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Palabras de agosto

lunes 10 de abril de 2017

“Palabras de agosto”, de Juan Carlos Méndez Guédez1

Tres instantes, tres entrevistas, tres personajes, tres escritores: Alfredo Bryce Echenique, José Balza y Jesús Díaz. Tres nacionalidades, el mismo idioma, tres perfiles. Así lo leo en Palabras de agosto, de Juan Carlos Méndez Guédez, en un pequeño volumen publicado por Ediciones Mucuglifo en abril de 1999, en Mérida, Venezuela.

El consejo editorial de esos días de Mucuglifo estaba conformado por Gregory Zambrano y Gonzalo Fragui; a este último Méndez Guédez califica en sus palabras de entrada como “poeta, editor, Virgilio del Valle merideño”. Certeza que se puede constatar en el trabajo que realizó en aquellos años al frente de la mencionada editorial, pero también como poeta. En esta misma nota, que el autor tituló “Si yo escribiera un prólogo”, informó que “dos cursos de verano organizados por la Universidad Complutense en El Escorial en 1996 y 1997 intentaron disipar la idea de que la narrativa latinoamericana había muerto de soledad”. Se refería el escritor larense a esa “precariedad” que dejaron los ya lejanos ecos de los más famosos autores del boom. Pero también expresó que “la crítica literaria, y también el periodismo, actúan por repetición, temerosos de que aparezca algún pequeño pez rojo entre sus páginas”. Lo de pez rojo refiere un cuento corto de Julio Torri, pero no es momento de entrar en ese detalle. Sirva esta afirmación de Juan Carlos Méndez Guédez para recordar el muy imprescindible tratado del profesor Humberto Cuenca, Imagen literaria del periodismo, del cual valdrán la pena algunas líneas en futura crónica.

 

2

En la entrevista con el autor de Un mundo para Julius, en Madrid en 1998, nuestro entrevistador apela a las preguntas y respuestas, con breves apariciones narrativas. Bryce Echenique cuenta su vida como profesor. Se pasea por algunas anécdotas en las que resalta su humor con una sonrisa casi imperceptible mientras Méndez Guédez lo celebra a carcajadas. Habla el novelista de sus obras Reo de nocturnidad, La vida exagerada de Martín Romaña, Tantas veces Pedro, La última Mudanza de Felipe Carrillo y No me esperen en abril, y de su afán por terminar La amigdalitis de Tarzán.

Se trata de un encuentro muy creativo, donde el escritor suramericano también habla de su relación con su país de origen, con su Lima perdida por la ausencia de tantos años en Europa.

—La Lima de este momento es para mí un gran misterio. Yo dejé un lugar de un millón de habitantes y ahora residen diez millones.

Ciudad en la que se consideraba un extranjero, un “suizo” cada vez que la visitaba, y hasta firmaba autógrafos, cuando lo reconocían, a cambio de que lo llevaran a una tienda, porque no sabía dónde estaban ubicadas.

Entró en consideraciones acerca de las características de las novelas del boom, hasta la llegada de Manuel Puig con La traición de Rita Hayworth, con la que se comenzaron a tratar otros temas más personales, más íntimos, a diferencia de los históricos y muy latinoamericanos de los autores consagrados.

También habló de su relación con Juan Rulfo y Mario Vargas Llosa. En una segunda parte volvió a referirse a Perú, los premios, los desencuentros, sus ex mujeres, con quienes siempre ha quedado como amigo. Igual dice esto acerca del humor:

—Entre los latinoamericanos existe un humor cervantino. Es decir, me río de quien se cae y se golpea porque mañana me caeré y me golpearé yo mismo, y entonces seré capaz de reír. Es un humor sin maldad. El otro humor es de origen quevedesco. Es un humor feroz, de burla sangrienta. Consiste en despreciar al otro con tu carcajada. Por supuesto que los poemas de Quevedo escritos de esta forma son geniales pero también son terribles. Yo opto por el humor que utiliza la sonrisa para vincularme con el otro.

Y cerró con la muy imposible aspiración de lanzarse a la presidencia del Perú, en una clara —sospecho— provocación del entrevistador para imaginarse la cara de Vargas Llosa.

 

3

La entrevista con José Balza es más literaria por poseer una estructura más imaginativa en el uso del espacio. Es un relato donde el tiempo va y viene. Es un cuento a expensas del lector que espera un encuentro periodístico. Bien lograda la trama. Sabrosa la anécdota, el atasco en la Caracas de siempre mientras el narrador deltano espera impacientemente la llegada de Méndez Guédez. Es la técnica de la serpiente que se muerde la cola.

El autor de D y Percusión habla del paisaje, de la masculinidad de ese paisaje y de la femineidad del Delta del Orinoco, de donde es oriundo el entrevistado. De la sexualidad que se puede encontrar en el contenido de esos paisajes. Destaca la característica de sus personajes en todas sus historias y toma como modelo personal la novela Largo, “una novela que creo coherente, sólida, audaz. Pero es un libro que la crítica no ha tomado en cuenta. Quizás le llegue su momento o simplemente quede claro que es un texto que no vale la pena. Ya eso se verá”.

En su discurso Balza habla del paisaje rural de Rómulo Gallegos y de la obra urbana de Ernest Hemingway y Carver.

—Quizás lo que ha permitido esta visión del ambiente en mi caso es que yo muestro lo que tú has llamado epifanías, es decir, que la comunicación entre esos ámbitos, y el alma, y el sexo o el sudor de mis personajes está dando siempre la posibilidad de iluminación de algo: puede ser la esperanza, un deseo frustrado, un olvido.

Trata Balza los temas relacionados con la música, la escultura, la pintura como “experiencias estéticas inusitadas”.

—Te diría que la poesía y la música son las artes supremas en el sentido de equilibrio y límites estéticos. Pero yo no me refiero a esos límites, yo me refiero a los límites de la experiencia humana.

Aparece el nombre de Reinaldo Arenas:

—Los apuntes para esta novela (se refiere a Percusión) son del año 75, hasta que comencé a escribirla en el 78 o en el 79. La novela aparece a principios del 82 y al muy poquito tiempo comienza a hablarse del sida. Recuerdo que Reinado Arenas me comentaba: “Oye, pero tú inventaste el sida”. Pero es algo que podía intuirse, podía vislumbrarse una visión mórbida del mal sexual de fin de siglo o de cualquier época.

No dejan de mencionar las novelas Marzo anterior, Setecientas palmeras plantadas en un mismo lugar y Después Caracas, entre otras.

Un encuentro revelador que descubre algunos detalles de la vida creativa de este narrador nacido en las orillas del río Orinoco.

 

4

La última entrevista ocurrió en Mérida durante la Bienal “Mariano Picón Salas” de 1993. Jesús Díaz, el cubano, habló de su novela Las iniciales de la tierra, que publicara Monte Ávila. Igual se refirió a su amarga experiencia con la dictadura castrista.

De ella dijo: “Claro, toma en cuenta que la revolución tiene una concepción de origen judeocristiano, es decir, la revolución es Dios y ante Dios nunca logras ser lo suficientemente bueno”.

Líneas más adelante agrega:

—Se puede decir que frente al proceso revolucionario las personas comunes padecen un acercamiento asintótico, un acercamiento eterno que nunca llega y ese era el drama del protagonista de Las iniciales de la tierra, constatar que aunque participases en la guerrilla, en la zafra, al final siempre ibas a ser culpable de algo.

Díaz cuenta la delicada y difícil situación de los escritores cubanos en la isla. Pero también de sus otras novelas: Las palabras perdidas y La piel y la máscara. De su relación con el cine. De su novela llevada a la pantalla.

Señala dos ideas que podrían iluminar los deseos de los nuevos escritores:

—No me interesa el escritor que se desboca encadenando una anécdota tras otra sin plantearse problemas formales de ningún tipo. Pero tampoco tolero que en una novela un personaje dure quince páginas para tomar una taza de café. Los dos extremos me producen disgusto. (…) Un escritor absolutamente original es absolutamente malo. Sería el hombre de la edad de piedra. La originalidad como objetivo es infantil.

Tres encuentros que aportan ideas para una nueva formulación, para conocer el carácter y la vida de quienes se han dedicado a trabajar las palabras a través de la ficción.

Alberto Hernández
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