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La poesía es una aventura infinita

domingo 1 de junio de 2025
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La poesía es una aventura infinita, por Rolando Gabrielli
Más espanto al espanto / que el horror y el silencio / comprometen a tantos / y tantos siguen en silencio.

Escribir poesía es una aventura que no me he querido perder en décadas. Un desafío, riesgo que asumo con la misma pasión, voluntad desde que me animé a desafiar la página en blanco con poemas rimados desde mi habitación en la adolescencia. Las palabras seducen con su complicidad irremplazable, el poema seduce y se deja seducir, la musa es quien finalmente decide en un acto de amor y desata con armonía la fuerza irrefrenable del lenguaje. El poema es una conjunción que alcanza una expresión superior a lo que antes había en la página en blanco, a partir de un pensamiento.

El poema es la comunión de los sentidos, la creación de un lenguaje particular, único, inexistente con anterioridad, que asoma a la superficie con una forma y contenido especial. El poema va adquiriendo vida propia en cada una de sus lecturas, cuando va pasando de mano en mano, circulando en el anonimato de los días y el tiempo. Deja un poco de pertenecer a su autor, tiene otras miradas, lecturas, viaja y conmueve al otro que asume su lectura con sus propios sentidos, experiencia, cultura y sensibilidad. La poesía no es un producto cultural estático, las palabras viven la imaginación no sólo de su autor, porque es capaz de emocionar, inquietar, sensibilizar, al más distraído de los lectores.

La poesía debiera proponerse mantener atento a un recién iniciado en el arte de la palabra y alertar sobre la belleza, la libertad, la vida, al más experimentado, sí, curtido de los hombres, que nada esperan del futuro y consideran, quizás, que su destino ha concluido. El poema es una experiencia del lenguaje profundamente transformadora, va más allá de la cotidianidad aunque hable de ella, le da un nuevo sentido a las cosas y se transforma en la voz de la tribu.

El poema puede tener sólo una cara, múltiples rostros, ser espejo de sí mismo, pero ante tus ojos, amigo lector, es único, irrepetible.

La poesía, para fortuna del poeta, es un ejercicio que conoce los misterios inefables de la palabra.

 

Este no es un poema

Este no es un poema,
es una realidad,
está ocurriendo,
lo estamos viendo,
sucede y las palabras
no tienen palabras
para expresar
su indignación.
Aquí al lenguaje
le amputaron
los brazos, las piernas,
lo dejaron mudo,
sin voz.
La muerte ahora
está matando
a los hambrientos,
a los muertos
de hambre.

 

Un lugar sin nombre

Un lugar sin nombre,
por algo estoy aquí,
ahora sé dónde correr,
para encontrarnos.

 

Si no lo imaginas

Si no lo imaginas,
no existe,
el silencio
lo convierte
en estado de ánimo.
Presencial
puede ser el sueño
en la oscuridad.
Lo real
llega a ser real.

 

La flor

La flor
que nadie ve
a la vera
del camino
no tiene más dueño
que su destino.

 

Qué horror el horror

Qué horror el horror
y qué horror el silencio
que produce el horror.
Más espanto al espanto
que el horror y el silencio
comprometen a tantos
y tantos siguen en silencio,
como si el espanto
no fuera suficiente horror.

 

Primeros auxilios

Pasa una ambulancia
con su sirena trinando,
estremeciendo los sentidos
de la ciudad.
Se abre paso
como un gran oso blanco
sobre los témpanos de hielo.
La fragilidad del tiempo
la conocen el chofer
de la ambulancia
y el oso en el gélido invierno.
Alguien respira aún bajo el oxígeno,
el tráfico se paraliza unos segundos
y un corazón anónimo bombea aún
en la ciudad.
El oso blanco se abre paso
como un gran oso blanco
La sirena es la última
en abandonar la ciudad.

 

Un hombre predicaba

Un hombre predicaba en una esquina de la ciudad,
el mundo seguía inmóvil frente al abismo.
El hombre parecía orar en voz alta una letanía ilegible:
sería una irresponsabilidad —decía— sin límites
ser arrojados a este gran manicomio y darnos cuenta
de que no existe un ser superior, repetía, repetía,
hasta quedar sin aliento, sin sentidos.
La tierra cumplía su circunvalación alrededor del sol
en el perfecto orden y ciclo de sus estaciones.

 

Después de todo

Después de todo,
somos el pasado,
un presente transitorio
que sueña el futuro,
convertido invariablemente
en pasado,
un tiempo que el tiempo
acumula invariablemente,
a la sombra de los días.

 

Eres la llama

Sol eres,
llama única,
fuego,
que nunca
se apagará.

 

De viejo

De viejo,
vio morir la muerte,
muy torera, arriesgada,
en el desafiante ruedo
de la vida.
No recibió
ningún aplauso.

 

Teoría del silencio

El silencio es una voz,
señal de lo que imaginas
en secreto y respiras.
Nada más absoluto
que lo que nadie dice.
La mañana se traduce
sin palabras.

 

Del volar

Viéndote,
viéndome gusano,
blando, sin extremidades,
larva invertebrada,
dichosa oruga,
vuélvome mariposa,
libre definitivamente.

 

Se nos fue Floridor

Se nos fue Floridor,
en la primavera de Chile,
profesor de lengua pura,
calígrafo del a b c.
Dejó el sur,
dejó su vida.
Se borró en presente
y la memoria seguirá
contando su historia.

 

Avestruz

Avestruz,
¿este es tu siglo?
Escondes la cabeza,
naturalmente,
y un mar de aves migratorias
cruzan el cielo
que tú ignoras.
La lombriz que buscas,
bajo los espejos de la tierra,
no te deja ver
las serpientes alrededor
que envenenan la sombra
y el sueño de las rosas.
Un hombre cruza la historia
y la noche le devuelve
su oscuridad.

 

Las aves migran

Las aves migran
por su propia supervivencia.
Tienen alas y pueden volar
por todo el cielo
y cruzar países
sin ser detenidas
en aduanas o por muros
que el hombre levanta
para protegerse
de sí mismo.

 

Alguna vez

Alguna vez, creo,
perdí el sentido
escribiendo,
verdadera fiesta de las palabras,
interminables,
vaciaban cántaros sin agua,
secas, rotas, duras
como piedras,
flexibles en el silencio.
Volvían solas a su origen
sólo de repensarlas.
No estaban para acatar normas
ni ser soldados
de ningún ejército,
libres, con o sin razón,
anárquicas.
Ser ellas mismas
siempre fue su consigna,
su verdadera palabra.

 

El silencio

El silencio no otorga,
es la voz que debiera
ser escuchada.

 

La sombra es avara

La sombra es avara,
no persiste,
abandona el cuerpo
en las cenizas
o frente al gusano.

 

En la casa del poeta

En la casa del poeta
sus palabras, simples, únicas,
pero no definitivas,
guardan silencio,
en la página en blanco.

Rolando Gabrielli

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