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Miradas ajenas
(Una aproximación a la crítica fotográfica)

lunes 12 de septiembre de 2016

“Miradas ajenas (una aproximación a la crítica fotográfica)”, de Wilson Prada1

El ojo se roba la mirada del otro. Un ojo inventa la realidad y la transforma. El ojo —todo ojo— es un constructor de asombros. Pero para eso el ojo debe educarse, hacerse experto en captar ese mundo que lo acosa, lo borra y lo ilumina. El ojo es una arquitectura cambiante. El ojo es una metáfora permanente. Contiene el desplazamiento de la acción sobre lo que mira. El ojo transfiere la imagen, la que lo recorre desde afuera y la que se hace quietud en el papel.

El ojo es transgresor del paisaje porque el paisaje siempre será un adentro que el ojo es capaz de exteriorizar, de hacerlo una crítica de su propio hacer.

Desde esta cercanía, desde el momento de abrir las primeras páginas del libro Miradas ajenas (una aproximación a la crítica fotográfica), publicado por Talleres de Prada Escuela de Fotografía, Maracay/Juangriego, 2016, del profesor Wilson Prada, nos preparamos para que una complejidad le ajuste cuentas al lector, sobre todo si se trata de fotógrafos cuyo ojo es sólo una herramienta decorativa.

Wilson Prada hurga, estudia, esculca teorías con un lenguaje donde caben la academia y formulaciones críticas reveladoras, que posibilitan una lectura inteligente, con juicios que demuestran el estudio tenaz de este hombre dedicado a la pedagogía y a encontrarse con la belleza a través de su cámara.

Es decir, el ojo crea la crítica, origina una realidad y una ficción.

 

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Este trabajo de indagación de Wilson Prada abarca “Una mirada al sistema”, capítulo que analiza el momento histórico y la acción crítica de quienes están inmersos en el mundo de la imagen; la evolución de la crítica y los replanteamientos que se desprenden de esa crítica. Otro capítulo da cuenta de la “Originalidad y otras indefiniciones”, en el que el autor habla acerca de la originalidad: de la nada a lo derivado, así como de la originalidad primaria, ontológica u objetiva. También toca la autenticidad como forma de originalidad, la derivada, la subjetiva o la artística, así como otras teorías que se acercan a este concepto. Cierra este aparte el sismo introducido por la fotografía como factor crítico en el arte de copiar la realidad y convertirla en ficción, en otra realidad, en una meta realidad. No deja de repasar la crítica y la originalidad como soportes del oficio. En el capítulo “El autor y el acto creativo”, Prada encara la responsabilidad de quien toma una cámara y la usa como otro ojo, un ojo que se convierte en herramienta, en constructo, sus implicaciones culturales, la identidad de quien se arriesga a crear y ser parte de la misma crítica como autor. Cierra el libro con “El crítico: identidad y texto”, en el que el fotógrafo, artífice de esta gestión como creador de una hermenéutica, se pasea por la identidad del crítico, por el curador como segunda identidad, por la crítica como género y por la estructura del discurso en la crítica fotográfica.

Si bien se trata de un libro para profesionales, para avezados lectores, es también una tentación puesta frente a los ojos de quienes se inician en este apasionante mundo de la imagen fotográfica, del movimiento fijado en papel o en pantalla. Es un libro consagrado a enseñar. Un libro de escuela y para las escuelas. Un libro académico, pero también un libro callejero en quienes habitan los gestos, las esquinas, el ánima de personajes y de infraestructuras que se reconocen como paisajes.

 

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Miradas ajenas constituye una investigación necesaria en estos tiempos precarios. Un trabajo que se somete al riesgo de muchos lectores/fotógrafos que aún desconocen los códigos actuales o los viejos cánones que hicieron posible la crítica como parte del ejercicio fotográfico.

Es un libro que se somete al escrutinio de quienes siempre andan con una cámara al hombro y con el ojo preparado para robarse las imágenes que lo rodean.

Cito parte del prólogo de Johanna Pérez Daza:

El arte y la investigación comparten la punzante inquietud de problematizar y cuestionar la realidad, de plantear interrogantes, ofrecer alternativas y proponer respuestas. Respuestas que no son asépticas o neutrales, sino que, por el contrario, fijan y argumentan posturas. Tal es el caso del libro que el lector tiene en sus manos. Un texto reflexivo y analítico que de manera abierta toma posición, al tiempo que interpela, sin por ello obviar la rigurosidad y la exigencia que garantizan su calidad, en términos de aportes y apertura para el desarrollo de otros temas.

Por su parte, en la introducción, el autor escribe: “Ante la capacidad de mutación de la fotografía y a esa condición mimética que le permite adosarse a las paredes de la historia, es bastante posible que muchos de los planteamientos que leamos en el texto pierdan vigencia en muy poco tiempo. También es posible que alguna idea permita vislumbrar alguna respuesta a la que la hace mutante al mismo tiempo que nos permita un argumento necesario para alejarnos de una corriente pesimista planteada por autores que exponen la desaparición de la cámara, la muerte de la fotografía, o de su indetenible evolución en el campo del arte”.

Pues bien, queda dicho. Es un libro que se somete al escrutinio de quienes siempre andan con una cámara al hombro y con el ojo preparado para robarse las imágenes que lo rodean, imágenes críticas, sustentadas por la capacidad de mirar y construir un meta discurso.

Alberto Hernández
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