“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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José Manuel Lara Bosch y Consuelo García Píriz: juntos más allá de los silencios…

domingo 9 de agosto de 2015
Acostumbrados a mundos de ficciones literarias, impresos, electrónicos y humanos, este matrimonio se aferró a todo lo que sin duda para ellos constituía lo más valioso.
Acostumbrados a mundos de ficciones literarias, impresos, electrónicos y humanos, este matrimonio se aferró a todo lo que sin duda para ellos constituía lo más valioso. J. Humet

Todo el mundo allí. Flores y flores y flores en la sala 2 del Tanatorio de San Gervasio. Para acceder al tanatorio hay cuestas y escaleras. La viuda y el ataúd preservados de la avalancha, de los miles de abrazos. Las cámaras y los periodistas respetuosos en el exterior buscando a los escritores cercanos a Planeta que emocionados lo recordaban. Mientras escribo en el libro de condolencias unas pocas y sentidas palabras, escucho en los murmullos el silencio. Ese silencio ajeno a funerales, llantos y despedidas. El silencio y la paz de los que parten rodeados de respeto, de gratitud y afecto.

Me gustó esta pareja. Lo digo sin reparos. No me extraña que en este trance duro de la muerte los arroparan miles de personas, de toda condición y toda idea.

Junto a José Manuel Lara, Consuelo García Píriz, entregada, discreta, tan compañera y fuerte. Una tarde de estas tardes volveré a escucharlos otra vez en esas viejas —jóvenes— cintas. Porque muchas cosas, por la extensión, se guardaron y se guardarán en los cajones de la memoria hasta que se diluyan con el tiempo.

(Deseo nombrar a una persona, muy fiel y muy profesional, que siempre estuvo y que aún lo sigue estando, al lado y al frente de las cuestiones abrumadoras que surgen en un despacho así. Mi personal simpatía hacia Montserrat Pérez, secretaria de Lara Bosch, profesional e inteligente siempre. Es de justicia mencionarla aquí.)

Se ha marchado un hombre humanamente sabio que apostó por la Cultura y por la Luz, tan presente en el Sur y en lo Mediterráneo. Tan presente en las otras orillas de las tierras amadas de todas las Américas. Tan presente en el mundo tan sólo con las armas de paz y de lectura.

Porque amaba de verdad lo que hacía.

Y lo sabemos.

Esta conversación que rescatamos está realizada en tiempos felices, concretamente en mayo de 1995. La misma se publicaría meses después; en octubre del mismo año cuando por desgracia ya había fallecido Fernando Lara (murió un 18 de agosto en un terrible accidente), por eso mismo en ella no se menciona. Tan sólo escribimos unas líneas entonces, de condolencia para su familia y también como homenaje a él y a su labor mencionando de pasada tan doloroso suceso.

Después vinieron otras desapariciones tristes para la familia. En el año 2003 se marcharon sus padres: el fundador de Planeta, José Manuel Lara Hernández, y pocos meses después la mujer que toda la vida lo acompañó, María Teresa Bosch Carbonell. Como ya sabemos el importante Premio Planeta de novela se falla cada 15 de octubre, festividad de Santa Teresa, onomástica de la esposa del fundador y como homenaje a ella. Y por último, en 2011, a José Manuel Lara Bosch le fue diagnosticado un cáncer que llevó con dignidad y entereza, trabajando hasta el límite de sus fuerzas y apoyado por la fuerza del amor de su mujer, Consuelo, y de toda su familia.

Volviendo al punto donde comenzamos, era la primera vez que el matrimonio formado por José Manuel Lara Bosch y Consuelo García Píriz accedían a ser entrevistados conjuntamente. Este privilegio, sólo a mí concedido, es algo que siempre les agradeceré.

El caso es que me apetecía muchísimo charlar con este matrimonio. Principalmente, por lo que representaba, y representa, la todopoderosa Editorial Planeta, a la que las rotativas de los periódicos calificaban como la más importante del mundo en lengua castellana, pero también por adentrarme en el ser humano fuera de pompas y circunstancias. Así que, con el bagaje de las entrevistas anteriormente publicadas (eso sí, a personajes que merecían mucho la pena y que les mandé en un sobre a nombre de los dos a la editorial), solicité un encuentro para charlar con ellos sin prisas y sin red. Para mi sorpresa, y en un plazo brevísimo de tiempo, ambos me contestaron afirmativamente.

Mujer culta y prudente, Consuelo García Píriz cursó estudios universitarios en la ciudad de Sevilla, donde fijó su residencia alternando los mismos con su labor profesional, hasta que conoció a José Manuel Lara Bosch, con quien se casó en 1973, trasladándose a vivir a Barcelona. Desde ese momento dedicó, y dedica, su vida al cuidado de su familia. Su hermosa y grata “empresa”, como subraya en esta charla.

En cuanto a la trayectoria profesional y personal del recientemente fallecido José Manuel Lara Bosch, es tan extensa que prefiero que cada cual la busque por sí mismo. Personalmente me llevé la convicción de estar ante un hombre de acción y reflexión, profundo conocedor de su tiempo, pero también del pasado reciente y los demás pasados. Alguien de visión amplia y abarcadora que, sin dejar de ser, atiende a lo mínimo de la tierra para que no lo arrebate la vorágine de un imperio de libros y de cifras. De exacerbados egos y sensibilidades susceptibles de ser heridas con una sola nota. De empresas que cotizan y funcionan y con casi 10.000 empleados, a los que mira como lo que son, seres humanos y no números. Un Planeta apasionante, sin duda, de múltiples lecturas, donde ficción y realidad se ensamblan sin deterioros ni grietas que hagan tambalear su estructura compleja.

 

La memoria me acerca a la elegancia del espacio donde me recibieron, el cuadro de Roca Sastre al fondo presidiendo el despacho, de espaldas a Lara, como una prolongación del propio entorno. Cuadros de grandes pintores que una vez finalizada la charla el anfitrión me fue mostrando amablemente. Recuerdo alguno de Tharrats, de Guinovart, y Ponç. Y varias firmas más de importantes pintores contemporáneos que daban idea del buen gusto en cuestiones de arte del matrimonio Lara.

La poderosa luz mediterránea se colaba por todos los rincones, cada cosa ocupaba su lugar bajo una refinada discreción que definía muy bien a los protagonistas. Nada desentonaba en un ambiente de calidez y calidad de vida del matrimonio que me abrió la puerta de su particular Planeta, además de entreabrir otro tipo de interiores, íntimos y complejos, puesto que al final deducimos que las cosas en esta familia y en esta empresa funcionan tan bien y desde siempre porque no se han dormido en los laureles, o entre las palmas.

Acostumbrados a mundos de ficciones literarias, impresos, electrónicos y humanos, este matrimonio se aferró a todo lo que sin duda para ellos constituía lo más valioso: la fuerza de una unión familiar vigorosamente protegida. Las claves y motivos que por lo mismo dura y prevalece y que se intuye durante toda la entrevista. Al contestarme siempre me miraron a los ojos, sin sombra de desconfianza o de recelo, seguros de su incuestionable verdad, ajena a vanidades y oropeles que ambos sabían efímeros. Les interesaba, y así me lo confiesan durante la charla, sobre todas las cosas el ser humano. El ser humano, la cultura y la naturaleza. Y sólo les aflora el orgullo cuando hablan de sus hijos.

Me gustó esta pareja. Lo digo sin reparos. No me extraña que en este trance duro de la muerte los arroparan miles de personas, de toda condición y toda idea.

Lo que nunca lograron los políticos lo logra la Cultura y la alta convicción de lo bien hecho. Y también la bondad, no lo olvidemos.

Para reflexionar, sin duda alguna.

 

La entrevista

Libros

E.C. Es un tanto absurdo preguntarles si aman los libros, pero lo pregunto: ¿aman ustedes los libros?

CONSUELO. Amamos tremendamente los libros, pero no porque nos den de comer, sino porque nos gustan muchísimo.

En casa tanto mi marido como yo devoramos los libros y mis hijos, quizás porque desde pequeños lo han visto, igual. A todos nos encantan. Le contaré una anécdota, cuando mi hija mayor tenía dos años, estaba todo el día con un libro abierto, a veces —sonríe— incluso al revés, como intentando leerlo. Entonces les dábamos libros y ahora ya mayores, todos tienen formada su propia biblioteca y nunca tienen suficiente.

E.C. Les hacía esta pregunta porque precisamente lo que se roza demasiado no suele, a veces, apreciarse en demasía. Por lo tanto, al estar tan inmersos en el mundo literario, pudiera ser que se desvirtuara, o perdiera algo del valor de la palabra.

CONSUELO. Bueno, como dicen algunos, en casa de herrero, cuchillo de palo, ¿no?, pero esta frase yo la aplico a que a veces soy la última que se entera de algún éxito editorial o de que llegue a casa. En nuestra casa cada uno selecciona sus gustos o preferencias y a veces decimos, no me mande esto porque no me interesa: por alguna circunstancia hay cosas que no te interesan. Y así no dejamos que nos agobien.

Mis hijos tienen bastante personalidad en este sentido y entonces seleccionan de acuerdo con su propio criterio.

LARA. Para nosotros el libro no es una profesión; es muchísimo, muchísimo más que una profesión. En nuestra casa se le da una gran importancia al libro y nos pasan cosas verdaderamente chocantes. Mucha gente amiga nuestra cuando quieren hacernos algún obsequio y no saben qué regalarnos, nos regala libros, con lo cual demuestran que saben lo que el libro nos importa; ahí no va el valor económico sino el intrínseco.

Aparte es bastante atípico lo de casa. Por un lado está la biblioteca familiar que es, por decirlo así, la “pública”, luego está el refuerzo del almacén que es el sótano y después están las bibliotecas personales de cada cual. Cada uno en su habitáculo tiene sus libros y a veces resultan que los tenemos repetidos porque se coincide en el gusto y cuando el libro es importante para uno, no quiere tenerlo compartido.

 

Diálogos

E.C. Su padre, don José Manuel Lara, ha creado un imperio prácticamente de la nada. Sus hijos en colaboración con él no sólo lo amplían sino que lo expanden más allá de nuestras fronteras. No es un caso muy frecuente. Deben sentirse orgullosos.

LARA. Más que sentirnos orgullosos de nosotros, nos sentimos orgullosos de haber hecho algo que sigue funcionando, que sigue creciendo y que en esa mentalidad del día a día hacer las cosas cada vez mejor nos va gratificando. El sentir que las cosas funcionan.

E.C. Tienen ustedes cuatro hijos, ¿les atrae también a ellos el mundo editorial o se decantan hacia otros medios, el deporte, la ciencia..?

CONSUELO. Sí, Pablo, Ángela, José Manuel y Marta. Ellos son muy buenos estudiantes. Ya hay dos universitarios, uno está haciendo tercero de derecho, este año está en Grenoble, sacó una beca Erasmus y está allí estudiando. Aunque supongo que en el mundo editorial por su profesión también tiene posibilidades de entrar yo soy partidaria de que si pueden encontrar trabajo fuera, trabajen fuera, porque lo de aquí, aquí está. Pienso… pienso, pero no sé, que si no sirven, naturalmente tendrían que acudir a su padre para algún puesto de trabajo y que si sirven mejor que se busquen su independencia, y en un momento dado y si son buenos profesionales, pues que puedan tener un puesto como cualquier ejecutivo de la calle, y si lo hallan en otro sitio, porque les apetezca más y por sus medios puedan conseguirlo, ¡pues que vayan donde quieran! No están mentalizados para que ocupen especialmente aquí puestos de trabajo.

E.C. Es buena filosofía…

CONSUELO. Sí, están mentalizados en que se lo han de buscar ellos. Y estoy muy orgullosa porque de cuatro hijos nunca he tenido un suspenso.

Hablan cuatro lenguas y tratamos de formarlos lo mejor posible porque hoy día, carrera por carrera no; es curriculum por curriculum y, entonces, lo que pretendemos tanto su padre como yo, es que tengan un buen curriculum y luego ¡a luchar! Como todos.

E.C. ¿Cómo se compaginan las múltiples ocupaciones que los cargos conllevan sin que la unidad familiar se resienta?

LARA. Hombre, realmente lo que no sabes muchas veces es si se resienten algo más de lo que debieran. A veces te queda esta duda. Es evidente que cuando entras en una vorágine de obligaciones profesionales que te obligan a estar muchos días fuera de casa, le estás dedicando bastante menos tiempo del que deberías dedicar, para sentirte plenamente seguro de si lo estás haciendo bien con la familia. En nuestro caso creo que se compagina, porque he tenido la gran suerte de que las carencias que haya podido haber las ha suplido Consuelo con exceso. Consuelo ha dedicado mucho tiempo a sus hijos. Recuerdo una frase que en un momento dado dijo el rey Juan Carlos I cuando hablaba de la reina doña Sofía. Dijo que era una gran profesional y hubo gente que la interpretó con un tono un tanto negativo, yo creo que fue una gran frase del rey. La reina ha demostrado que es una gran profesional y yo lo entiendo en el sentido más positivo. En este caso yo puedo decir casi lo mismo. Consuelo ha demostrado ser una gran profesional de ser madre. Ella se ha dedicado por completo, con absoluta entrega a esta profesión.

CONSUELO. Pero en casa hay bastante diálogo además. Aparte de que se lea muchísimo el diálogo es importante. Yo siempre digo que la gente, y sobre todo los padres con los hijos, han de dialogar.

Si algún aspecto, entre comillas desde luego, “negativo”, recuerdo yo de mis padres, era esa autoridad tan tremenda, al fin y al cabo de la época, no creo que fuera a mí especialmente; pero me ha servido como algo positivo para no hacerlo yo con mis hijos. Ellos tienen siempre voz y voto en casa. Siempre se les da una explicación razonable a cualquier duda o problema planteado. A lo mejor por eso ellos han salido así.

E.C. Realmente han tenido ustedes suerte…

CONSUELO. Más bien creo que yo esta suerte me la he trabajado. Yo he renunciado a todo en mi vida —rotunda—, a todo, renuncié a mi carrera… Yo creo que fue una empresa lo que monté. Una empresa relativamente grande, somos seis de familia, entonces había que dedicarse a ella en cuerpo y alma. La gente dice que hay que realizarse —segura—; yo me siento completamente realizada. Verdaderamente la profesión mía es bastante ingrata, yo me levanto a las seis de la mañana y me acuesto bastante tarde y la sensación que experimento a veces, sobre todo cuando me encuentro algo deprimida, es la sensación de quien tiene las manos vacías, que no puede enseñar nada porque lo normal es que la casa funcione como funciona, eso es lo normal, por lo cual nadie te está felicitando todo el día, que tampoco se pretende, porque es lo normal.

E.C. Opino que en absoluto tiene las manos vacías, Consuelo, que en realidad las tiene muy llenas y que es inteligente por su parte el haberse autoimpuesto esa tarea, nada fácil, por cierto. Lo que ocurre es que las cosas más importantes son, aparentemente, las que menos se aprecian o se valoran.

CONSUELO. Sí eso sí, como decía José Manuel, la familia hay que pelearla. Si yo tuviera una profesión que me satisficiera, si fuera investigadora por ejemplo, o alguna cosa que fuera útil a la sociedad, acaso me lo hubiera planteado de otra forma, pero trabajar fuera tan sólo para aportar algo de dinero jamás, jamás me compensaría.

 

“Más que unirnos las aficiones nos une un estilo de vida. Y entonces, en este tipo de vida, se desgranan muchas cosas”.
“Más que unirnos las aficiones nos une un estilo de vida. Y entonces, en este tipo de vida, se desgranan muchas cosas”. J. Humet

Orígenes y aficiones

E.C. Consuelo, usted nació en Olivenza, Extremadura. ¿Qué recuerda de allí de manera especial?

Consuelo. Toda mi infancia que no la cambio por nada, ni siquiera por la que tienen mis hijos, por otra parte absolutamente feliz. Yo entiendo que la infancia ha de ser siempre un buen recuerdo para cualquiera, pero es que para mí significó muchísimo.

E.C. Sé que la visitan a menudo, ¿qué les atrae a los dos de allí, de Extremadura?

Consuelo. De atraerme me atrae prácticamente todo, pero especialmente el cambio tan bárbaro que existe de una ciudad a otra. Es como otra galaxia. Algo completamente distinto. Al menos una vez al año vamos toda la familia.

LARA. A mí me atrae la gente sobre todo. Es una gente que tiene otro tipo de filosofía de la vida, una filosofía menos presionada, más lúdica.

E.C. Usted nació en Barcelona. Padre andaluz, madre catalana, esposa extremeña, ¿condiciona ese —digámoslo entre comillas— “mestizaje”?

LARA. Hombre, supongo que sí. Realmente yo siempre en Olivenza encontré un poco el retorno a la infancia. Aunque yo nací en Barcelona iba mucho de pequeño al pueblo de mi padre, que es bastante parecido a los pueblos extremeños. Es un pueblo de la sierra al norte de Sevilla que se llama El Pedroso, es tierra también de olivos, de ganado, bastante parecido a lo que es Olivenza. Cuando yo conozco Badajoz, a Cáceres ya lo conocía, redescubro algo que quizás sean los recuerdos más bonitos de mi infancia. A un niño de ciudad de los años cincuenta la recuperación de la vida en el campo, el ver que existen los animales, que no sólo se hallan en los libros sino que en la práctica están, produce un impacto. Y yo, esto, lo recupero un poco al descubrir el pueblo de Consuelo. Los recuerdos y momentos mejores que he pasado en Extremadura siempre están relacionados con el campo y la gente. Con la mentalidad y el tipo de vida del campo allí.

La madre de Consuelo, por ejemplo, cuando vamos a verla, siempre nos obsequia con alguno sobre la historia de Olivenza, o sobre algo concerniente a Extremadura. Ella sabe que los leo y que después le comento y le divierte a ella misma. Sabe que incluso los libros de su pueblo nos interesan. Nos interesan los libros y nos interesan nuestros pueblos y eso lo han visto los niños. La mayor educación a los hijos creo que no se da con lo que se hace ni con lo que se dice sino con lo que ellos ven.

E.C. Y, aparte de los libros, ¿qué aficiones les unen y cuáles les separan?

CONSUELO. En este momento no nos separa ninguna. Hubo un momento en que nos separó el bridge, del cual él se apasionó. Fue solo un momento. Yo, la verdad, no tengo tiempo nada más que de seguir a mis hijos. Me encanta el baloncesto porque con ellos me he tragado todos los partidos de baloncesto del mundo, el balonmano, que todavía sigo acompañando a mi hijo pequeño a cualquier sitio. A veces les digo que si un día hay crisis de algún tipo, me haré taxista, de lo bien que conozco los contornos de ir con ellos a los partidos. Me encanta el mar, nadar; cuando son vacaciones cogemos las bicicletas y nos vamos. Nos encantan los caballos y hasta voy al fútbol, que hasta eso me han contagiado, a veces incluso chillo, ¡fíjese!

Siempre me he sentido muy bien acompañando a los demás, pero aunque le parezca absurdo nunca he tenido tiempo de ir a un gimnasio.

E.C. No lo necesita.

CONSUELO. Sí, sí —sonríe—. Que los años no perdonan.

E.C. Ya me ha confesado su esposa cuáles son sus aficiones. ¿Las suyas, señor Lara?

LARA. Más que unirnos las aficiones nos une un estilo de vida. Y entonces, en este tipo de vida, se desgranan muchas cosas. Nos gusta mucho una vida de relación social con los amigos, por ejemplo; con muy pocas personas, pero muy íntimas. Nos gusta la proximidad del campo, el descanso, la vida íntima en grupos restringidos. Con nuestros hijos y los amigos solemos escapar, huir buscando siempre lo más contrario a la vida habitual que debemos llevar que es la del asfalto. Yo creo que más que las aficiones es un estilo de vida que nos une bastante a todos.

 

Culturas

E.C. Ustedes proceden de una cultura, la mediterránea, que aparte de ser profunda y luminosa subyace en ella, como en casi todas las culturas, una mitificación del Sur. ¿Puede ser esto un tópico o hay algo de verdad en ello?

CONSUELO. Para mí hay algo muy profundo y hay algo de verdad. Yo en Barcelona me encuentro como en mi casa, no me iría de momento con mi familia a vivir al Sur y sin embargo añoro el Sur. Y cada vez más y supongo que en el futuro igual terminamos viviendo en el Sur en vez de aquí.

Pero sé diferenciar las ventajas y los inconvenientes. Cuando llevamos amigos catalanes al Sur se quedan todos que no volverían, por lo que antes comentábamos, la filosofía de la vida, la relación de la gente, cómo se vuelcan. Aquí vamos todo el día con el reloj, no tenemos un segundo para nadie ni, incluso, para los amigos. La gente no se saluda por la calle, yo a veces lo hago y me miran como a un bicho raro… Verdaderamente el Sur marca mucho.

De todas formas, yo no podría vivir sin el sol, ¡imposible!

E.C. ¿Y usted, señor Lara, opina igual?

LARA. Claro, nosotros estamos marcados por la cultura de la luz. Yo creo que la cultura mediterránea se define por la cultura de la luz. Tanto en el ambiente en que vivimos buscamos sitios con mucha luz como este sitio en que nos encontramos —señala con un gesto abarcador el despacho amplio, que efectivamente la posee en gran medida—; la pintura que nos gusta —sigue diciendo— es pintura con luz y en cuanto podemos nos vamos a vivir a sitios donde oscurece más tarde.

Difícilmente nos iríamos a vivir más al norte. Ya no es el frío, ni la bruma; es la falta de luz, la necesitamos como algo vital.

 

Aperturas

E.C. La naturaleza, el arte, los avances de la ciencia, todo lo apasionado y apasionante parece interesarles en su editorial, ¿puede abarcarse todo, es conveniente hacerlo?

LARA. No sé si se puede, pero a veces se debe. Hoy, lo que decías del avance de la ciencia, ya es algo para nosotros fundamental. No sólo el contenido de los libros sino el propio libro en sí. Estamos ante la apertura del mundo electrónico, en el reto del libro en CD-i y en CD-ROM, de las revistas informáticas, y llega un momento en que el libro, que nunca puede ser ajeno a toda la evolución sociocultural del país, se identifica con el país. El libro es un notario de cómo evoluciona la cultura de un pueblo. Se puede conocer perfectamente cómo ha evolucionado el pensamiento de un pueblo a base de los libros que se han publicado aquellos años. Efectivamente la mitad de la historia, de la historiografía que se puede estar investigando hoy mismo se basa en documentos-libros que se publicaron en determinados momentos, pero, claro, hoy, en esta sociedad tan abierta en que estamos, el libro ya no es una manifestación cultural o un notario cultural de lo que es el mundo en su contenido sino al revés, en la forma, y eso te obliga a estar con las antenas muy puestas. Tienes que estar permanentemente intentando adivinar y adelantarte un poco, porque si esperas que la sociedad te explique por dónde va a ir, ya es tarde. Eso te obliga a estar permanentemente inquieto por todas las actividades de investigación y culturales.

E.C. ¿Creen que puede desplazar en un futuro el libro electrónico al libro tradicional o la táctil complicidad de la palabra impresa nunca podrá ser sustituida por ningún ingenio por perfecto que éste sea?

LARA. Yo creo que lo más fundamental va a ser, para completar lo que te dije antes, la interactividad. Va a desplazar el libro electrónico y la electrónica totalmente al papel, en todo aquel libro que sea bueno e importante que sea interactivo. Por ejemplo: el tema educacional. Que no sólo leas, sino que puedas preguntarte y te conteste el libro. O que el libro pueda preguntarte a ti y tú contestarle para examinarte. El interactivo que sea activo por ambos lados, ahí sí que va a desplazar mucho la electrónica al papel: lo que no sea interactivo, que es la corriente-espíritu unívoca, en un solo sentido, pues ahí, difícilmente no creo yo que tenga ningún sentido la electrónica en vez del papel. Yo, francamente, no me imagino a nadie leyendo poesía por un ordenador. Siempre habrá libros editados en papel, otros que compatibilizarán el papel con la electrónica y otros que serán electrónicos. Eso creo que pasará en el futuro y en este futuro hemos de movernos.

CONSUELO. Mis hijos no tienen en absoluto ningún problema con ningún aparato por difícil que éste sea. Acostumbran a decirme que esté al día en estas cuestiones o si no me convertiré en “analfabeta” informática.

E.C. Ellos son la generación del futuro, nuestra generación en cambio pasó, en palabras de Muñoz Molina, “del arado romano al ordenador”.

CONSUELO. Nuestra generación, sí, es evidente.

LARA. Yo estoy un poco a la “page” porque es mi obligación profesional, pero yo tengo ahí una dicotomía que es evidente. Yo en mis horarios laborales estoy manejando informática y hablando de esto todo el día y en mi vida privada huyo de la electrónica, huyo porque yo todavía soy de la civilización del arado.

 

“En literatura me gusta lo positivo. Todo aquello que destruye no me apasiona”.
“En literatura me gusta lo positivo. Todo aquello que destruye no me apasiona”. J. Humet

Autores

E.C. Es probable que no me contesten a esta pregunta pero ¿qué autores figuran entre sus favoritos?

CONSUELO. Pues… quizás no tendría que definirme por ninguno, quizás le conteste un poco a la gallega. Me encantan las biografías y me gusta la novela. Suelo meterme en ellas cuando las leo y si no soy capaz de entrar en ella me da igual quién sea el autor pero por mucho renombre que tenga, y aunque lo tenga en casa, lo siento pero no lo leo. También me encanta la poesía, este género literario me gusta muchísimo.

E.C. Pues no sabe, Consuelo, lo que me alegra de que le guste la poesía. Goza siempre de tan poco amparo…

CONSUELO. En literatura me gusta lo positivo. Todo aquello que destruye no me apasiona.

LARA. A mí, más que autores, me interesa una variedad de temas. Y más la literatura informativa que la creativa. A mí me interesa fundamentalmente la historia. Por ejemplo, yo he leído muchísimo de historia. Como me importa mucho el ser humano…

Evidentemente, cuanto más próxima y más española sea, más aun. A mí me importa mucho la literatura que está reflejando una historia, una realidad social. Me ha entusiasmado mucho siempre el realismo fantástico hispanoamericano. He viajado bastante por Latinoamérica, por mi trabajo conozco muy bien aquellos países y en el terreno de la literatura he leído mucho y me ha encantado. Y he releído.

E.C. Rulfo, por ejemplo…

LARA. Realmente Rulfo es una explicación sociológica tripolar de un país, y es una época también de literatura española, del realismo español que empieza en La familia de Pascual Duarte, de Cela, o en Nada, de Carmen Laforet, que explican realmente el día a día, sigue por Los santos inocentes, de Delibes, y bueno, puede pasar, que de hecho pasa, por cualquiera de estos autores españoles que en los años 50, 60, hicieron su gran producción y que están explicando mucho la realidad social española. En esta línea, mucho más que en la línea puramente literaria, ha sido donde yo he estado siempre.

E.C. Consuelo ha confesado que le encanta la poesía. ¿Por qué Editorial Planeta no tiene ninguna colección de este género literario?

LARA. Pues esto viene de una vieja norma y es que el 80% de los novelistas son poetas.

E.C. ¿Tantos..?

LARA. Bueno, son frustrados o reales poetas. Yo te diría que es casi normal. Lo que pasa es que muchos de ellos no han publicado nunca una poesía, porque entre otras cosas no son tan buenos poetas, por decirlo eufemísticamente, como puedan ser novelistas. Nos encontramos con muchas negativas al principio. Los novelistas de éxito importantes para la casa venían con un libro de poesía bajo el brazo y se les decía, mira, no, y podía haber problemas, entre otras cosas porque publicar poesía es un poco heroico…

 

Expansión

E.C. Su editorial parece constituir un universo en sí misma, constantemente los medios de comunicación resaltan esa labor expansiva dentro y más allá de nuestras fronteras. ¿En qué medida puede contribuir una acertada orquestación publicitaria?

LARA. Hombre, yo creo que realmente es importante, y aquí sale mi parte catalana. Ya los catalanes descubrimos hace años que aquel famoso refrán “el buen paño en el arca se vende” no es verdad. El paño has de enseñarlo, y se ha cambiado por la frase que “quien no exhibe no vende”. Pero realmente, sí, yo diría que nosotros estamos cuidando de explicar muy bien lo que hacemos y de darle todo el eco que se pueda dar. Pero lo que no he creído nunca es que se pueda publicitar lo que no existe.

E.C. Ustedes han firmado un acuerdo con la National Geographic, la editorial más importante del mundo dedicada a la divulgación de la naturaleza. A nivel personal ¿se interesan ambos por la ecología?

CONSUELO. Pues ya sabes que a nivel personal te decíamos que la luz nos importa y la luz de verdad donde está es en la naturaleza. Nuestra vida está bastante en una fuga permanente hacia el campo o el mar.

LARA. Sí, toda civilización apaga luz, la ciudad, donde se vive en ocho niveles, evidentemente reparte la luz entre ocho. El acceso a la luz es muy malo y el acceso a la naturaleza ya no hablemos.

La ecología existe y nos preocupa y es una preocupación permanente y por supuesto, cuando empiezo a ver los productos, los vídeos que ha hecho la National Geographic, quedamos maravillados. Son testimonios espectaculares de lo que es la naturaleza, de lo que son los animales. A nosotros nos produce una gran emoción como consumidores y como profesionales. Realmente lo que han hecho en la divulgación de la naturaleza ha sido algo más allá, porque hoy día la ecología todo el mundo la defiende.

E.C. A finales del 93 adquieren ustedes la Editorial Collier de venta a crédito en los Estados Unidos y hace poco también se han asociado a la Random House para vender libros en castellano en aquel continente. ¿Cómo se consigue una fusión de este calibre? ¿Interesa tanto a un coloso como Estados Unidos nuestra literatura o esta operación va dedicada a la comunidad hispana de aquel país?

LARA. Como todo en esta vida, se consigue queriendo conseguirlo. Primero, llegando a la conclusión de que es fundamental entrar en el mercado americano en lengua inglesa y en lengua española y que no se puede entrar sólo en lengua española, sino que has de entrar en lengua inglesa, para tener una infraestructura. Y después, una vez decides que es fundamental, que es importante estar en un nivel empresarial y profesional, que puedes hablar con cierta igualdad de nivel con los demás, te consideran, te respetan. Y en tercer lugar el presentarles y prepararles un proyecto que tenga muchos cáñamos. Nosotros, coincide que entramos en Estados Unidos con la compra de Collier. Collier es una enciclopedia en lengua inglesa, una de las grandes enciclopedias y una gran infraestructura para poder entrar y tener el equipamiento necesario para el servicio de los demás libros en lengua de España.

Y entramos en un momento en que el mercado y los editores americanos empezaron a tomar conciencia de que el mercado en lengua española no sólo es importante cuantitativamente, sino que también lo es cualitativamente y que ya no es exacto aquello de que los hispanos de Estados Unidos no leen, sino que hay un gran sector que sí lo hace. Coincide así el hambre con las ganas de comer, nosotros entramos y extendemos y preparamos todo un proyecto que ha merecido la credibilidad e interés americanos y han querido abordar conjuntamente con nosotros. Hemos hecho todo un catálogo de salida de 60 títulos para la primera fase de la Random House, donde hay una serie de autores anglosajones traducidos, de autores europeos no hispánicos traducidos, españoles e hispanoamericanos. Hay todo.

E.C. ¿Es un tópico eso de que el americano medio tiene dificultad hasta para encontrarnos en el mapa?

CONSUELO. Pues no, no es un tópico. Es una realidad. A ellos les dicen que está más debajo de Holanda y se quedan tan tranquilos. El americano medio es culto en su cultura y su cultura es distinta a la nuestra, pero van a lo suyo. De acuerdo en que son los primeros en investigación, y en otras muchas cosas, pero frente a ese nivel tan amplio que nosotros tenemos, en eso, no tienen ni idea.

LARA. Lo básico es que es un concepto distinto de cultura. Para el americano la cultura por sí no tiene valor. La cultura para ellos es un medio, no un fin. Para el europeo la cultura es un fin, no un medio, y podemos hablar de todo en profundidad. Nosotros queremos saber algo de música, de pintura, de literatura… Ellos no. Ellos, si son músicos, quieren saber muchísimo de música, si no, no, o si son unos grandes aficionados a la música. Entonces descubres que tienen unas lagunas culturales grandísimas, como decía Consuelo. Yo a veces me divierto, cuando me preguntan de dónde soy les digo que de Andorra y entonces ya no saben ni en qué continente está.

CONSUELO. Como si yo les digo que soy de Olivenza…

E.C. Olivenza, tan fronteriza, marca.

CONSUELO. Como dice la canción, que somos hijas de España y nietas de Portugal. Por cierto mis abuelos hablaron portugués toda la vida. Entre ellos siempre hablaban en portugués.

 

Países

E.C. Ustedes que tanto habrán viajado ¿qué países les gustan más?

LARA. Nosotros, si nos perdemos, que nos busquen en España. Y más si nos perdemos haciendo turismo, somos unos fanáticos del turismo interior. La ruta de las catedrales la hemos hecho varias veces con los críos, y nos gusta mucho ir por Extremadura, que tiene unos paisajes tan increíbles y pueblos y ciudades que es difícil encontrar en ningún lugar del mundo. Nos gusta viajar por toda España en general. Y si excluimos a España, puesto que ahí no somos objetivos, yo te digo que para mí hay dos países, que son Francia y Argentina.

CONSUELO. Lo que ocurre es que llegas a Argentina y cualquier ciudad te parece europea. Incluso culturalmente es una mezcla de Italia, Inglaterra, Francia y España, que es realmente curiosa. A mí me sorprendió, en una de las veces que estuve allí acompañando a José Manuel, que nos invitaran al té de las cinco con el mismo o parecido ritual de si estuviéramos en cualquier ciudad del Reino Unido. Con Argentina se está más cerca de la cultura mediterránea, es un país de mucha luz aunque el paisaje sea completamente distinto.

LARA. Nosotros decimos siempre que si por cualquier razón tuviéramos que dejar Barcelona, que nos busquen en Madrid, si no en Sevilla. O en cualquier ciudad española, aún las más pequeñas, pero en España. Y si no pudiera vivir en mi país, me iría a París o Buenos Aires. Cuanto más lejos estoy de nuestra cultura más incómodo me siento. Yo en esas culturas exóticas no me siento inmerso. En Estados Unidos tampoco porque tienes que ir más o menos por donde todos van, entonces ¡pierdes tanto la individualidad! El individualismo al que somos tan aficionados para el bien y para el mal los latinos, que, claro, es totalmente imposible. Y la cultura que más me horroriza es la de cartón piedra. Es una cultura absolutamente ficticia.

 

“Estamos yendo a un mercado en que cada vez hay más gente interesada en el mundo del libro”.
“Estamos yendo a un mercado en que cada vez hay más gente interesada en el mundo del libro”. J. Humet

Colecciones

E.C. Aparte de otras responsabilidades, usted se ocupa también de los coleccionables. ¿A qué tipo de lector van dirigidos? ¿Por qué cree que de unos años para acá han cobrado tan especial vigencia? ¿Suelen terminarse estas colecciones?

LARA. Pues hay de todo, hay de todo. Me resisto a decir que por un tipo de edición o por otro se decide más un tipo de público u otro. Evidentemente el público más literario no compra coleccionables de libros, compra libros aislados. Pero yo creo que el público que va a un coleccionable es un público de la clase media. De la clase media inquieta, para entendernos, que está en el período de traspaso de la élite y que en ese camino hacia bibliotecas, asesorado y ayudado de todo lo que es de colección, de un libro a una enciclopedia. Estamos yendo a un mercado en que cada vez hay más gente interesada en el mundo del libro. En el mundo de la cultura. Creo que el coleccionable es una gran puerta de entrada y por eso ha tenido el desarrollo que ha tenido.

La gran mayoría evidentemente no la acaba, pero no tanto por el efecto de cansarse. La gran caída o la gran baja de lectores se da en los primeros modelos. La gente ve presentado un proyecto, una idea, y sueña que es su proyecto y lo idealiza y luego ve que desafortunadamente no podemos hacer el fascículo ideal para todos y cada uno, sino que se acerca más o menos a lo que ellos desearían y en función de ese grado de satisfacción la gente se queda o no se queda.

 

“Me cuesta muchísimo entender que haya guerras porque a alguien les interesa que las haya”.
“Me cuesta muchísimo entender que haya guerras porque a alguien les interesa que las haya”. J. Humet

Humanidad

E.C. Qué les hiere y qué les hace felices.

CONSUELO. A mí me hiere la injusticia y sobre todo los problemas sociales. Me encantaría poderlos resolver de alguna manera. A mí me cuesta muchísimo entender que haya guerras porque a alguien les interesa que las haya. La impotencia ante determinados problemas sociales me hiere muchísimo. Me siento feliz cuando los que están a mi alrededor lo son, me gusta ver a la gente contenta, yo soy incapaz de ver a mi alrededor gente que no lo esté, porque si ellos no están contentos yo tampoco estoy a gusto.

LARA. A mí me hiere lo contrario de lo que me hace feliz, que siempre es la comunicación, incomunicación de los seres humanos. El ver que al lado de cada persona existe un mundo y que el mundo no es más que la suma de muchos mundos que son múltiples posibilidades de palabras. Entonces, cuando veo que en cualquier tema, laboral, económico, sentimental, cultural, no está alguien consciente de que hay un mundo entero en la persona que tiene enfrente y lo trata con una relación puramente laboral, mercantil… me duele. Yo veo siempre que detrás de cualquier relación están las personas, porque a mí en realidad lo que más me motiva es siempre el ser humano. Cuando por ejemplo veo a alguien que por algo material es capaz de pasar por encima de otro, eso me hiere.

E.C. Decía Pío Baroja que había dos cosas que odiaba en un ser humano, la estupidez y la crueldad, observo que también van por ese lado…

LARA. Sí, es que normalmente la estupidez suele ir unida a la crueldad. La falta de respeto al ser humano suele ir unida a la estupidez, otra de las cosas que detesto es la soberbia, que también suele ir unida a lo que hablábamos. Y me hace feliz a la inversa: la inteligencia y el respeto al ser humano.

E.C. Y por último, Consuelo, por esa fusión hermosa que encontramos en su Olivenza, y en Extremadura en general, utilizo una palabra portuguesa, saudade. Y le pregunto: ¿ha experimentado alguna vez esa saudade especial que alguna vez suele visitar nuestro interior cuando pensamos en los paisajes de nuestra tierra?

Consuelo. Pues sí, como le decía al principio, tal vez sea porque una madura, pero cada día tengo más nostalgia de mi tierra, cada día. Aquí estoy plenamente adaptada, integrada, no tengo ningún problema, pero a veces me invade interiormente esa saudade por la tierra y la sangre, todo me tira. Sí cada día tengo más saudade.

Efi Cubero
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