
Qué bella es la belleza,
tan privilegiada en cuerpo y alma
¿Qué sería de nosotros sin ella?
¿Tocaríamos campanas a rebato?
¿Volveríamos a deslumbrarnos al amanecer?
La belleza permanece inmutable,
irradia admiración y sonriente viaja
en su aura inmortal, fecunda, divina.Rolando Gabrielli
¿La belleza de lo inútil?
La poesía y el arte es la belleza de lo inútil, pero lo inútil se lee en el sentido capitalista, si vende o no vende, pura mercancía. La poesía está para despertar lo esencial de la naturaleza humana, es goce puro, es don, y si por ahí además juega un juego de venderse, no es el objetivo principal: el que escribe lo hace porque no puede dejar de hacerlo, ya que eso forma parte de su naturaleza. Hay modos y modos de escribir, puede gustarte o no, pero quien mira el mundo desde allí tiene una mirada poética de los acontecimientos, hasta si se quiere esto implica una mirada materialista. Neruda, cómo esa materialidad la convirtió en sustancia. Creo que la poesía, hija de la palabra y el Verbo, golpea lo más profundo, a veces también rebota (ya que hay gente que tiene su cáscara defensiva o quizás un realismo exacerbado, donde el cielo es cielo y no esa pincelada azul inconmensurable).
Creo que sí es una apuesta que la literatura sea algo que desde pequeño exista en un hogar, un libro, una madre que lee un cuento, una biblioteca pequeña, un espacio para esos otros mundos que acompañan, puesto que en la infancia la fantasía es el elemento creador de esta etapa y amputar los pies en ese momento es un error. También dentro de la ciencia, aunque el positivismo tienda a la ecuación de cierre que explique lo inexplicable, hay un punto de poesía, cuando uno escucha los informes de la Nasa, de los astros, de lo cósmico, y ante semejante misterio nunca resuelto (por suerte) se nos cae un lagrimón, porque entendemos que estamos funcionando en un microcosmos creativo, diseñado desde un arte mayor.
Estas palabras, ideas, pensamientos, me los comentaba hace algunos años una amiga, agudos, claros, actuales. Esa vigencia que se transforma con el tiempo y perdura. Hay una poesía clásica que nunca pasará, retrata, se revive en la condición humana. Continuará, quizás, hasta que los robots nos preparen sus propias lecturas.
¿La poesía no es un objeto de mercado?
La poesía no es un objeto de mercado, una cosa a consumir; aun pudiéndose “consumir”, su origen no viene de la Revolución industrial y la posterior manufactura en serie; al contrario, creo que la poesía se ha saltado de la serie; ha sido, como dice tu amigo poeta Nicanor Parra, una contrapoesía (antipoesía) en el sentido de una contracultura del orden establecido.
La poesía no morirá porque, aunque nos quedemos mudos y nos transformemos en consumidores, con los efectos de ser consumidos, algo siempre vendrá a recordarnos que en principio fue el Verbo.
La poesía es vida, decía Nicanor, también Gonzalo Millán, y eso creo yo. Más aún en estos tiempos, donde lo sorprendente pareciera comportarse como mera rutina. He aquí algunos poemas fuera de concurso.
El tiempo que me ha tocado
El tiempo
que me ha tocado
vivir
vive en mí,
en estas palabras.
Plagio, plagio
Plagio, plagio,
con tal frenesí y descaro
que perpetúo la belleza
y palabra ajena,
usurpada
y con el puño
de mi espada,
sello con tinta y sangre,
la poesía robada.
La palabra que no está escrita
La palabra que no está escrita
se la lleva el eco de la historia,
es como un pez bocabajo,
sin respiración,
puede llegar a ser
una arenga formidable
o una triste agonía.
Vienen del mar las palabras,
igual que el pez,
de esa inmensidad,
pero si mueren en la orilla
será un nacimiento fallido,
como la larva que asoma
sin transformarse
en mariposa y volará libre,
en la belleza de la imaginación
de sus alas.
No hay palabras, lector
No hay palabras, lector,
bien sabes de qué hablo
y qué no digo.
Una mosca revolotea
esta mañana el desayuno,
la ignoro para no pelear
y el zumbido se apodera,
domina la impasible escena.
Bastaría dar un manotazo,
quizás, y nada seguiría igual,
pero es tan falso
como que no vendría otra mosca
a ocupar su lugar.
El mundo está asustado
¿El mundo está asustado?,
aparentemente,
pero la poesía es valiente.
Ignora las palabras banales,
sin sentido, no se rinde
ante los señores de la guerra
ni bandidos de ocasión,
vendedores de perfumes vencidos.
El mundo puede estar tranquilo,
las amenazas son parte
del delirio de grandeza
ante los más pequeños.
El mundo no compra boletos
para irse a otro planeta,
este es su reino,
espacio, hábitat, lugar,
donde nadie debiera ser excluido.
La poesía sabe, nunca ignora
La poesía sabe, nunca ignora
que siempre es su momento,
por más que las circunstancias
sean ciegas voces, fanáticas,
estúpidas palabras,
las que se respiran
en los banales, soberbios,
escenarios del poder.
La palabra no es una baratija
ni moneda de intercambio comercial,
ni presume de ser la única verdad,
ni administrar el paraíso, ni el infierno,
la palabra es para dialogar,
sin cadenas, sólo en libertad.
El sueño del Medio Oriente
La muerte se asombra de la precariedad
de la vida y permite sobrevivir entre las ruinas
y el dolor, la impotencia de las piedras,
por hablar, por hablar.
Alguien que está aprendiendo a vivir,
en medio de la nada viaja en su carreta
tirada por un burro en búsqueda de su hogar,
un lugar donde estar, donde ya no existe nada
y los vecinos bajo tierra murmuran
entre los muros y hierros retorcidos.
Los muertos siguen presentes
en una franja de tierra que respira de milagro.
La muerte vive su ejercicio inmutable,
siente que la vida es un tiempo limitado,
un tiempo de alquiler en una brutal nueva era.
La muerte supervisa su exitoso trabajo
y quiere transformarse en contratista,
jefe de obra, inversionista, inmobiliaria, promotora
de un proyecto faraónico, un balneario del terror
a orillas del mar de la muerte, un espacio
privilegiado para las almas muertas.
Los nuevos ocupantes de una tierra,
quién sabe por y para quién, prometida,
donde circulan felices bañistas,
distraídos veraneantes del porvenir
displicentes frente al mar, negociantes
que hablarán de la prosperidad,
escucharán retumbar el frío eco
de la campanilla eufórica
de la bolsa de valores aclamar el alza de sus acciones
por unanimidad del infalible mercado.
Su mano invisible no revivirá a los muertos,
que en nada contribuyen al milagro económico
que aspiran a construir los vivos mercaderes
del sueño del Medio Oriente.
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