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Poemas del oficio y otros vuelos e Iluminado en la sombra

lunes 3 de abril de 2017

Ricardo Jesús Mejías

1

Silencioso, amable, observador, Ricardo Jesús Mejías es un poeta musical. Su instrumento para hacer sonar el mundo es la palabra ajustada a los versos. Y lo hace con una sonoridad en la que no falta el deseo de que la música abunde en sus imágenes. Sí, en sus imágenes. Pudiera parecer un contrasentido, pero las imágenes de este autor que habita en Maracay y siempre anda con las calles en los ojos, sostienen un ritmo y un tono en el que habita la armonía.

Son poemas cercanos al que escribe, al poeta que anda y desanda en palabras. Mejías escribe una poética desde el asiento de su observación poética.

De su intenso hacer con las palabras me centro en Poemas del oficio y otros vuelos, con el que ganó el premio del I Concurso Nacional de Poesía “Delia Rengifo” en el año 2011. El libro fue publicado por SUReditores y Fondas.

De los poemas diré de su calidad. Del diseño, que está recargado de imágenes visuales que afean y debilitan el intento. Creo que la falta de criterio artístico gráfico maltrata lo que pudo haber sido un tomo para el disfrute visual.

 

2

Voz para la memoria, para el canto del poema, Ricardo Mejías ha hecho del oficio una pasión. Su práctica cotidiana está concentrada en hallar la belleza y compartirla. Es un hombre entregado a esta vocación. Su poesía limpia, libre de ripios, ha sido reconocida en varios certámenes tanto en el país como fuera de él y por los lectores.

Son poemas cercanos al que escribe, al poeta que anda y desanda en palabras. Mejías escribe una poética desde el asiento de su observación poética.

Dice:

El silencio es la música del poeta / y el blanco el color donde navega // El silencio es blanco e ilumina / blanco es el papel sin poesía // ambos deben amarse / bajo el sol y la lluvia / del poeta.

Desde este instante quien elabora estos versos habla de su afán, con la misma intención de Cesare Pavese. El oficio de escribir va parejo con el oficio de vivir. Y se puede vivir en silencio y en poesía, porque la poesía es el silencio que las palabras buscan para revelarse. Y la música también atina a decirse silencio.

El poema elabora el silencio, destaca el autor de este libro, pero también la poética del aire, esa que Bachelard estudia como tesis. Mejías lo hace desde el vuelo. Tiene en las alturas de las montañas el espacio como habitación del espíritu, y de ellas, del cielo que las contiene, abrevia el mensaje.

Por ejemplo:

Si uno fuera una hoja / sin haber estudiado las estaciones / y se dejara caer / sólo con fe ciega en el viento / si uno fuera una hoja / sin haber leído las nervaduras / y se dejara caer / en cualquier tiempo / disfrutaría más el vuelo / del no saber.

En estos primeros versos está el centro de este libro.

En el vuelo de las aves, en el lento viaje del aire y sus pasajeros, en la palabra como parte de esa traslación desde la boca del hablante, en la aparición de un símbolo:

En cada burbuja desprendida del pez / va su palabra / como las nuestras / viajan de lo hondo / hacia el aire // y a veces encuentran islas / como casas / y a veces montan hojas / que las llevan.

Un texto define claramente la intención poética de este autor:

Es mejor escribir // lo que no se ve / lo que no se escucha / lo que no se siente // escribir como ciego / como sordo / como piedra.

Todo el poemario sigue este ritmo, esta música oculta que deviene vuelo y viaje hacia las palabras que habrán de terminar siendo el poema, la razón de ser de Ricardo Jesús Mejías, habitante de un país en el que su voz también es otra en la de quien la lleva consigo en cada respiración.

 

Sé de los andares de Ricardo Jesús Mejías. De su materia para hacer de lo cotidiano intimidad y de ésta un acto de belleza.

3

Iluminado en la sombra, publicado por el Grupo Editorial Negro sobre Blanco en 2014, también tiene muchos defectos de edición. En ocasiones anteriores lo he afirmado: la intención de este grupo debería concentrarse en mejorar sus diseños. El contenido, como en el caso de Ricardo Mejías, no sufre las consecuencias adversas de un arte final mal elaborado, pero se duele de su presentación.

En este libro, Ricardo Mejías insiste en el poema como protagonista del poema en los que la sombra y la luz son sus aliados para ser expresado. Es un trabajo limpio, donde la reflexión sobre el oficio se muestra como un referente del libro anterior. Más madurez en las imágenes. Más dedicación en la observación. Mejías insiste con la calidad antes destacada en estas líneas. Es un poeta dedicado a ser lo que quiere ser, un ciudadano de la poesía, a hacerla desde su presencia como poeta que habita un espacio en el que le hablan con el fin de que exista su poesía, desde el poeta que es y para el poeta que pudiera ser el otro, el que lo lee. Si bien el escritor busca lectores, se siente que en esta insistencia no sólo se desea tener un lector frente a la página, sino también a un potencial poeta. Parte de esa vocación está en estos versos:

Si mi cuerpo fuese transparente / podrían leerme: / estoy contenido de palabras. // Podrían ver el punto exacto / donde enciende la luz. // La oscuridad quedaría descubierta / en el pecho. // Podrían leerme / al subir la vista / en mi paso breve.

Me place escribir esta nota. Sé de los andares de Ricardo Jesús Mejías. De su materia para hacer de lo cotidiano intimidad y de ésta un acto de belleza.

Con estos libros y con los que vendrán se suma un poeta Otro que formará parte de la larga lista de hacedores de imágenes para beneplácito de los lectores.

Pero, insisto, el mismo poeta debe estar pendiente de la edición. De ser posible estar cerca de los diseñadores. Un libro tiene que ser un objeto de lujo, y cuando digo de lujo me refiero al arte, a la belleza que el cuerpo del libro debe mostrar. De lo contrario, el ojo se desvía y pierde la oportunidad de encontrarse con lo que está detrás de una tapa mal diseñada.

Alberto Hernández
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