
El agua pasa en ti como un cuchillo
y separa el amor en dos mitades
con un frío de dólares metidos
hasta la empuñadura en tus panales;
yo te digo las penas que yo siento
si otros no ven estas calamidades
piensa que estoy perdido o que bebí
demasiadas botellas en tus bares,
pero estas construcciones, estos lagos,
estas aguas azules de dos mares
no deben ser la espada que divide
a los felices de los miserables,
debiera ser la puerta de esta espuma
la gran unión de dos mundos nupciales:
un pequeño camino construido
para hombres y no para caimanes,
para el amor y no para el dinero,
no para el odio, sino para los panes,
hay que decir que a ti te pertenece
este canal y todos los canales
que se construyan en tu territorio:
éstos son tus sagrados manantiales.
El manantial del mar que te rodea
es tuyo, es una vena de tu sangre
y los vampiros que te la devoran
deben hacer valijas y marcharse
y sólo tu bandera de navío
debe mover al viento de la tarde:
el viento panameño que pregunta
como un chiquillo que perdió a su madre
dónde está la bandera de su patria.
Está esperando, y Panamá lo sabe.
Y lo sabemos los americanos
desde la Patagonia al Río Grande:
una sola bandera en el canal
debe mover su pétalo fragante:
no puede ser bandera de piratas,
sino una rosa más de nuestra sangre
y el puro pabellón de Panamá
presidirá el camino de las naves.Pablo Neruda
A Pablo Neruda, los chilenos de su tiempo le llamábamos el Vate, por el arte de vaticinar que tiene en cierta medida la poesía, al menos en nuestra época, el siglo de la poesía chilena en habla castellana. Escribió el poema “El futuro del canal” poco después del 9 de enero de 1964, fecha de la gesta heroica del pueblo panameño y de sus mártires, que intentaron ondear la bandera panameña en la llamada Zona del Canal, un territorio de 1.432,2 kilómetros cuadrados ocupado por Estados Unidos durante todo el siglo XX.
Neruda siempre apoyó las causas de nuestra América. Su Canto general refleja su vocación americana y este poema sobre la ruta canalera, el emblemático canal, hoy en el tapete de la actualidad mundial, nos muestra la visión futurista del poeta en los años sesenta con ese verso emblemático: una sola bandera en el canal. Verso premonitorio, y he ahí el arte de vaticinar; trece años después Panamá firmaría sendos tratados con Estados Unidos para recuperar el canal y su zona adyacente.
Es un verso que guarda vigencia, ayer una consigna durante las negociaciones, hoy un recuerdo premonitorio que adquiere presencia en un inesperado presente, un simulacro de déjà vu, porque la historia se repite.
“A ti te pertenece / este canal y todos los canales / que se construyan en tu territorio”, vaticina el poeta en los sesenta del siglo pasado y casi por arte de magia se sucede un nuevo canal ampliado. Vuelve la poesía a ver un futuro ya cumplido. Es el viento de la patria, advierte el poeta, quien pregunta dónde está la bandera. El poeta responde: Está esperando, y Panamá lo sabe.
Y lo sabemos los americanos
desde la Patagonia al Río Grande:
una sola bandera en el canal
debe mover su pétalo fragante:
no puede ser bandera de piratas,
sino una rosa más de nuestra sangre
y el puro pabellón de Panamá
presidirá el camino de las naves.
Neruda, como un almirante, vislumbra el puerto adonde ha de llegar Panamá a presidir el camino de las naves que transitan el canal. La poesía es profecía y se cumplen sus palabras.
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