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Leer poesía es un acto de audacia en estos tiempos

domingo 7 de septiembre de 2025
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Leer poesía es un acto de audacia en estos tiempos, por Rolando Gabrielli
El poema se defiende solo ante la soledad del lector, quien lo reconstruye y analiza literalmente hablando.

Un poema es la construcción de algo nuevo, la voz oculta que asoma a la superficie; son palabras, es cierto, pero únicas, que recrean un universo propio. El poema es una aventura en sí mismo, su construcción sobre la hoja en blanco o el ordenador, y lo que lo hace especial, es el viaje interior de sus palabras hasta alcanzar su forma y contenido final. Existe una suerte de complicidad en la búsqueda del tono, la intención, lo que se quiere decir y cómo va respondiendo en ese ejercicio el poema. Es, en buenas cuentas, una experiencia reveladora, intransferible, que corresponde a ese acto íntimo, personal, tan subjetivo como es la construcción de un poema. Cada poema tiene su propio rostro, la misión del oficio es encontrarlo y traducirlo en palabras. Finalmente, será el lector, anónimo, quien interpretará bajo sus propios parámetros el poema. Ninguna experiencia es igual; parte del encanto de leer un poema es aproximarse a lo que quiso decir el poeta y traducir para sí sus palabras. Toda lectura es un acto personal, es única e intransferible como el poema. El tiempo es el principal crítico, evalúa desde su perspectiva si ese poema sigue vigente porque estuvo cargado de atemporalidad.

El poema se defiende solo ante la soledad del lector, quien lo reconstruye y analiza literalmente hablando. Hay textos que hablan desde una situación, experiencia, acontecimiento, de manera objetiva, clara, como un flash, un relámpago, que no requiere o más bien tiene una interpretación a ojos vista. Eso no es bueno, ni malo, sólo una posibilidad. Hay poesía más compleja, los poetas se han encargado de tocar todos los ismos, desgranar la mazorca de la poesía de múltiples formas para todo tipo de gustos y lectores. La palabra en el buen sentido de la palabra, suele ser esencialmente camaleónica para fortuna de los lectores.

La poesía ha atravesado todos los ismos y permanecido en el tiempo, cualquier época y siglo. El hombre está hecho de palabras, es un lenguaje vivo lleno de significantes. Hoy, como ayer, se expresa frente al horror y el espanto.

Este puñado de poemas es de libre lectura, porque en eso consiste el placer de la poesía, en tocar todos los sentidos del lector, que seguramente tendrá su propia versión. Leer poesía en estos tiempos puede ser la mayor osadía del hombre contemporáneo, un verdadero acto de audacia, un gesto con la humanidad verdaderamente humana. La poesía es un plus en la vida cotidiana; observar las cosas, el mundo que nos rodea, a las personas, de otra manera a la tradicional apática, lineal, manera de ver el mundo. La poesía cuenta con su propio lenguaje, herramientas para interpretar el mundo, su visión es única, muchas veces universal, imperecedera. Por alguna razón, seguimos leyendo a los clásicos de todos los tiempos, su palabra sigue viva en cualquier idioma. Es una suerte para el espíritu humano contar con una visión poética. Es muy cierto, la poesía está en todas partes, es cuestión de sacarla a la superficie y convertirla en nuestro cotidiano mantra.

 

La palabra es libre

Hay quienes escriben
para ser reconocidos y ensalzados,
otros porque la memoria y el mármol
se funden con la historia.
A golpe de cincel se graban las palabras.
Algunos apuestan a la secreta fama
del porvenir.
No faltan los que creen
en una cura milagrosa.
La palabra es libre,
esencialmente, libre.
Debiéramos saberlo.

 

Cuando el viento pasa

Cuando el viento pasa,
como si fuera una señal,
(esa es su huella),
lee este poema,
como si hablaras
conmigo,
desde la profundidad
de las palabras
que aún nos reconocen.
Es cuanto nos queda.

 

Si me preguntaran

Si me preguntaran
y de hecho lo están haciendo,
cuál ha sido mi historia
en estas últimas décadas.
(Pensar en esos términos,
ya me parece un proyecto
demasiado ambicioso
para una persona e insignificante
para la propia Historia.)
Sin duda,
no lo pensaría dos veces,
aun cuando la memoria
es absolutamente arbitraria,
diría y digo:
son mis palabras.

 

Sientes que te espían

Sientes que te espían,
cámaras, drones, vigilancia.
Te pregunto, si sabes que no
eres nadie, por qué te preocupas,
no estás a nivel de objetivo
de alto riesgo o seguridad nacional.
De inmediato tu valor cotización
de mercado, desciende al mínimo
de la indiferencia que no clasifica,
cae en la categoría objetivo no valioso,
descartable, no alcanzas para material
de archivo.
En definitiva no calificas
para un seguimiento de rutina,
puedes caminar como un pendejo,
feliz por las calles, detenerte frente al mar
mirar a tus espaldas como se asfixia la ciudad,
la gente corre desesperada frente a los semáforos,
todos llegan a un mismo lugar a ver las mismas cosas,
volver a endeudarse por la última oferta del mercado
y tú, libre de esas cadenas, sonriente sobre tus pies
lo más seguro, humano, que va quedando en la tierra.
Este es mi regalo de Navidad anticipado,
convertirte en una luz para tanta oscuridad.

 

¿Elegidos para morir?

¿Elegidos para morir?
La muerte pareciera ser un ejercicio inútil,
rutinario, obcecada obsesión del martirio,
la historia repite su historia
y el horror pareciera deslumbrar
a los ciegos ojos del mundo.
Esta es la cumbre más alta de este siglo,
el desprecio humano, la sevicia calculada,
ante un Dios atormentado, quizás por sus errores,
que se mira horrorizado al espejo
de este nuevo calvario, un espectáculo
en frío de la muerte, beneficiaria del horror
y que no pareciera alterar el sueño
de los verdugos de turno.

 

El poema también es la derrota

El poema también es
la derrota,
lo que perdimos,
sin eufemismos,
retórica
o metáfora.
Cuando abrimos la ventana
el sol ya no estaba
y cuánto queda por ver,
no sabemos,
pero es lo que el poema
puede vislumbrar,
indagar,
acaso es la palabra,
que apenas nos pertenece
y debemos resguardar.

 

El mundo

El mundo,
en unas cuantas palabras,
es más que un puñado de sílabas
sueltas tarareadas al azar,
para la ocasión.
No encuentro sentido
a estas palabras,
que no dejan de ser
sólo palabras,
ante el horror.

 

Ser uno mismo

Amar las piedras, sin tropezarse,
seguir un camino, sin perderse,
perder el tiempo, sin saber cómo,
estar en un río, sin olvidar su curso,
ser, siempre ser, uno mismo.

 

Ahí está el poeta

Ahí está el poeta,
hundido en el silencio,
bajo el peso gris
de sus cavilaciones.
Es un trofeo
de la indiferencia
y de las mezquinas palabras,
que le niegan y convierten
en un analfabeto
en el reino mágico
de los algoritmos.

 

Sólo digan que escribió

Sólo digan que escribió una poesía rara,
apenas vislumbrada en el horizonte.
No tuvo otra intención
que dejar unos trazos,
la voz oculta de las palabras
que un buen lector podría desentrañar
como cosa casual, de paso, verbal.
No es nada más la poesía
que una voz que nos quiere hablar.
Después de todo,
uno es el camino que buscamos,
muchas veces sin encontrar.

Rolando Gabrielli

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