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El mar vivo de la poesía

miércoles 25 de septiembre de 2024
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El mar vivo de la poesía, por Rolando Gabrielli
La poesía, por su naturaleza, lucha contra las recetas, los manuales de autoayuda, y siempre está absolutamente contaminada de la vida y del espíritu humano, aun en los tiempos más desalentadores.

Escribir poesía es casi un acto de terrorismo silencioso, y como fuente de algún ingreso, un suicidio. Quizás por eso Neruda, en los días del golpe, cuando allanaron su casa en Isla Negra en búsqueda de armas, le dijo al capitán que lo visitó en su cuarto que la poesía era lo único peligroso que había en el lugar. En vano, el capitán, asustado, llevó su mano al arma de servicio.

En el curso de estos tiempos, la poesía está siempre en marea baja, carece de un vigoroso oleaje sostenido, algunos festivales sobreviven al encanto de sus patrocinadores y convocados. La palabra no despega ni ocupa titulares, a pesar de que el mundo es protagonista de su propio caos. El poeta no alcanza para ser siquiera un aguafiestas, convidado de piedra, ni un personaje extravagante, porque de alguna manera la estupidez se ha declarado patrimonio inmaterial de la humanidad.

La gente busca entretenimiento, evasión, diversión, olvido, pasar la hoja, quiere simplemente distraerse del teatro de guerra continuo por el que atraviesa el siglo XXI, casi distraídamente. El ser humano cada día se refugia más en la ficción tecnológica y crea su propia realidad junto a millares de compañeros de juego.

La poesía, por su naturaleza, lucha contra las recetas, los manuales de autoayuda, y siempre está absolutamente contaminada de la vida y del espíritu humano, aun en los tiempos más desalentadores. Ahí ha surgido para alertar a las conciencias críticas de una sociedad indiferente y en naufragio. Nunca olvidar la belleza, aun si la encuentras amarga, como en aquella noche Rimbaud la encontró, porque pasaba una temporada en el infierno. Y en parte el francés tiene razón, porque la belleza pueda que se sienta autosuficiente, pero también no sea más que una trampa del vacío.

La poesía toca los sentidos / sus cuerdas son infinitas / la palabra no deja de hablar, / sobre todo cuando hace silencio.

Algunos se preguntan si los poetas han dejado de soñar o ya los sueños son innecesarios, por imposibles, pasados de moda o están confundidos con la ciencia ficción.

La esclavitud digital, entre la diversión y la amenaza de la inteligencia artificial, mantiene entretenido al hombre del siglo XXI. Anuncian, los inefables oráculos tecnológicos, que perderán millones de puestos de trabajo y surgirán nuevos oficios, casi por arte de magia.

Me pregunto si las máquinas serán los próximos poetas y la palabra amor sobrevivirá a este engranaje artificial y la creatividad humana será un mero adorno, una suerte de cereza del pastel. Cada día los anuncios son más terroríficos, dos países de América del Norte perderán en los próximos años sesenta millones de empleos. Habrá en un futuro un sueldo universal, muchos ya no trabajarán, vendrán nuevas profesiones, el ChatGPT será una especie de oráculo de Delfos al cual se le harán preguntas y él responderá sabia y doctamente. Para qué leer una novela, cultivar la filosofía, pensar y escribir un poema, porque allí estará la respuesta sin un mayor esfuerzo que brinda el acto creativo. ¿Qué mundo nos pintará en un lienzo la inteligencia artificial? Confieso que en la PC de mi oficina tengo el ChatGPT por si me quiere decir algo interesante, y también por cábala.

Qué lejos están los tiempos en que los poetas se preguntaban sobre el valor de escribir poesía, y además responder esa formidable pregunta, que definitivamente la sigue respondiendo cada poeta con su poesía desde hace miles de años, ya sea de manera oral o escrita. Sí, diría, es una vieja costumbre de amar la vida en unas cuantas palabras.

Octavio Paz, el poeta, ensayista, Nobel mexicano, se hizo la pregunta hace 68 años en su magnífico libro El arco y la lira, y basta con leer su advertencia a la primera edición, cuando nos revela que desde que comenzó a escribir poemas se preguntó si de veras valía la pena hacerlo. ¿No sería mejor transformar la vida en poesía que hacer poesía con la vida?, se reinterrogaba Paz en la lucidez del oficio. Hay tantas formas de abordar el oficio como poetas en la historia de la poesía. La poesía está en todas partes, señalaba Nicanor Parra. Muchos no esperaron una definición, porque la palabra ha sido su urgencia. Charles Chaplin fue un poeta del cine mudo, del silencio, la más poderosa de todas las palabras. Mi amigo Jorge Teillier, uno de los grandes poetas de Chile, vivió y murió como poeta. Uno de los casos más excepcionales de la poesía fue el del francés Rimbaud, que arrojó al olvido, al silencio definitivo, a la poesía, después de fundar la poesía moderna con su verso libre e incluir la prosa baudelaireana en la poesía. César Vallejo escribía y le salía espuma mientras pateaba la nostalgia en París, donde vaticinó el día de su muerte. Alguien dijo que escribía, el peruano, en cholo, pero él prefirió revelarnos que nació cuando Dios estaba enfermo. Lezama Lima gira sobre el verso de su poesía, en La Habana, su inefable visión de lo poético. Algunos dirán: qué interesante sería crear un robot reproductor de la poesía de Dante, Borges, Neruda, Bretón, T. S. Eliot, Gelman, Poe, Mistral, Trakl, Eliseo Diego, Pessoa, García Lorca, Belli, Baudelaire, Allen Ginsberg, Gonzalo Rojas, Pizarnik, Pound, Cavafis, Celan, Artaud, De Rokha, Safo, Hahn, Quevedo, Homero, Shakespeare, Cardenal, Apollinaire, Dalton, Rolando Cárdenas, Mayakovski, Blake, Panero, Millán, Huidobro, Zurita, Char, Dylan, Lihn, Whitman, Silva Acevedo y tantos otros compañeros de viaje que abrieron caminos al andar.

Volviendo a Paz en su introducción a El arco y la lira, titulada “Poesía y poema”, de inmediato, no pierde una sola página para definir la poesía. “La poesía es conocimiento, salvación, poesía, abandono. Los poetas que he escogido, parte de mis lecturas personales, están contenidos en esta definición”. Y agrega: “Operación capaz de cambiar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro. Pan de los elegidos; alimento maldito. Aísla; une. Invitación al viaje; regreso a la tierra natal. Inspiración, respiración, ejercicio muscular. Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia: el tedio, la angustia y la desesperación la alimentan. Oración, letanía, epifanía, presencia. Exorcismo, conjuro, magia. Sublimación, compensación, condensación del inconsciente. Expresión histórica de razas, naciones, clases”.

Paz nos dice que el hombre adquiere al fin conciencia de ser algo más que tránsito. ¿A la inteligencia artificial le preocupará este tema existencial? ¿Contribuirá al desarrollo del ser humano o acabará con la especie? Son múltiples las interrogantes en medio de un mundo de medias verdades, fake news, charlatanería a cualquier nivel, de una escandalosa catarsis global social en red.

Lo que sí me parece es que los bots no discutirán ni se pelearán por una simple metáfora, una rima, un verso libre, un pleonasmo, una hipérbole o un oxímoron. Ahí la poesía ni los humanos corren riesgo alguno. Quizás pudiera surgir un bot Guasón y prohíba escribir poesía o dicte algunas reglas especiales para quienes quieran ejercer el oficio. Como nos pintan el mundo de la inteligencia artificial pareciera ser infinito. Por eso hay que estar alerta. Desaparecerán oficios, actividades; las relaciones hombre-trabajo cambiarán. Se viene un mundo desconocido, cuando menos. La poesía ha estado en la lista negra, más de alguna. Quizás surja la palabra encriptada.

 

Qué queda de lo que queda

¿Qué queda de lo que queda?,
el aire para respirar,
la memoria para recordar,
tiempos de espanto para olvidar.
La muerte viene en carroza,
tirada por caballos negros,
bajo las riendas de jinetes invisibles,
sin nombres, sin sol, sin sombra,
son los desaparecidos del 11 del 73.
Estamos a días de la primavera,
veo ascendiendo los desaparecidos
arriba de los cielos de los Andes,
hacen señas para que no los olviden
y honren su memoria por el desierto,
los campos, el mar de Chile,
sin una gota de silencio.

 

El poder

El poder
de la palabra
está en sus magníficos
silencios.

 

La palabra es única

La palabra
es única,
voz vieja
de la Tribu,
se repite
y repite,
muda de piel,
nunca es
la misma,
funda, funda.

 

Quijote

Te he visto,
lo sé,
enjuto, soñador,
loco, loco.
Ah, ya sé,
en algún lugar
de La Mancha.

 

César Vallejo

Me sale espuma,
pero escribo.
La palabra
se fecunda
a sí misma
cuando es verdadera.

 

El Poema

Voy a reunir
todas las palabras
que no he dicho
con las que no diré
y las escritas,
que ya son
El Poema.

 

No soy tu discípula

No soy tu discípula,
ni me lo propongas,
me dice y reafirma,
mi vida no se circunscribe
a las palabras,
ni soy verso libre,
letra muerta, ni rima,
ni consonante.
Punto.

 

Oh, realidad

a lo que has llegado,
a no saber si eres
o no eres,
existes o ya eres
un subproducto
de la ciencia ficción.

 

Palabra

Palabra,
fuiste
ejercicio
imborrable
de mi memoria.

 

La muerte está en todas partes

La muerte está en todas partes, por Rolando Gabrielli

Rolando Gabrielli

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