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Poemas de convalecencia y uno que ya no está perdido, de Alberto José Pérez

viernes 4 de junio de 2021
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Mi hermano Gustavo

Fue el más hijo de don alfonso
ninguno de nosotros se le parecía
era lindo verlo cuando atendía sus llamadas
no pude ir con él a guayabal
me dijo que me invitaba para que alimentara
mi gusto por la historia
y disfrutara el viento guariqueño
porque nosotros también somos del Guárico
de Calabozo
en esa ciudad
nació nuestra abuela paterna
doña Remigia Machado Estévez
y Alfonzo Martínez Machado
nuestro amadísimo padre
y uno también es de donde es el padre
yo no pude cumplir
con la bonita invitación de mi hermano
llegué tarde a San Fernando
recuerdo a mi hermano Gustavo a cada rato
platanote le decíamos
y hoy lo recuerdo
después de leer un poema
donde mis amores me dicen adiós
sentado bajo el puente María Nieves
en Puerto Miranda.

 

Privilegios

Siempre quise que mi poesía
Se pareciera a mi sistema solar
Creo que lo he logrado
También creo que tomar café
Con el viejo Tobías Sánchez
y disfrutar las mandarinas y cambures
del patio de Milena Guédez
es un privilegio
como sin duda también lo es
comer el palo a pique que prepara
mi hija Tahís Alfonsina
y haber leído
a temprana edad
“el tango del viudo”
de don Pablo Neruda
la grata bienvenida de Lubio Cardozo
en la vieja facultad de humanidades
de la Universidad de los Andes
cuando andaba con mis poemas
en los bolsillos del pantalón
para que no se contagiaran con el sarampión
que unos que decían que eran poetas
y nunca lo supimos
también es un privilegio
en la legendaria y mítica
ciudad de Mérida
el poeta Jaime Mora sigue soñando
con incendiar
algún día
el mundo
después de cenar
privilegiado me siento saberlo
pero maravilloso privilegio fue ser testigo
del momento cuando Orlando Flores Menessini
Naudy Enrique Lucena
Eddy Rafael Pérez y Gabriel Jiménez Emán
Se montaron en las nubes de la ciudad de Mérida
Para darle vivas al novelista
Hernando Track
el cucuteño más silencioso del mundo
qué lindo recordarte Mérida
con habitantes de mi corazón
este día lluvioso nueve de abril del veinte-veintiuno
a cinco días para que mi hija Joana del Valle
arribe a la gloria de los cuarenta años
y otro de los míos Andrew
llegará pronto a esa edad bonita
edad que Héctor
mi otro hijo
conquistó
sin poder repetir la prueba
ni retirarse
todavía del planeta

 

La calle de mi infancia

Dedico a doña Ángela de Ortiz, mi primera maestra

Recuerdo exactamente
las personas
las casas
los animales
y los accidentes
de la calle de mi infancia
esa calle es lo único que he perdido
mi amado río Apure
se la apropió
pero yo guardo sus tesoros
ya muy antiguos
por ejemplo
la risa de Julia Jaspe y doña María Tavera
asomada a su ventana con mi hermana Lucía
mirando el nacimiento de la noche
y el maestro Infante y su rokola
el maestro Infante cuando sonreía
mostraba una dentadura
de puro oro cochano
todas las noches
a eso de la una de la madrugada
alguien marcaba en su rokola
aquella que dice:
“mil kilómetros he recorrido
buscando el olvido de un cruel sentimiento”
y “pajarillo caraqueño”
era la voz de Rómulo Caicedo
que retumbaba en la barranca del río
y se iba por allá esa voz
quién sabe hasta dónde
ahora de viejo
las escucho en radio Santa Fe de Bogotá
cuando lo hago
camino mi calle
como cuando no era pasado
a veces lloro
pero me perfumo con el aroma
del Samán de Apure
mi pueblo
mi amado pueblo

 

Ruina

He gastado mi fortuna personal
en medio kilo de bistecs
no me quedó ni un centavo
y yo que ufanaba de mis millones
ahora sólo tengo un poco de vida
y los pequeños reptiles de mi patio

 

Más allá de las nubes

Cuando se haya marchado la peste
llamaré a mis amigos
para contarles de un hombre
que en lejanía
se alimenta de la belleza de su tierra
de la palabra encantada
del gran estado Apure
mas allá de las nubes

 

Mis nietas

Leonor fue la primera
que abrió la puerta del planeta
luego Carlota Valentina
juntas comenzaron a recorrer caminos largos
buscando la brisa del río Apure
y el canto de las aves de la sabana
un poco más tarde Olivia
mi otra nieta
contaba sus pasos más allá del mar
nos regalaba su risa
y la luz materna de su voz
son jodidas mis nietas
como Alejandro Magno
conquistar países y reinos
pero sin salir de mi corazón

 

La belleza de la melancolía

El alma del poema
es la belleza de la melancolía y el dolor
estos elementos calzan los pasos
de la mujer y el hombre
por donde pasen
puede ser que a media noche
un beso los derrumbe
o les devuelva la emoción
de seguir mirando el mundo
aunque sea de lejos

Alberto José Pérez
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