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La última sinfonía de Ana Magdalena Bach, en versión caribe

lunes 29 de abril de 2024
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“En agosto nos vemos”, de Gabriel García Márquez
En agosto nos vemos, de Gabriel García Márquez (Random House, 2024). Disponible en Amazon

Finalmente me encontré con la novela póstuma de Gabriel García Márquez: En agosto nos vemos. La leí casi de un viaje, con una leve interrupción, y me ha resultado una refrescante experiencia de un narrador notable que se desliza como un surfista sin perder el equilibrio hasta la extinción de la ola. Se nota la destreza, el manejo sencillo del idioma por el autor de Cien años de soledad, y las ganas de contar historias hasta que se le apagó la memoria, su máquina de relatar. Un lenguaje fluido que anima a cualquier lector, muestra la maestría de la simpleza del premio Nobel colombiano y desde luego no es El coronel no tiene quien le escriba, El amor en los tiempos del cólera ni su clásico mencionado líneas arriba, que es mejor no mencionarlo y cargarla del debido silencio para las grandes obras.

A pesar de las críticas muy críticas de los estudiosos de su obra, que apuntan a una obra maestra, a un adiós insatisfactorio, hay un libro que refleja el conocimiento de García Márquez sobre las mujeres y cada relato tiene como motor el deseo, donde Ana Magdalena Bach es la protagonista de su propia sinfonía y fantasía, quizás. Gabriel García Márquez, Gabo para sus amigos, Gabito para su eterna musa, Mercedes Barcha, confesó en ocasiones que todo se lo debía en su vida a las mujeres de su familia, su abuela, su madre y su esposa, y señalaba que fue criado entre mujeres. De ahí la importancia de la femme, que le otorga esa acuciosa y profunda mirada con cierta devoción a las mujeres. Este es el acento que se impone en la novela, la pulsión del deseo femenino y la protagonista es una mujer.

En esta nouvelle, novelleta, Gabo reitera su condición de caribe. Mi generación tuvo la suerte de vivir el boom de su literatura en la universidad, disfrutar en los pasillos la complicidad de sus historias, nosotros tan lejos del resto de América y del Caribe, vivir el realismo mágico, con el asombro de la realidad y genialidad del autor. Años más tarde, por esos rumbos que nos suele dar la vida, vería a cierta distancia, en las polvorientas carreteras colombianas, la finca Macondo, que les dio nombre a los pueblos ficticios de las novelas de García Márquez.

Las páginas de En agosto nos vemos tienen delicadas pinceladas poéticas, hallazgos, sutilezas de las palabras.

Las páginas de En agosto nos vemos tienen delicadas pinceladas poéticas, hallazgos, sutilezas de las palabras, esos vuelos migratorios del lenguaje que nos detienen por ese leve instante único. La obra conmueve y entusiasma en la pasión tenaz de una cincuentona que lleva el nombre de la mujer de Juan Sebastián Bach y que comienza en la segunda plenitud de su vida a tocar los instrumentos del genio alemán en su otra existencia en la novela del maestro y director de orquesta colombiano (léase como una metáfora, licencia del autor de este texto).

La señora Bach, en su segunda vida, licencia del escritor, explora el deseo en un ejercicio impecable de la sorpresa, como si lo hubiese heredado de su madre, y efectivamente, las coincidencias son meros recursos, o suelen serlo, de la pasión. Qué buen ejercicio del lado B que puede tener cualquier mujer u hombre, pero en este juego de póker es la mujer la que tiene el As en la mano.

Saliéndome del tema de la novela, y no es necesario, prudente, profesional, contarla, su lectura es muy recomendable para un taller de narrativa donde los jóvenes buscan encontrar la costura del ejercicio literario. Por lo que creo que el hijo ilustre de Aracataca, el hombre de las rosas y mariposas amarillas, el duende eterno de Macondo, nos hace un regalo, a pesar de que el tema puede haberse ampliado.

Personalmente en cada página creía que había encontrado la pista de cómo concluiría, pero no fue así, su final es de una coda iluminante, nos da un último zarpazo de imaginación y creatividad. Cuando comencé a leerla hace unos días, anoté en mi libreta: Liviana como la pluma de (un ganso); liviana como un pez en aguas profundas, liviana como el silencio de la roca. A medida que transcurría la lectura iban surgiendo descripciones poéticas del lugar, ambientando la historia, dándonos una idea para la imaginación del lugar. Son pistas de un artesano, sutilezas de una prosa muy cultivada.

Ana Magdalena Bach, en esta etapa de su vida, al parecer era como el río Magdalena, una corriente de agua continua.

A García Márquez le gustaba cantar, especialmente vallenatos, pero la música en general, los boleros, eran una segunda o primera pasión, y en la novela va dejando trazos, huellas, voces, nombres de cantantes, y son mujeres: Celia Cruz, Elena Burke y también otros clásicos como Los Panchos. La protagonista es una gran lectora, de literatura variada, de Drácula, de Bram Stoker, a Ray Bradbury, pasando por Daniel Defoe. Tampoco falta la música clásica, porque la familia Bach todos eran músicos como en la vida real. Ana Magdalena Bach, en esta etapa de su vida, al parecer era como el río Magdalena, una corriente de agua continua, y le estaba señalando un camino nuevo en su existencia, y ella se embarcaba para recorrer, surcar nuevas aguas. Hasta aquí podría quedar esta nota y no estaría nada mal, pero he detenido también esta lectura, que no aspira a descifrar la interioridad del relato, en algunas frases que son más que una caligrafía: Se concedió un minuto de nostalgia para contemplar las garzas que planeaban inmóviles en el sopor ardiente de la laguna. Por el principio de la novela surgen los cerdos impávidos y hay una serie de otras imágenes que nos recuerdan al notable escritor que sigue siendo García Márquez más allá de su desaparición física.

 

A modo de epílogo

Las palabras del editor, escogido por sus hijos, el que armó este rompecabezas de cinco versiones y una casi definitiva con un OK, Cristóbal Pereda, son conmovedoras y aleccionadoras para el trato entre un escritor y su editor. Hay un tejido que contiene su propio puzle para resolver. También participó su secretaria Mónica Alonso, quien lo asistía pasando las correcciones al texto que Gabo le indicaba. Un libro casi nunca se termina. Con esta nouvelle, que posiblemente la lleven al cine, García Márquez hace mutis por el foro. Sí, sale de la escena como un gran protagonista de la literatura de habla española.

Rolando Gabrielli
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