“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Poemas de Efi Cubero

domingo 19 de junio de 2016

Efi Cubero

Nota del editor

El cauce sereno que se aprecia en la superficie de los textos de la española Efi Cubero guarda en su interior la pasión de una vida vivida por y para la poesía. Seleccionados por su autora, hoy ofrecemos a los ojos de la Tierra de Letras dos poemas inéditos, seguidos por otros de sus libros Punto de apoyo (De la Luna Libros, 2014) y Condición del extraño (Ediciones de la Isla de Siltolá, 2013).

Idus

Un cielo gris de enmarañado signo.
Escritura de ausencia.
La lluvia es un presente que golpea
al otro extremo siempre de sí misma.
Y estos idus de marzo
clavándome la daga de su frío
en lo inestable de las intemperies.
Los vientos saben lo que tú escribías,
sin concepto ninguno el alfabeto,
cuando todo eran luces sin misterio
desde la clave de los pocos años.
El enigma después, llegó más tarde,
cuando el interrogante sin respuesta
firme sellaba lo que te alentó:
esta forma de ver, sentir y ser,
esa mirada en soledad desnuda
acompañada siempre por los ojos
de los extraños que te precedieron.
Esas voces que fueron y que son
Y viven —sobreviven— con palabras
que a veces se preguntan el porqué
pero no el para qué pues nada esperan.
Sólo ser parte viva y para siempre
de ese destino infiel, de esta extrañeza,
donde adopta otra forma la locura.

 

Equilibrio

(Para Carme Riera)

Ser manantial tan solo,
huir de los espejos,
pues aquél que conoce los exilios
siente que en el principio se halla todo
que todo vuelve siempre a comenzar
ya que todo final es insaciable.
Siempre este espacio de revelación
de un agua especular que apenas sacia
nuestra sed de infinito.
¿Dónde abolir el límite y desdoblar honduras
lo mismo que la estrella que ha muerto y sin embargo
alumbra nuestro insomnio en las noches de cuarzo
dando cuenta del sueño que vivimos
conscientes de que todo nos ignora
ya que formamos parte de lo perecedero,
del frágil equilibrio de la perpetuidad:
de esta elegía?

 

Texto

Texto de la existencia
de larga duración inacabada
que arropas y no aíslas.
El alma se ocupaba de buscarte
una eternidad simple como un juego
y todo era infinito.
Comprométeme a fondo,
que sienta tu saber en mi ignorancia;
que la lámpara ignore que es de noche,
y la ventana acerque la tarta de la luna
para que se alimente la escritura.

(Y vamos a escaparnos del embozo
tú y yo multiplicando las estrellas).

(de Punto de apoyo)

 

Batallas

Cuando uno es niño y libra cien batallas
ni sabe ni imagina que ese juego incruento
no ha tenido en la historia de los hombres
nada que sea apacible.
Cuando uno es niño escribe con los ojos.
Frente a los goterones que empapan las encinas
recoge con las manos su ensimismada luz,
calibra como ahora las sílabas de lluvia
y las deja que caigan lentamente
formando los regueros sobre el tiempo
como en la tierra blanda de los brotes
sobre la paz de algunos nombres idos.

(de Punto de apoyo)

 

Fuente

Estábamos al sol del pensamiento en una tarde clara.
Frente a la mar hablamos de todo en confidencia.
Sólo genero historia, me dijiste, no es esencia, es historia.
Tu drama existencial me conmovía y yo me limitaba a comprender,
sustentar ese duelo, acompañarte —quizá— en el sentimiento.
Desde aquel soliloquio disfrazado de diálogo
la semilla parecía que afloraba, tal vez manifestarse;
la estela precursora del principio empujaba tu mundo
como la espuma ambigua de un trazado de arena.
Sentí esta travesía como propia mientras tú
recostabas palabras en mi hombro.
De pronto aquel silencio repentino que rompiste en voz baja.
El dolor contenido en el deseo:
—Mientras manaba no estuve en la fuente —confesaste—
El vacío de tener que comprar la vida embotellada.

(de Punto de apoyo)

 

Huella

(Para Basilio Sánchez)

¿Dónde pasó el pasado
cuando acaso soñé lo que me dije?
La eternidad fue un trozo de cielo
en las encinas.
Una huella en el agua de los días.
Lo que queda en los ojos después
de los asombros.
Lo que al pasar la página
puede desvanecerse.
Un sobresalto ante lo prefijado:
la comunicación del otro extremo
que prende el fuego sobre la materia.
Tan sólo queda lo incomunicable.
Esta forma de ser de la palabra,
que tan bien conocemos,
cuando regresa al tiempo del silencio.

(de Condición del extraño)

 

Diálogo

(A Jesús Moreno Sanz)

Esta sensación de no ser casi nada, de casi no existir.
La mirada golpea alguna puerta y, de pronto,
de par en par, los ojos se han abierto
y entablamos un diálogo sin palabras audibles.
Es la comunicación más inmediata,
la que no necesita de saludos de trámite
ni excusas de antemano
ni siquiera el adorno del adjetivo justo.
Se ha llenado de verbos el vacío y es metáfora el tiempo,
como un campo de trigo la mirada se agita
en la extensión granada de lo que se comprende.
Hay un discurso claro y sostenido
con la complicidad de los silencios.
Y ahora tú me preguntas qué hago yo por París…
Y simplemente digo: deambular.
Ver gente que eterniza lo efímero y eterno;
determinado encuadre, la focalización de monumentos
mirados en la luz entre la sombra dulce de los castaños
sintiendo la extrañeza de los que un día buscaron
otra forma de ver. Sentir el rastro tránsfugo de esa luz
en el olvido de las manos desnudas del deseo,
entre los bulevares de las correspondencias
o en las turbias ojeras de la noche distante.
El errático busca reflejarse en los otros,
en los que ya no están y en los que ahora,
desde su soportable soledad
guardan la lumbre de los postergados.

Nada más hay que lo que el viento mueve
sobre los párpados del desasosiego.
Los secretos que alberga la ceniza
bajo las piedras del Père Lachaise,
esta visión de la inquietud que vaga por el mismo escenario
asciende la escalera de Montmartre fingiendo ser destino,
o se deja vencer sobre la silla
del café abarrotado en la rue Saint Germain,
por rescatar del fondo de la copa del Flore
ese telón de fondo que susurra entre espejos
que quizá no fue todo como nos lo contaron.
Brindo por los extraños, saboreo
la frutal transparencia de la vida.
Mientras mojo los labios, un vestigio de trampa
fija en los veladores repletos de turistas,
lo irreal de lo cierto.

(de Condición del extraño)

 

Rama

Aérea como la rama,
a veces soy la rama y soy espacio,
y cuando me agazapo en los retornos
que irradian esa luz sin movimiento,
soy esa misma tierra o el sustrato.
La mezcla tan antigua
de otros latidos que me precedieron.

(de Punto de apoyo)

 

Paso

(Para Manuel Pecellín, amigo siempre)

I

Es un pozo ojival y acaudalado que en el muro
recuesta su silencio de roldana y compás.
Alguna vez quizá calmó la sed de un animal
o de algún transeúnte, o de alguna mirada…
De todos y de nadie ahora es mero ornamento
a la intemperie en su brocal sellado.
Agua dormida. En vano intenta reflejarse en ojos
que ni siquiera saben a quién le pertenece.
A su lado, la botánica llama de tronco retorcido
se alza sobre el olor de la lluvia reciente
bajo el desmayo verde de la hierba que empuja.
Es el lugar que habito…
y en el lugar que habito hay niebla a veces.
Una gasa sutil y humedecida que atraviesa mi tiempo
para que yo respire la atmósfera de infancia.
La luz que amarillenta parpadea en las esquinas
es verdad y no es verdad. Nada es lo mismo.
He creído, en la bruma, palpar lo seco de las gamonitas
encendidas al alba entre encinares,
pero es mi pie y su huella, huella y nieve
que desnuda el azar de estar aquí
al abrigo de no sé qué misterio.

 

II

Es la intuición certera del retorno
cuando soñé que estuve,
que aquí tuve mi casa y mi destino.
Ay, tierra de milenios que lates en mi boca,
qué antiquísima eres y qué joven
cuando cada mañana me despiertas
con tu lección de vida inagotable.
La lluvia es un presente que golpea
en la fragilidad de las certezas,
mas tú ya sabes bien que el día
menos pensado reanudaré la marcha
y me iré de puntillas.
Será una nueva forma de huir…
O de escindirse.

 

Extrañeza

Poesía, luz inestable que siempre empuja hacia las intemperies, lenguaje múltiple y diverso que concentra una imagen: la imagen del interior desnudo del creador verdadero. Puente, río, asedio insomne al mundo que reitera el otro lado de las cosas y de las personas. Inteligencia que hiere. Ignorancia sublime que desvela. Opacidad que ignoramos y tememos de nosotros mismos.

Sobria, reflexiva, dotada de magnetismo y síntesis hacia todo lo que debe ser nombrado. Palabra que redescubre los fondos del origen, la simetría de sentir que se pertenece a un pasado, que no es otra cosa que presente, acaso futuro.

Palpamos la autenticidad de algo tangible e intangible, lleno del barro de una realidad cuestionada por ese interrogante que nos sacude. Atrapamos tan sólo el sueño del instante que esa misma realidad nos proporciona. La poesía nos impone el deber de lidiar con lo real —que es otra forma de irrealidad— y registrar su impacto, contestar reactivos a sus inercias o sinergias, a la vez que, aparte del honor de la escasa rentabilidad que tiene nuestro mundo de extrañezas, se nos va la vida en ella.

Y nunca cansa esta desnuda y dura realidad que esconde siempre el espejo desdoblado de cada uno de nosotros… Seres extraños.

Efi Cubero
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