
Desde hace varios miles de años la poesía viene dando que hablar. Lo curioso es que los temas no han variado mucho, sí los mensajes, formas, estilos, ismos sobre ismos, la manera de ver la vida, pensar el futuro, poner en marcha la memoria personal, provocar los sentidos del lector.
En estos últimos cincuenta y tantos años he estado dando voz a mis palabras, las del Otro, muchas veces en silencio, con intervalos, distintas respiraciones. Es un homenaje a la poderosa voz interna de los amigos, los poetas muertos, que se transforma en un río inagotable, que va al mar que es el vivir. Años difíciles, por nombrarlos de alguna manera, personales, significantes, únicos, irrepetibles, en curso aún.
En este escenario, contexto, ha existido un diálogo inagotable con la Musa, sumamente enriquecedor, productivo, sorprendente y mágico, como debe ser cuando hablamos y escribimos poesía, cuando sólo existe la página en blanco.
No es el volumen ni el número, la poesía no se mide por metros ni se pesa por kilogramos, sino que su valor real es lo que comunican sus palabras, voces, pasión, memoria, observación, lecturas, lecturas, sueños, trabajo y más trabajo. Por esta inefable contaminación de realidades y subjetividades están hechos los poemas.
Un poema es un poema. No hay duda. Las sandalias de la poesía no dejan huellas, sólo abren un camino. Toda prosa debiera tener un visible esqueleto poético.
El poeta, en este tiempo, debe evitar que sus palabras se las lleve el viento de la historia a ningún puerto, que es el olvido, o caigan en esas voces tránsfugas sin destino.
La poesía y el poema no tienen horizonte, están hechos de palabras infinitas, y el poeta no debe dejar de ser un custodio de las palabras de la tribu, y sobre todo de sus propias palabras, únicas y verdaderas.
A pesar de todo lo escrito, no todo está dicho, hay mucho aún por decir en palabras, entre líneas, en el intertexto, con la poderosa e insuperable voz del silencio. Sólo pido poner atención, escuchar, sobre todo leer, leer, y que la palabra paz sea una realidad en el espíritu del hombre y la humanidad en estos desgraciados tiempos.
No más retórica vacua, vacía de contenido, llena de falsas esperanzas, que sólo humillan la dignidad y humanidad del hombre y de la mujer.
La poesía refleja una sociedad, responde al curso de los acontecimientos, traza un camino, habla de la vida, de la muerte, del amor, el hombre y sus circunstancias. Lo que hemos sido, desde un principio, Verbo.
Del epilogar de la musa y sus consejos
Poesía es todo lo que se mueve dentro del corazón. Un poema nunca es ciego ante los ojos de un lector verdadero. El rostro del poema no es lo mismo que su rastro. ¿Se mira y deja una huella? A simple vista, el camino de la poesía está empedrado de ninguna intención. El poema verdadero respira por su propia herida. Un poema que exige una, dos, tres lecturas, es un poema. Es como si fuera una circunferencia abierta al círculo de la lectura. Siempre un nuevo trazo sobre el primero. Nunca un círculo se rehace en una misma mano. Un poema sueña la realidad de su tiempo y futuro. Un poema tiene futuro cuando se olvida de la posteridad.
La poesía es mi ruleta rusa. Mi ruina, arqueología de un futuro ignorado frente al espejo. ¿La imagen se devora el sueño? No lo sé. Es una apuesta que el azar no ignora con sus dados generosos y un trébol que adivina el parpadeo de tus ojos, juega sin saber la fortuna de los números, la combinación de las palabras. Nada sabemos de antemano, es como una cerradura ciega que la misma puerta ignora. El poema habla desde el asombro y comparte una búsqueda, lo nuevo, no dicho, la poesía. El poema comienza a ser poema, cuando escapa del lugar común, aunque parta de él.
La poesía pareciera ser hoy el secreto mejor guardado: nadie o pocos hablan de ella. Ni siquiera los poetas. La poesía no agoniza ni está en retirada, es la sociedad, el mundo, los que se afean a sí mismos, se hacen incomprensibles en su propio lenguaje.
Un poema nace de su propio deseo, es cierto, pero arrastra la naturaleza de toda la poesía leída. La página en blanco es aséptica, igual para todos, aunque tiene una aureola que la hace misteriosa. El blanco no tiene principio ni fin, como el poema que se empieza a gestar en sus primeras palabras, ideas que giran en torno a un círculo que puede cerrarse o no. Debiera ser perfecto. El poema respira en la asfixia. Ancla en el puerto que construye palabra por palabra, pero también es isla. Nace en el misterio de Babel, pero ordena su propio abecedario. Un poema es único. Azar entre millones de estrellas, sólo deja que el polvo cubra tus sentidos, tu propia estrella. Un poema es un poema. No hay duda. Las sandalias de la poesía no dejan huellas, solo abren un camino.
Cuando la palabra acude
Cuando la palabra acude
sin ser convocada,
abre una puerta y deja
que ella sea la voz
de quien escriba,
con su palabra,
el poema.
Viajero de la palabra
El poeta, principalmente,
es un viajero de la palabra,
camina, da pasos por la tierra
que el mar rodea,
su casa es la poesía,
quizás su memoria
sea su mayor patrimonio,
sueña, como sus ancestros,
con otros mundos,
pero no deja de tener
los pies en la tierra.
El retorno de Lezama Lima
Hay un eco,
una voz
en La Habana,
que escucho
y es Lezama,
que no olvida
su puerto.
Ese vicio mayor
El poema,
ese vicio mayor
de la palabra,
está vivo
frente a tus ojos
para ser descifrado
sólo por ti,
amigo lector.
Quien tire la primera piedra
En tiempos volátiles,
burbujas negras
sobre cielos y horizontes.
Bajo tormentas de fuego,
la muerte no encuentra
su tumba y pasea
estandartes por las fosas comunes
y campos de exterminio.
Quién detiene al dios errático
de la guerra, que lance la primera
piedra sobre la faz de la tierra.
Tiempos difíciles
No fue fácil, no ha sido fácil,
algún día cantaremos en las mañanas,
días circulares, perturbadores,
el sol tiende la mano y la locura
trabaja en sus horas extras.
Me gusta repetirme al oído para despertarme
que esto es una pesadilla y pasará,
tiempo agrio, mal momento.
Nos debemos una explicación a nosotros mismos,
al reflexionar en soledad estos días,
mirarnos una y otra vez las manos vacías,
nos preguntamos una vez más
de qué nos sirvió tener tantos pares de zapatos
calcetines para andar sólo con dos pies,
corbatas para un solo cuello,
guantes para no infectarnos,
si dejábamos pasar las palabras,
nos veíamos al espejo y a nadie más
que nosotros mismos, distantes,
alejados de la naturaleza y las cosas simples,
que nadie debiera olvidar jamás.
No me pidas que te repita el sueño,
los he tenido mejores y volveremos a ver
la luz infinita a la salida del túnel,
es una promesa, una nueva oportunidad.
Un cómico, más bien un payaso
Un cómico, más bien
un payaso,
tiene al mundo al borde
del precipicio.
No es Charles Chaplin,
quien nos hacía reír
con su arte y filosofía,
cine mudo lleno de voces
y de esperanza.
Estamos ante la estupidez humana,
un talento en su mejor versión,
sin límites ni fin,
a la espera de no sabemos qué.
Nace la bestia
Nace la bestia de Caín y Judas
Este hombre gris, sin alma, maligno
Tan parecido al pintor de postales austríaco
Ante la historia y el altar del horror
Niega hoy la vida
Yo no fui y esconde la mano
Al mundo, la incertidumbre
Hora ciega
Una humanidad en vilo, a la espera.
Serrat se despide cantando
“No me gusta el mundo en que vivimos,
hostil, contaminado, insolidario”,
donde las pequeñas cosas
las ha comprado el mercado,
se las ha llevado el viento
y ya no pasará el tren, ni habrá boleto
de ida ni de vuelta.
Si alguna vez, caminante,
amaste los mundos ingrávidos,
sutiles y gentiles, se habrán ido
como pompas de jabón.
El poeta, caminante, haz de saber,
sólo deja señales,
porque sólo hace camino al andar.
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