un horizonte desconocido. / En esa tierra de nadie, donde eres nadie. / Sin tiempo, aunque los pies pisen tierra / todo atraviesa sin ver tus ojos / ni el camino que buscas / y te hace un desconocido.

Oliver había vuelto a un amor de juventud y vivía entre España y Suecia, me enviaba algunas postales.

Algo tan antiguo se diría ahora, / pasado de moda, obsoleto, impensable. / Yo también soy un poeta fuera de época / escrito está mi nombre / en una postal / perdida en el correo.

 

La poesía puede ser lo más inesperado que anida un corazón, hondo, un lenguaje verdaderamente verdadero con el cual comunicamos más allá de nuestras pobres palabras diarias.

Mi recomendación, seguir escribiendo

Una de las preguntas que me han hecho en repetidas ocasiones con cierta ingenuidad, manía, persistencia y curiosidad, tal vez, por qué, para qué escribo poesía. En parte la interrogante lleva implícita una advertencia, para qué sirve ese ejercicio de cortar las palabras, escribir verticalmente, no llamar las cosas por su nombre, o darles un verdadero nombre. La curiosidad es hacia dónde nos puede llevar esta aventura que pareciera no tener pies ni cabeza y ser un lenguaje para iniciados en un círculo vicioso de la palabra. Hay un enigma que pudiera confundirse con un tirar de dados, someterse a las cartas del Tarot o simplemente determinar que es un oficio, acaso, un juego, una manera divertida de buscar algún otro sentido a las palabras comunes y corrientes.

La poesía puede ser lo más inesperado que anida un corazón, hondo, un lenguaje verdaderamente verdadero con el cual comunicamos más allá de nuestras pobres palabras diarias, asuntos que los cinco sentidos suelen traducir de vez en cuando y no siempre acertar o de alguna manera ser la explicación correcta para quien lee un texto y llega a su propia conclusión. Después de todo, el poema está para ser descifrado, interpretado, sentido, corregido, apropiado, recreado, y aun así puede permanecer inédito para muchos más lectores.

Cada lector, amante de la poesía, debe buscar, en mi opinión, su propia definición, de acuerdo con su experiencia de lecturas, apreciación personal del género y tomando en cuenta que todos, o casi todos, hemos sido poetas cuando niños y hemos escrito algún poema en el desliz de nuestras vidas. No lo digo para que se avergüencen, sino para tomarle el pulso a la importancia que suele tener, más allá del olvido de algunas memorias. Es un recurso que muchas veces supera el pragmatismo, la prosa diaria, el discurso opaco, a veces banal. La poesía cuenta con sus propios códigos, le toma el pulso a cada época a su manera, se transforma, evoluciona como lo hacen la ciencia y otras artes, y los poetas arrancan verbos y palabras a la realidad como ellos la ven y transforman, finalmente.

En esta era del pensamiento robótico-digital, donde la juventud viaja en el metaverso, en la inmersión de una nueva realidad, y comienza a desplazarse de la mano de la inteligencia artificial, seducida como pocas veces en la historia de la humanidad, la poesía apela a la imaginación sensorial directa del ser humano a través de las palabras. El poema oral milenario, el poema escrito en cientos de lenguas en la historia de la humanidad, el poema como lenguaje de la tribu, el poema de la naturaleza, el poema que nombra las cosas, funda ciudades, países, el poema anónimo, la palabra que no se sabe quién la dijo y permanece en los tiempos, el poema que una y otra vez vuelve a cantarle a la vida lo que somos, el poema que Babilonia ocultó en una vasija, que Roma enalteció por sobre los vítores de la chusma enardecida en el Coliseo romano, el poema que ninguna palabra se negaría a escribir, el poema que convirtió la luz en su propia sombra, el poema de la diáspora de todos los tiempos que siguen siendo nuestros tiempos y los que han de venir.

 

La poesía es eterna, forma parte de nuestro ADN emocional, nuestra manera de usar los sentidos en comprender la naturaleza de las personas y de todo cuanto nos rodea y anima a vivir.

La poesía es vida

Si alguien busca una explicación del poema sólo en las palabras, su combinación, sentidos, silencio, le invito a pensar, reflexionar, encontrar en el texto vida, porque es definitivamente de lo cual está hecho. Esa es la esencia de su materia. Tal vez por ello la poesía es eterna, forma parte de nuestro ADN emocional, nuestra manera de usar los sentidos en comprender la naturaleza de las personas y de todo cuanto nos rodea y anima a vivir.

La poesía tuvo un gran prestigio en la antigüedad, formaba parte de la historia, del alma de algunos pueblos, Las palabras vienen de tan lejos como la poesía, nadie era tal vez dueño de lo que en verdad se cantaba y el susurro de las voces recorría de sitio en sitio. En nuestro presente inmediato, Chile, la poesía también ocupó la atención más allá de la academia y algunos acuñaron el nombre de país de poetas. Ese eco me parece perdido en los tiempos más recientes. Las páginas de los periódicos no publican poemas, ni entrevistas a poetas, ni los toman en cuenta. Son golondrinas que no hacen verano, ni ocupan espacios visibles en la sociedad. De vez en cuando un orador cita a un poeta para refrescar su discurso, distinguirlo de la habitual retórica con un guiño literario.

 

Mi recomendación es seguir escribiendo

La propuesta está en el poema

La propuesta de la poesía
está en el poema,
en lo que dice,
ignora
o no dice,
aparentemente.
El silencio,
puede ser todo,
lo que contiene.

(RG)

El poema se sostenía en el aire / respiraba / sólo respiraba / La luna, el sol / todo lo visible / estaba para ser contado, cantado / de voz en voz / de generación en generación / hasta desaparecer quizás / como si las palabras / fueran escritas en tinta invisible / o la memoria las vaciara en un bosque.

La poesía viene de tiempos lejanos. Fue importante para el alma y la política, nada mejor que un poema de amor para una tragedia, fracaso o una historia de amor. Grandes cultivadores del género, hombres y mujeres, clásicos que permanecen vivos en pequeños círculos devotos de la poesía, en la academia, entre poetas o lectores con fe en las palabras. No es pan de todos los días ni está servida en la mesa. Los poetas son, no pertenecen a la prosa cotidiana ni se les ve en los torneos de oratoria o en las bolsas de valores. Los poetas suelen estar frente a la página en blanco en un desafiante silencio. No hay ganadores ni perdedores, sino un constante desafío, ese ejercicio solitario que nace aparentemente ciego hacia lo desconocido y vuela con las palabras como un pájaro al dejar su nido. La poesía siempre tiene alas. El poeta tiene un mano a mano con la poesía en cada poema. En cada página en blanco, la suerte está echada. Cuando tengas en tus manos un poema, lector, piensa en esta lucha, atmósfera y, a ti te corresponderá asumir tu propia mirada.

Rolando Gabrielli
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